martes, 13 de julio de 2010

NOVENO CAPÍTULO




"REGALOS"


-         Este regalo dice…Jacob. – dijo Carlisle que estaba repartiéndolos junto con mamá.

Este fue a aceptar su obsequio. Leí su mente a través del don de Edward.
<<No tiene nombre…a lo mejor es una broma de la rubia psicópata>>.
Abrió el paquete marrón que tenía entre sus dedos y todos estallamos en carcajadas.
-         ¡Un collar antipulgas con brillantes! ¡Qué detalle rubia! – le espetó con amarga sorna.

No hacían falta tarjetas; el remitente era más que obvio.
·        Adentro tiene la medallita con tu nombre y un teléfono por si te extravías, Fido. – mi hermana se carcajeó a mandíbula batiente.

Unos cuantos la seguimos.
-         Bueno ya basta. – Esme llamó a la calma. – Este es para ti. – le dijo a mi papá entregándole un paquete de color azul.
-         Jumm. – musitó. – Veamos de quién es. – leyó la tarjeta y me vió. – Es tuyo.
-         No. En realidad es tuyo; solo que yo te lo di. – puso los ojos en blanco y ambos reímos.

Le obsequié una credencial de cliente VIP en la boutique de Ralph Lauren. Una orden de compra de toda la colección de trajes sastre de la temporada otoño – invierno. Y por último un portarretratos hecho en  oro blanco con incrustaciones de cristal de swarowsky azul; en el que había una foto de él con mamá y conmigo.
Volteó a verme con los ojos brillantes.
-         Los primeros regalos fueron excelentes. Pero este… - levantó el portarretratos – no tiene comparación. Es perfecto, hija. Gracias.

Cruzó la sala.
-         ¡El próximo! – gritó Emmett.
-         Este es…para…Charlie. Bella recíbelo por él. – le pidió mamá.

Em puso cara de decepción. Era tan divertido verlo así; parecía un niño pequeño que se enfuña.
Ella se adelantó y tomó una gran caja entre sus manos. Edward corrió a sostenerla. Era demasiado caballeroso como para dejar que su esposa cargara un paquete así. Aunque ella fuese poseedora de una fuerza sobrehumana.
-         Gracias, Esme. Y a ti también, Carlisle.

Ambos asintieron.
-         Seguimos. – añadió papá. – Este regalo es de…Bella.

Ella se aproximó y tomó el presente. Rompió el papel y se encontró con una caja de terciopelo de color vinotinto. Vió primero la tarjeta, luego a mí. Abrió la especie de  cofre  y una sonrisa de asombro de dibujó en su rostro.
-         Es una de las primeras impresiones de “Cumbres Borrascosas”. ¿Cómo la conseguiste? – preguntó anonadada.
-         En una librería inglesa on line. – dije sin darle importancia.
-         Muchas gracias. Es un lindo gesto de tu parte, Ellen.
-         No hay de qué. Espero que disfrutes de tu pieza de coleccionista.
-         Claro que si. Lo trataré con sumo cuidado.

El intercambio de regalos siguió por un largo rato.
Esme casi llora cuando vió lo que le entregué en el paquete dorado. Un juego de zarcillos, gargantilla y brazalete; todo con detalles de lágrimas de diamantes. Una credencial de cliente VIP en la tienda de Carolina Herrera más una orden de compra de sus vestidos de la temporada de verano. Y como a Carlisle, le obsequié una foto de papá con ella y conmigo, pero esta vez en manera de cuadro.
Me abrazó con fuerza, besó mi mejilla y me dio las gracias no sé cuantas veces.
Edward, Bells y Reneesme me obsequiaron una colección de libros, que hablaban acerca de los sitios turísticos de toda Europa. Me fascinaron.
Por mi parte; le obsequié a Ed un tocadiscos antiquísimo para su colección de artefactos musicales. Por cierto; la corneta de este estaba bañada en oro de 24 kilates.
Agradecía enormemente que papá me hubiese dado una tarjeta de crédito; la cual era negra; y una cuenta de la cual no sabía ni siquiera la cantidad existente.

Regresando a esa noche…

A mi bella sobrina le obsequié un iPad. Con el cual quedó encantaradísima; tal como a su madre; le encantaba leer.
A Rosalie y Alice les di un juego de joyas respectivamente.  Sin embargo el de la primera; consistía en una gargantilla y uno zarcillos de esmeraldas con diamantes blancos. Y el de la segunda; en un collar y un brazalete, ambos con una mezcla de diamantes blancos y canarios. Ambos era de Neil Lane.

El regalo de mis padres para Jasper fue….¡Genial! si es que eso o resume…

-         Sé que te encanta tu motocicleta, hijo… - comenzó Carlisle – pero no puedes ir en ella a ciertos lugares. Por eso Esme y yo pensamos en darte esto…- sacó del bolsillo de su saco un juego de llaves de la cual pendía un escudo plateado con detalles en dorado y un toro en negro.

