martes, 20 de julio de 2010

DÉCIMO CAPÍTULO




"NO HAY IMPOSIBLES"

Por un largo rato dominó el silencio, mientras yo trataba de encontrar una respuesta que no me comprometiera.




- Tranquila. No te apures en responder. Tenemos lo que resta de madrugada y si gustas del día entero para que me digas algo creíble. – se rió con malicia en los ojos e ironía en la voz.



Fue entonces cuando hablé.



- Eres un engreído de lo peor ¿Se puede saber a qué te refieres con lo de “creíble”? – estaba súbitamente nerviosa y molesta.

- No trates de engañarme, Ellen. Sé que sientes algo por mí; a lo mejor es apenas algo más que curiosidad; pero sé que sientes algo. – se veía tan seguro de lo que decía que me perturbaba. – Eso es un hecho.



Entrecerré los ojos.



- Eres un vil vampiro idiota. – esta estupidez fue mi respuesta maestra. – Estás demente si crees que me importas. Lo que pasó es que utilicé mal las palabras.



Estaba divertido conmigo.



- Así que también eres terca. Cada vez que te veo, conozco algo de ti. Supongo que eso es bueno, así no me aburriré con facilidad.



De pronto sus palabras me golpearon con tal fuerza que personalmente me sorprendió; porque me hicieron daño.



- Así que eso soy. Un entretenimiento. Algo para que tu existencia de nómada no se vuelva tediosa. – le espeté con acritud.



Sus ojos cambiaron la diversión por algo que no sabría describir. Era inescrutable.



Avanzó dos pasos hacia mí.



- No, Ellen. – estaba serio – Yo jamás te he visto de esa forma que tú crees. Aunque tienen algo de cierto los que dices. – esperé por su respuesta – Le quitaste el tedio, pero no fue a mi “existencia de nómada”. Sino a mi eternidad. – sus ojos parecían brillar más de lo común.

¿Qué me quería decir con eso? ¿Estaba jugando conmigo acaso?. Permanecí congelada en mi sitio.



- Explícate, por favor. – dije con firmeza.



Tomó aire y habló.



- Desde aquella noche en que te conocí, no he dejado de pensarte. Muy por el contrario, paso los días fraguando la manera de acercarme a ti. De por lo menos verte por un segundo y apaciguar la ansiedad que me corroe cuando no te he visto. – parecía hablar consigo mismo, más que conmigo. – Quizás es que ya llegué al grado de la demencia, estoy casi seguro que es eso; porque he llegado a la conclusión de que mi cordura está tu lado. Desde que hablamos por única vez me he dedicado a analizar el porqué de mi fascinación contigo. Y solo una respuesta me parece posible. – cayó sin terminar lo que iba a decir.

- Qué respuesta es esa? – le pregunté inquisitiva.



Respiró y se acercó hasta quedar muy cerca de mí.



- Me enamoré, Ellen. Siento algo tan fuerte por ti, que hasta me da miedo admitirlo. Pero prefiero enfrentarlo; porque estar sin ti no es una opción. – rió nervioso – Así que ya sabes el porqué de mis continuas visitas o apariciones, si así prefieres llamarlo.



La sinceridad de lo que decía me abrumó.



- Eso…no es posible…Debes estar equivocado. – negó con la cabeza - ¡Estás equivocado. Claro que lo estás! No nos conocemos…!Bah! – le di momentáneamente la espalda, luego lo encaré - ¡Esto es imposible!

- No hay imposibles. – dijo con calma.

- ¡Si los hay! Y este es uno. Tu y yo… - negué con la cabeza. – No puede ser. Y punto.

- ¿Y por qué no? – demandó casi con rudeza.

- Porque…somos diferentes. – le dije sin mucha convicción en lo que respondía.

- ¿Por qué? – insistió - ¿Acaso es por que yo soy un nómada y tu alguien establecida y de buena familia? ¿Es por que soy menos que tú?



¿Era dolor o molestia lo que había en su rostro?. Tal vez ambas.



Me sentí ofendida por su comentario.