Jasper abrió los ojos como platos al ver el objeto.
-         ¿Un Lamborghini? ¿Están locos? ¡Wow, muchas gracias! – les dijo a ambos. – No debieron molestarse.
-         No seas tonto. Claro que no es una molestia regalarte algo. Esperamos que lo disfrutes. – dijo Esme.

La fiesta siguió su curso entre regalo para uno y para el otro. Eran tantos que Alice y yo nos decidimos a ayudar a repartir.
-         Jazz. Esto es para ti. – le dije sosteniendo una bolsa dorada en las manos. – es de mi parte. – me sonrió con dulzura y tomó el paquete. – Ningún motociclista que se respete debe andar sin una. – me adelanté antes de que sacara el presente.
-         Está hermosa, Ellen. Gracias. – dijo sentidamente al ver la chaqueta de cuero negro. - ¡Y es de Orange County Chopper! Me encanta ese programa.

Le devolví la sonrisa.
-         de nada. Adentro tienes un vale para que lo cambies por mercancía en su tienda virtual. Por cierto las gorras son un sueño. – le comenté.

Lo que hizo Jasper a continuación me sorprendió tanto; que de haber sido humana de seguro me muero del shock. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla.
Aún consternada me reí.
-         ¡Ja! Esto no me lo esperaba. – susurré.
-         Si. No soy el más demostrativo…Pero estoy muy agradecido contigo, y no solo es por esto. – dijo levantando en vilo la chaqueta.

Puse los ojos en blanco.
-         No me debes nada. – lo pensé mejor y le dije -  O…mejor si. ¿Me darías un paseo en tu moto?
-         Claro que si, Ell. Solo dime cuando. ¿Mañana? – preguntó.
-         Si. Mañana es perfecto.

Seguí en lo mío y dejé a dos “personas” para el final.

-         leah. Esto es para ti. – dije ofreciéndole una pequeña caja negra.

Asombrada tomó el regalo y lo abrió.

-         ¿Diamantes, Ellen?. No puedo aceptarlo. – negó con la cabeza
-         ¿Por qué?
-         Porque yo no tengo algo que darte a cambio. – dijo avergonzada.
-         No te estoy vendiendo nada como para que me traigas algo. Tomaré tu negativa como un gesto de mala educación. – le dije envolví en mis palabras.
-         Esta bien. – miró de nuevo el collar y los aretes. – Son bellísimos. Nunca me habían regalado diamantes. Muchas gracias.
-         Siempre a tu orden. Ah por cierto, recuerda que mañana debes pasar por aquí aten de irte con Andrew. – le comenté.
-         No se me había olvidado, créeme. – su sonrisa era temblorosa. Estaba nerviosa por su cita, se le notaba por encima.
-         No lo creí posible, pero aún así lo acoté.

Ambas nos carcajeamos.

Dejé a Leah y seguí en mi labor de repartidora navideña.

-         ¡Ajá! Solo me faltaba tú. – dije saltando a la espalda de emmett. Cosa que era inapropiada ya que andaba en vestido, pero no me importó mucho. Nuestra relación era así; sin protocolos.

Se rió debajo de mí.

-         ¿Qué quieres, monstruo? – dijo divertido.

Me bajé de su espalda.

-         Darte tu regalo. – dije con autosuficiencia.
-         Ahh ¿Tienes algo para mí? – dijo con sorna.

Como lo dejé de último de seguro pensaba que me había olvidado de él.

-         Si. Te tengo un detallito. – me volteé hacia Embry y Quil - ¿Les importa que me lo robe un momento?
-         No tranquila, Ell. De todas formas creo que se me antoja un bocadillo. – dijo quil levantándose del mueble en donde estaban sentados él y su amigo.

<<¡Diablos! ¿En dónde le cabe tanta comida?>> me pregunté.

-         Te acompaño. – le comentó Embry.

Emmett y yo nos fuimos en busca de su regalo. Lo tenía guardado en mi habitación.

-         ¿Por qué no o bajaste como a los demás? – preguntó curioso al entrar en mi cuarto.

Reí con descarada malicia. Hábito aprendido de él.

-         Porque quería que te carcomiera la ansiedad y por lo visto; lo logré. – dije satisfecha.

Me carcajeé y él se unió a mí.

Fuiste al closet y saqué tres paquetes de color rojo. Uno grande y dos pequeños.

-         ¿Tres? Wow…- dijo al recibirlos.
-         ¡Abre el más fino primero! – le sugerí con euforia.

Me hizo caso.

-         ¡Un abonado VIP para toda la temporada de los Yankees!. – bramó - ¡Ahh gracias! – se puso serio de pronto cual bipolar - ¿Y el tuyo?

Sonreí y le señalé la gaveta de la mesita de noche con la mano izquierda.

-         Guardado.
-         ¡Genial! – dijo y abrió el paquete más grande – Oh, ell. Está preciosa. – dijo asombrado al ver la chaqueta negra de cuero de Ives Saint Laurent.
-         Pruébatela. No vaya a ser que te quede pequeña. – acoté.

Se la puso y le quedó como pintada.

-         ¿La sientes bien? – le pregunté.
-         Si, está perfecta. – dijo complacido.

Solo faltaba el más pequeño.

Lo abrió y en un parpadeo el llavero de oro de veinticuatro quilates quedó guindando en su dedo índice, ante la mirada de ambos.

Bajó la mano sin decir nada; hasta su mirada era inescrutable. Tragué grueso.

-         ¿No te gustó? – estaba entre preocupada y triste.
-         Sé que llevas poco tiempo en la casa, pero creí que en este tiempo que llevamos juntos me conocías mejor. – su tono era serio y perentorio. Cosa rara en él. – Con los otros regalos que son geniales pero menos importantes que este… - dijo levantando de nuevo su mano con el llavero. – te mostraste segura. ¿Cómo me vas a preguntar si no me gustó? Todo lo que venga de ti me gusta; pequeña. Especialmente estos detalles que tienes conmigo. Te lo he dicho; pero parece que te gusta oírlo a menudo; eres mi hermana consentida. – me miró con ternura y me abrazó. Primero con cariño y luego con demasiada fuerza.

-         ¡Suél…tame! – le dije con dificultad.

Se carcajeó.

-         ¡Idiota! – le espeté entre risas. – Me pudiste haber roto el vestido.

Subió y bajó los hombros con desinterés.

-         Pues te cambias y ya.
-         Si, claro. Como me gusta taaanto…-  alargué la última palabra mostrando mi tedio. – cambiarme de ropa.
-         Ya basta de dramones. Yo también te tengo una sorpresa. – dijo él emocionado.
-         ¿Si? ¿Qué es? – pregunté ansiosa.
-         Bajemos para que lo veas.

Asentí y salimos disparados los dos del cuarto. Yo le pisaba los talones. Debo confesar que me sorprendí un poco cuando pasamos de largo por la casa y nos dirigimos al garaje.

Abrió el portón eléctrico y se acercó a mi Mustang.

Lo ví con recelo.

-         ¿Qué tramas?
-         Que veas tu sorpresa. – dijo con naturalidad. - ¡Pareces una gata arisca!

Soltó unas risotadas fuetes.

-         Es que de ti nunca se sabe lo que se viene. Además no me digas así. No soy una gata.

Blanqueó los ojos y me lanzó mis llaves.

-         Toma. Anda a ver tu regalo. – dijo exasperado.

Le hice caso y entré en el auto.

Advertí un enorme equipo de sonido que reemplazaba el modesto estéreo que poseía mi auto.

-         ¡Emmett! – dije asombrada. – Te pasaste.

Sonrió.

-         Mira en la cajuela. – me sugirió.

Fui hasta donde me indicó y la abrí. Cinco sub woofers abarcaban gran parte del espacio de mi maletero.

-         Oh por Dios. – volteé a mirarlo en lo que la sorpresa me lo permitió. - ¡Estás demente! Esto es como para hacer un ruido ilegal en el estado. -  dije entre risas.

Em se carcajeó.

-         Si, lo sé. En realidad este regalo es de parte de Rosalie y yo. Ella misma lo instaló.
-         Ah. Gracias…a ambos. Está genial. – dije complacida.

De pronto introdujo su mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una cajita azul.

-         Y este es solo de mi parte. – tenía una sonrisa  entre tierna y traviesa que le hacía semejarse a un niño; por los hoyuelos que se le marcaban en las mejillas.

Me acerqué para tomar la cajita entre mis manos.

La abrí y una cadena de platino sostenía un dije del mismo material. Este último tenía la forma de una P mayúscula; y ella estaba llena de pequeños diamantes

-         Emmett…
-         La p es por pequeña. Pensé que la E sería demasiado común y predecible. Y la palabra completa sería algo cursi. – me interrumpió para explicarse.

Corrí para abrazarlo por la cintura.

-         Gracias, Em. No me la quitaré nunca. Es más…- dije separándome un poco. – colócamela de una vez; por favor.

En un segundo la cadena adornaba mi cuello.´

-         Jumm. La gargantilla no luce bien con esto. – me la quité con un rápido movimiento – Perfecto. Volvamos a la casa, ya nos deben extrañar.

Él asintió y regresamos a la fiesta.


Nos topamos con Carlisle, Esme y Alice en la sala.