En realidad mi reacción no tenía una razón es específico. Sino un miedo que trascendía todo. Pero nunca jamás me consideré más que él. Simplemente no podíamos tener nada.



- No me creo mejor que nadie. Y mucho menos denigro a alguien por lo que es. Me alegra ver que estás equivocado. Y como esto; en muchas otras cosas. Mejor me retiro y nos ahorramos escenas desagradables. Fue un placer verte, Thomas. – me dí media vuelta y de repente sentí un cálido agarre en mi ante brazo.



Un chispazo de corriente me recorrió el cuerpo.



- No te vayas, Ellen. Por favor. – me soltó – No quise ser ofensivo. Pero es que no te entiendo. No logro comprender porque te cuesta tanto admitir lo que sientes, porque me rechazas sin conocerme siquiera, o porqué siempre huyes de mí.

- Tú no me…entiendes. – le dije por lo bajo.

- ¡Pero quiero hacerlo, Ellen! – me tomó de las manos – En serio quiero hacerlo.



Negué con la cabeza.



- Ni yo misma he podido. – con coste me separé – No espero que tú lo hagas. Mi vida era perfecta antes de que tú llegaras. Nada me preocupaba demasiado. Quizá solo lidiar con mi hermano; pero eso no es ninguna dificultad. Luego apareces de golpe y trastocas todo cuanto conozco. Sé que esto va a terminar mal y no quiero gastar esperanzas en ello. – admití por primera vez lo que sentía. Aunque no comenté nada acerca de mi miedo.

- Tranquila. – dio un paso hacia mi – No va a pasar nada. Tu también sacudiste mi mundo incluso antes de saberlo. He dejado de ver por mis ojos para hacerlo a través de los tuyos. Danos una oportunidad. – sus ojos almendrados ejercían una fuerza inexplicable en mi voluntad.



Volteé la vista para que la razón trabajara de nuevo.



- ¿Acaso te estás escuchando, Thomas? Suenas desfachatado ¿Una oportunidad para qué? – miraba hacia el suelo para evitar mirarlo directamente.



- ¿Cómo que para qué? – su tono me obligó a verlo de nuevo - ¡Pues para conocernos! Así te darás cuenta de que no soy una amenaza como tú me crees. – se aproximó a mí con seguridad. Nunca habíamos estado tan cerca el uno del otro. Noté que me sacaba unos quince centímetros de ventaja. Osea que debía medir como un metro ochenta. Quizás un poco más, quizás un poco menos.



Estaba como hipnotizada entre su mirada y su aroma. No podía hablar, ni separarme, ni nada. Estaba a su completa merced.



- No me temas. – suplicó con profundidad – No soporto ver ese miedo constante que hay en tus ojos cada vez que nos vemos. Entiende de una vez por todas que no quiero hacerte daño. Sé que no he hecho las cosas de la mejor manera pero…es que no sé cuál es la manera adecuada de acercarme a ti.



Levantó su mano con inseguridad y precaución. Rozó mi mejilla con la yema de sus dedos. La electricidad me barrió de nuevo, pero en esta ocasión invadió incluso a mis huesos. Era un sensación poderosa.



Pero lo que más me llamó la atención fue que él cerrara sus párpados al tocarme. Su expresión facial era totalmente pacífica; y reflejaba cierto aire de satisfacción.



<<¿Qué es todo esto que estoy sintiendo? ¿Acaso yo estoy como Thomas? ¿Enamo…? ¡No! No estoy lista para esto. No ahora>>



Con un movimiento ágil me moví a diez metros de donde estaba. Él abrió sus ojos abruptamente.



- ¡Esto no está bien! – dije nerviosa – Me debo ir de aquí.

- ¡NO, Ellen! ¡Quédate un poco más!. Deseé demasiado verte hoy. Espera un poco.



Internamente me debatía entre lo que quería y lo que debía. Como siempre me ocurría cuando algo se trataba de él.



- Ven. Sentémonos un rato. – me señaló un viejo roble con la mano. – Por favor.