-         ¡Qué novedad! Ellen y Emmett juntos. – dijo Al en tono bromista. – La tierra tiempla cada vez que estos dos se juntan.
-         Por eso es que últimamente ha temblado tanto, hermanita. – le dijo el señalado con descaro.

Todos nos reímos.

-         ¿Has disfrutado de la noche, hija? – preguntó mamá.
-         Si. Me encanta como se llevan todos. El ambiente es cálido. No sé como describirlo…es como si todo tuviese un aura diferente al resto del año. Es como si se estrecharan más los lazos con los amigos. – comenté con sinceridad.
-         Hablando de amigos; he notado que has hecho muy buena amistad con Leah. – dijo papá – Es muy noble que te hayas preocupado por ella, ya que no suele estar siempre alejada de nosotros.
-         Si. A pesar de que hemos logrado una buena relación con los chicos; ella ha estado renuente a ceder. – señaló Alice sin ningún tipo de recriminación.
-         Es algo…tímida. Le cuesta confiar en la gente. Pero no es mala persona; en serio. – les aseguré.
-         Lo sabemos, cielo. – dio mamá – Es solo que nos llama la atención la manera en que te llevas con ella.
-         Nos llama la atención… – repitió papá – y nos orgullece.
-         ¡Por favor! – dije colocando los ojos en blanco – Ni que hubiese hecho algo fuera de lo común. Solo hice una amiga. Son un poco exagerados.
-         Ser amiga de ella es fuera de lo común. “Toda ella” es fuera de lo usual. O ¿acaso ves mujeres lobas a cada rato? – dijo Emmett con naturalidad.

Entrecerré los ojos y le di un golpe en el hombro que lo hizo hacer una mueca de dolor.

-         ¡No seas imprudente! Ellos tienen muy buen oído. Además; creo que los vampiros tampoco somos lo más común de este mundo ¿cierto? – le dije con acidez.

Se rió sin vergüenza alguna. Algo común en su forma de ser.

-         ¡Tienes problemas de control de ira, neófita! – me dijo y se carcajeó de nuevo. Volteó hacia Carlisle y le dijo – Deberías llevarla a terapia. Se puede tornar peligrosa.

Todos reímos otra vez.

-         Ella aprendió del maestro. Por eso digo que eres un mal ejemplo. – Carlisle se veía divertido con la situación.
-         Emmett ¿por qué no vas a ver deportes con Quil y Embry? – le espeté.
-         Buena idea, Ell . Estaba pensando en lo mismo. -  dijo Alice.

Nos miró a ambas con desdén.

-         Si, prefiero una carga de testosterona lobuna a los dramas vampíricos femeninos. – y se fue.
-         Él no va a cambiar. – Al suspiró con resignación. Seguía viendo en dirección a mi fuerte hermano.
-         Eso es algo que nos consta desde hace tiempo atrás. Hija. Es una utopía el creer que él puede cambiar. – dijo Esme divertida.

La reunión siguió su curso. Los chicos comiendo y bebiendo. Entretanto nosotros conversábamos con alguien diferente cada cierto tiempo.

De pronto sonó la puerta.

En ese momento me encontraba con Bella, Jacob y Seth. Edward jugaba a las carreras con Reneesme; debían estar a unos dieciocho kilómetros aproximadamente.

Solo yo podía leer su mente, más él no la mía. No tenía tanto alcance su don.

Escuché que Carlisle fue a abrir la puerta, y como aún estaba en sintonía con las habilidades de Ed, pude ver lo mismo que papá.

No conocía a ninguno de los vampiros de ojos topacio que atestaban la entrada.

El aparente líder era alto, de piel pálida con un leve matiz oliváceo y cabello negro. La que yo suponía su pareja compartía su fisonomía; además de otra vampira que iba emparejada con un rubio de aspecto desgarbado y alto, pero sin musculatura. Usaba su cabello recogido en una media coleta. Los dos últimos eran también rubios pero los rizos de la hembra de un tono fresa. El otro era de facciones refinadas, ojos almendrados y unos labios llenos.

En resumidas cuentas todos era guapos. Pero sabía también que esto era algo propio de nuestra naturaleza. Así que no me sorprendía demasiado.

Y debo admitir que lo peor de mi especie salió a flote cuando ví a la última vampiresa. Sabía que era injusto juzgarla antes de conocerla. Pero no podía engañar a mis instintos. Ella tenía algo que no me gustaba.

-         ¡Eleazar! Qué gusto verte. – dijo papá muy emocionado.
-         ¡Carlisle, hermano mío! – respondió mientras lo abrazaba - , el gusto es mío. – añadió el recién llegado de la misma forma que mi padre le había hablado.
-         ¿Eleazar? – dijo Bella confundida - ¡Que raro!

Se levantó y yo la seguí. Ambas nos dirigimos a la puerta.

Seis pares de ojos curiosos se posaron en mí.

-         Debo pedir disculpas por no haberte avisado antes de venir. Entendemos si resultamos inoportunos.  – el vampiro hablaba pero sin apartarme de su vista.

Me sentí incómoda. Sus miradas fijas me resultaban de lo más descorteses.

-         Para nada. Sabes bien que los consideramos parte de la familia. Pasen por favor.

Papá se ladeó en el marco de la entrada para darles paso.

-         Carmen. Que placer volver a verte. – dijo mi padre.
-         Hola, Carlisle. El sentimiento es mutuo. – exclamó la acompañante de Eleazar.

Entraron todos. Y ninguno disimuló su inquisitiva mirada. ¡Qué incomodidad! Hacía un buen tiempo ya desde que me había sentido un bicho raro.

-         Hola, Bella. Encantado de verte. Disculpa por no saludarte antes. – dijo Eleazar.
-         No te preocupes. Bienvenido. – dijo mi hermana amablemente.

La vampira que respondía al nombre de Carmen se dirigió a ella.

-         Qué placer verte, Bella. ¿En donde están Edward y Reneesme? – preguntó educadamente.
-         Jugando en el bosque. No deben tardar. – contestó ella.

Papá tomó la palabra.

-         Eleazar y familia. – me señaló con la mano y un gesto orgulloso en el rostro. – Ella es Ellen, mi hija más reciente. La nueva integrante de los Cullen.

El vampiro líder se acercó hacia mi con confusión en los ojos y una sonrisa cortés en la boca.

-         Es un placer, Ellen. Bienvenida a la familia. De cierta manera nos consideramos como primos, así que siéntete en la libertad de tomarnos por lo mismo para ti. – su tono era cordial y sonaba sincero.

-         Muchas gracias. – le contesté – Si así le consideran en mi familia; pues yo los tomaré por tales. – sonreí con timidez.


Carmen se adelantó hasta la posición de Eleazar.

-         Mucho gusto, Ellen. – dijo mirándome primero a mí y luego a mi padre. – Nosotros también tenemos a alguien a quién presentarles.
Se volteó hacia su espalda.

-         Adrien.  Ven acá, por favor.  – lo convidó la vampiresa con maternal ternura.

El más joven; en apariencia; de ellos se adelantó en un segundo y se posicionó un paso atrás de Carmen.

El chico tenía la vista fija en mí, solo la desviaba cada cierto tiempo. ¡Maleducado!. No me agradaba que me mirasen así.

-         Pues sé bienvenido; Adrien. – dijo Carlisle. – Al igual que le acaban de decir a mi hija; te invito a tomarnos por  familiares también.

No estaba en mi momento más agradable esa noche. Ese fulano Adrien no me agradaba. Y la otra vampira de rizos rubios; seguía sin caerme en gracia.

Y menos cuando pude ponerme en sintonía con los poderes de Jasper; por lo que sentí el aura de envidia que ella emanaba. ¿Pero hacia quién?

Continuaron la plática y terminaron de instalarse. En cuanto se desocupó; mamá se unió a tertulia.

La buena aura se había acabado. De hecho; los lobos se fueron casi al momento en que la visita se postró en la casa.

¡Qué manera de acabar con una fiesta!

Los quilleutes se fueron en cuanto las miradas de soslayo se hicieron inaguantables. Las mismas provenían a una llamada Kate y a la “notoria” Tanya.

Acompañé a Esme a despedir a los chicos en la puerta.

Justo antes de que Jacob se fuera, Nessie cruzó la estancia corriendo y se guindó de su cuello. Este la apretó fuerte contra su pecho. Me resultaba imposible no enternecerme ante la escena.

-         Te ibas a ir sin despedirte de mi. – le recriminó ella directamente a los ojos mientras en continuaba alzándola.
-         Lo siento, mi niña. Pero los chicos urgidos por salir. – se notaba avergonzado. – no volverá a suceder.
-         Eso espero. – asintió ella.

Lo besó tiernamente en la mejilla.

Percibí también la leve incomodidad de Edward cuando se percató de la visita.

<<Oh, Tanya ¿Qué hará aquí?>> pensó él.

La vampiresa reconoció el efluvio de mi hermano y salió a su encuentro.

-         Hola, Edward. Que bien te ves esta noche. – dijo con falsa naturalidad en la voz y con un claro deseo. Tanto él como yo lo percibimos.

Le lancé una mirada de advertencia a Ed; quién solo asintió con los ojos.

Con razón no me gustaba esa fulana; descubrí que la envidia que sentía hacía solo un rato atrás era para con Bella; puesto que era la esposa de Edward.

Preferí irme de allí antes de que la molestia resultase incontenible.

Me fui hacia el patio de atrás. Sentía como si necesitara “respirar otro aire”.

Emmett me encontró en los límites del patio con el bosque.

-         ¿Qué te ocurre, Ell? Te ves incómoda. – dijo con una media sonrisa.
-         Y lo estoy. – afirmé - ¿Te digo un secreto?
Él asintió.

-         Vamos un poco más lejos, no quiero que nos escuchen. – le propuse.

Varios kilómetros más adentro me detuve y tomé asiento encima de una piedra de gran tamaño cubierta de musgo.

-         La verdad es que…- dudé un poco al principio ya que mi padre había dicho que los consideraban como familia. - …esa…Tanya no me agrada.

Emmett se echó a reír.

-         Puedo imaginar el porqué. Tiene que ver con la manera en que ve a Edward ¿Cierto? – asentí – No te preocupes. Él solo tiene ojos para Bella.

Puse los ojos en blanco.

-         Eso está más que demostrado. Pero me choca que le tenga envidia a Bells. No me agrada. – le dije con la ira metálica brillando en mis ojos – Es como si fuese capaz de meterse en su matrimonio.
-         Es natural que percibas eso. Ella ha estado enamorada de Edward desde que vivimos en Denali. Pero él nunca la tomó en cuenta; en ese sentido. Así que tiene que llegar y aguantar a la mujer que lo desquició por completo e incluso le dio una hija. Pobre Tanya; no quisiera estar en sus zapatos. – dijo en tono comprensivo.
-         Me gustaría decirte que así la tolero un poco más; pero sería mentira. – acoté firme.

Emmett se carcajeó.

-         Tienes un carácter fuerte, Ell; eso me gusta. Espero que seas así con todos. – estaba divertido con lo que fuese que se estuviese imaginando.

Se me escapó una sonrisa.

-         Pues si, y no creo que lo pueda cambiar. Por cierto; la pareja de Tanya tampoco me agrada mucho. – le dije recordando al rubio corpulento.

Em negó con la cabeza.

-         Ella no tiene pareja, pequeña. Él es algo así como su hermano. – me sonrió de nuevo - ¿Por qué no te cae?
-         Porque me mira como si fuese una pieza en exhibición. Me cohíbe que me vea así. Hacía ya mucho tiempo que no me sentía de esa manera. – fruncí el ceño al recordar los confusos primeros días en esta “vida”. Lo único que era tangible para mí.

Se acercó a mi lado y me dio un suave codazo en las costillas.

-         No te preocupes, peque. Si veo que lo vuelve a hacer, le echo una buena arrastrada. Ya no es un neonato; tiene tres años. – su cara era el reflejo de la premeditación. Se veía deleitado imaginándose las maneras en que lo haría morder el polvo.
-         ¡Vuelve a la realidad, Emmett! – casi le grité – Estás disfrutando con la idea de revolcarlo ¿Cierto?
-         ¿Para qué negarlo? Pues si ¿Pero quieres saber qué es lo que más me motiva a torturarlo? – negué con la cabeza – pues que te haya hecho sentir mal. Nunca le des ese derecho a nadie, y si no puedes evitarlo; me lo dices a mí. Que yo me encargaré personalmente de ello. Absolutamente nadie puede meterse con mi pequeña; solo yo.

Ambos sonreímos.

-         Eres incorregible, bestia. – me levanté en un salto – Volvamos a la casa, tampoco quiero parecer tan maleducada.

Emmett asintió y corrimos juntos en la misma dirección en la que partimos antes de la conversación.


Ya entrada la madrugada preferí irme a mi cuarto. No soportaba durante mucho tiempo a esa Tanya; así que subí para evitar decir algún improperio que avergonzara a la familia, principalmente a mis padres.

Escuché los pasos de una carrera por la escalera de caracol.

Volteé hacia la puerta. Pude leer la mente de quién se aproximaba porque Ed seguí en un radio en el que me permitía estar en sintonía con su don. Por lo tanto oí los pensamientos de Adrien que estaba algo nervioso. ¡Qué fastidio!

Algo dentro de mí me hizo sentir mal por ser tan descortés. Pero por otro lado el rechazo parecía ser algo nato.

Tocó a mi puerta

Compuse el rostro y le abrí la puerta. Su cara se mostró gratamente sorprendido.

-         Disculpa, no quise ser importuno; pero te vengo a entregar algo que dejaste allá abajo. – extendió su mano y me dio la gargantilla de zafiros.
-         Gracias. – le dije mientras la tomaba entre mis manos. – Pero no la dejé, se la dí a mi madre.

No quise sonar a la defensiva pero así fue.

Adrien se puso nervioso.

-         Lo sé pero ella iba a subir…y yo me ofrecí a traértelo…para que no interrumpiera su conversación con Carmen y Eleazar.

Me dieron ganas de reír pero me contuve. Esta noche estaba saliendo a flote mi parte de vampira. Estaba más malvada que de costumbre.

-         Pues muchas gracias, Adrien.
-         No tienes que agradecerme nada. Solo fue un favor.

Advertí que buscaba la manera de no irse pero encontraba una buena excusa; así que hice una invitación a pesar de que no me sentía cómoda con él.

-         ¿Quieres entrar? – pregunté casi entre dientes.

<<¡Dime que no! ¡Dime que no!>> supliqué mentalmente.

-         Por supuesto que sí.

<<¡Maldición!>>

Miró a su alrededor con curiosidad y cierta clase de embelesamiento. Se dirigió al ventanal y sus ojos se perdieron entre las sombras de los árboles.

En mi fuero interno recé porque Thomas no se apareciera ni siquiera por asomo. Además me pregunté acerca de lo que él pensaría si viese a un desconocido en mi habitación ¿Creería acaso que se trataba de otro miembro de mi familia? ¿Pensaría que es “algo más” que familia o amigo?

<<A mi no no tiene porqué importarme lo que él piense>>, el estómago me indicó de manera desagradable cuanto estaba equivocada.

-         Esta vista es maravillosa. – dijo Adrien sacándome de mis cavilaciones. – Es el toque perfecto para habitación tan hermosa.

Se volvió hacia mí.

-         Muchas gracias. – le dije – Y con respecto a l decoración del cuarto; te recomiendo que hables con mi madre y con Alice. Ambas son las gestoras de la obra de arte. – si darme cuenta estaba conversando naturalmente con él.
-         Pero hay algo que me es más llamativo en la habitación. – dijo viéndome a los ojos

Supe de que hablaba y me quise ir, pero antes de darme tiempo a huir; Adrien completó su idea.

-          Me disculpas si sueno imprudente pero…eres la mujer más hermosa que he visto. Lo digo en serio.

<<Sé que hablas en serio. Eso es lo que me incomoda>>

Continuaba sumida en mis pensamientos nada confortables; así que él tomó la palabra de nuevo.

-         Persona por precipitarme así. No quise ser intransigente. Pero suelo ser honesto y decir lo que pienso. – dijo a manera de disculpa.

Tomé un trago de aire innecesario.

-         Mira, Adrien. Yo no he visto casi nada del mundo. Solo lo que he compartido con mi  familia; he hecho lo que dentro de mis límites de neonata se me permite. Por lo tanto desconozco muchas cosas; y algo de lo que ignoro bastante es acerca de esas “atracciones”… - <<¡Mentira!>> - por lo que  me siento incómoda en este momento. No es tu culpa; es solo que no estoy acostumbrada. – dije con una flema tan diplomática; que hasta yo me sorprendí. Imaginé que lo había aprendido de papá.

Adrien me miró sonriente.

-         Eres muy sincera, eso me parece genial. Respeto tu punto de vista y si me permites quiero hacer una invitación.

<<¡Dios mío mándame a Emmett!>>, pensé con fervor.

-         Invitación ¿a qué? – pregunté recelosa.
-         ¿Una invitación de qué? – dijo Emmett en falso tono casual.

<<¡Lo amo! En serio adoro a mi bestia>>

<<Oh. Esto es de lo más importuno>>, pensó Adrien.

-         Quería invitar a Ellen a dar un paseo. – comentó de manera temerosa.

Em me vió a los ojos y captó mi negativa de manera rápida.

-         Aww, cuanto lo siento Adrien. – su tono era tan sarcástico que casi me río – Pero Ellen y yo tenemos el día de mañana ocupado de principio a fin ¿Cierto, pequeña?

Me volteé hacia el visitante para seguirle el juego a mi hermano.

-         Cierto. No lo recordaba. Lo siento mucho.
-         No importa; será en otra oportunidad. – persistió.
-         Si, claro. – dijimos Emmett y yo al unísono y entre dientes.

Tras un minuto de incómodo silencio Em tomó la palabra.

-         Me imagino que ya no debes soportar ese vestido… - él me conocía demasiado – así que te daremos un poco de privacidad.

Asentí.

-         Gracias, Em. – le contesté – Y a ti también, Adrien.
-         No hay de qué. Fue un placer charlar contigo. – me dijo el vampiro rubio.

Automáticamente mi hermano blanqueó los ojos y lo escoltó hasta las afueras de mi habitación.

Estaba más agradecida que nunca con mi bestia; porque a pesar de que Adrien no me caía como Tanya; me incomodaba la manera como me veía y me hablaba.

En eso recordé que más tarde que temprano debía buscarle una respuesta a lo que sentía por Thomas. Y solo había una forma de hacerlo; volver a verlo.

En ese instante decidí cambiarme la ropa de fiesta por un conjunto deportivo de color negro. Sabía que eso no me serviría de camuflaje con mis hermanos; pero igual me lo coloqué.

Alice conversaba alegremente con Rosalie, Kate y Garret. Jasper la acompañaba en silencio. Mientras que Eleazar, Carmen, Carlisle y Esme hablaban sobre lo que habían hecho desde que no se veían. Emmett por su parte le sacaba toda la información posible a Adrien; no podía contener lo sobreprotector.

La vampira no grata; osea Tanya; permanecía en el patio trasero mirando en dirección a la casa de Edward y Bella. Que acababan de partir con Reneesme dormida en brazos de su padre.

Debía esperar que ellos llegaron a su cabaña y se entretuviesen en algo, de lo contrario Edward podría leerme la mente ya que a distancia me costaba un poco conectarme con los dones de bella. Así que esperaría a que ella misma lo distrajera hasta dejarlo absorto, cosa que no requería de mucho esfuerzo por parte de mi hermana.

Dejé transcurrir diez minutos. Todos continuaban en lo mismo que hasta hace poco. Excepto Tanya que harta de anhelar a Edward y envidiar a Bells, decidió unirse a la conversación de Alice.

Así que brinqué por la ventana y arranqué a correr como nunca.

El oscuro follaje de la naturaleza se volvía una serie de siluetas borrosas debido a la velocidad.

Llegué al mismo prado en donde nos encontramos por primera y única vez.

Estaba totalmente solo y oscuro. Una tenue capa de nieve cubría el suelo, pero no le daba luminosidad al paisaje. Aunque no podía sentir frío. Sabía que debía hacer un clima glacial ya que aunado al invierno; l viento soplaba con inclemencia.

Esperé pacientemente y de pie, sor si debía darme a la fuga por cualquier peligro. Ya fuese que viniese de mis hermanos o de algún desconocido.

En mi mente probé algo distinto. Algo que nunca había experimentado. Era como conocer la esencia mental de alguien, y que esto a su vez me permitiera localizarlo.

<<¿qué diablos era eso?>> me pregunté

Aunque esto no me preocupó durante mucho tiempo. Sabía que alguien se aproximaba con rapidez. Y no sabría como describirlo, pero si estaba segura de una cosa. Que quién venía el él.

Se acercaba en dirección norte. Tardaría un minuto a lo sumo en llegar. Ya escuchaba su ágil carrera entre el bosque.

Los sonidos de las pisadas se hacían cada vez más fuertes y claras con el pasar de los segundos. Hasta que se detuvieron cinco metros detrás de mí.

Inhalé de manera disimulada su olor que llenaba el ambiente. Exquisito, embriagante y atrayente. No sé cuánto tiempo estuvimos de esa manera, no podía llevar la cuenta del tiempo cuando trataba de él.

-         Deseaba verte hoy, Ellen. – susurró.

¿Su tono era naturalmente sensual? O ¿Era que yo tenía una debilidad ante su presencia?

Tomé aliento y compostura antes de responder.

-         Y me viste. – respondí en tono indiferente fingido.
-         Verte de lejos y a través de tu ventana no me basta. – dijo Thomas explicativo.

Por fin me di vuelta y me encontré con un figura de asombrosa belleza y ojos oscuros. Tenía las ojeras acentuadas; debía tener tiempo sin alimentarse.

-         No deberías seguirte apareciendo en mi ventana. Ni en un radio cercano a mi casa. Mi familia podría darse cuenta y darte caza. – tomé un trago de aire. – y no me gustaría que eso. Pasara.
-         ¿Por qué no, Ellen? – su tono fue expectante.




En esta ocasión me gustaría darle las gracias a mi amiga Gaby “Nena”. Si no fuese por ti todavía estuviese escribiendo el quinto; gracias por la presión. A Angelo por ayudarme con detalles de la historia, siempre tienes una sugerencia espectacular que hacerme, ¡gracias por eso bad boy!. Y finalmente gracias a todos por seguirme. Se les quiere.


 

4 comentarios:

  1. herma super el capitulo me encantoo la parte de los regalos como me rei con em el es genial como siempre ..sigue asi eres genial...

    SE TE QUIERE

    ResponderEliminar
  2. gracias mi niña...gracias por el apoyo...tambien se te quiere...

    ResponderEliminar
  3. Ami me encanto la trama estaba muy buena, espero q pronto publiques el proximo capitulo para ver que pasa con thomas y ellen, sigue asi.

    Exitos y besos

    ResponderEliminar
  4. Gracias amii bella...y espero subirlo pronto..ya estoy trabajando en él...Por cierto...pronto tendrán caritas...espero que les guste mi selección!! jajaj

    ResponderEliminar

Todo eso que piensas de lo que publico es muy importante para mí, así que no lo guardes para tí, dime lo que piensas que me interesa conocer tu opinión...

Crees que me merezco un comentario?

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Followers