Aún estando dudosa accedí. Sabía que venía a averiguar lo que me pasaba con él; pero ahora prefería no hacerlo. En ese momento solo quería saber más acerca de él.



Se sentó a mi lado con timidez.



- Quiero saber acerca de ti. De donde res. Quién eras y porqué eres ahora inmortal. Le dije indagadora.

- Bien. Supongo que es justo después de todo lo que ha pasado. – tomó aire y comenzó – Me llamo Thomas Charles Valois. – sonrió hacia el vacío – Mamá se inspiró en el nombre de un compositor francés que le fascinaba. Recuerdo que escuchaba seguido Carnaval de Venecia. Ese era su tema favorito. – luego se centró de nuevo – Nací en Vancouver el 13 de agosto de 1.936. Mi padre era un reconocido explotador de yacimientos de hierro y carbón. Heredó el negocio de nuestros ancestros. Se llamaba Joseph Thomas Valois.

Mamá era una hermosa mujer, su familia no era tan acaudalada como la de papá puesto que tuvieron una mala racha, en donde perdieron terrenos y fortuna. Sin embargo siguieron siendo dueños de la mayor empresa de importación y exportación en la provincia de la Columbia Británica. Su matrimonio con papá fue arreglado. Y juntos se convirtieron en un imperio en Vancouver. Ella se llamaba Margaret Bette Verdier.

A pesar de ser por conveniencia, siempre se llevaron bien. Mientras mi padre se dedicaba a los negocios, mi madre se avocaba a los eventos sociales. Fueron buenos padres, no me puedo quejar. Tuve lo que quise y hasta más. Pero siempre me faltó algo. – su mirada volvió a mi rostro – Amor.

Mis padres siempre estaban ocupados por lo cual constantemente estaba con mi nana: Etienne Zelle, era de origen holandés. Se escapó de su casa enamorada, y al poco tiempo de llegar a Canadá la abandonaron. Por lo que tuvo que buscar un trabajo. Así que terminó encargándose de mí y de mi hermano. – su voz mostró un deje de resentimiento.

- Daniel Nathans, nació el 5 de junio de 1.934. como ves er mayor que yo. Desde pequeños fuimos incompatibles. Y ya de adultos; las desavenencias eran casi insoportables. Por lo cual preferí vivir de país en país. – sonrió hacia el vacío de nuevo. Como recordando algo grato – Fui a tantos lugares. Desde Argentina hasta Egipto. Pasando por España, Grecia y otros lugares. – volvió su ojos hacía mi. Examinaba mis expresiones, buscando un significado en cada uno de los cambios de mis facciones. – Vivía cual gitano. Me encantaba esa libertad de viajar solo por el mundo. Me sentía como si fuese de alguna manera indomable. Nunca me amarraba a nada o a nadie.

Hasta que una noche fría en la Patagonia; mientras me preparaba para ir a dormir; fui interrumpido por la abrupta aparición de un hombre alto y fornido. De cabello negro, lacio y largo hasta los hombros. Tenía unos espeluznantes ojos rojos. No medió palabras conmigo. Solo recuerdo la oscuridad y el dolor del fuego recorriéndome el cuerpo entero. – me estremecí ante mis propias evocaciones – Luego desperté en medio de un bosque oscuro, puesto que era de noche. Tenía veintitrés años para ese entonces. Joshua fue un buen compañero durante un año. Me enseñó todo de esta nueva “vida”. Hasta que un buen día la verdad salió a la luz. – sus perfectas facciones se transformaron en una máscara de molestia. – Quería apoderarse de áreas y arrasar con clanes. Entonces entendí que me veía como un instrumento para lograr sus planes belicistas. Conseguir vampiros y apropiarse de zonas para alimentarse a sus anchas de humanos.

Sus propósitos me dieron asco y tuvimos una fuerte discusión. Decidí largarme de su lado. No me prestaría a sus designios macabros.

Te puede sonar hipócrita, pero nunca he disfrutado del método de alimentación de nuestra especie. Del sabor sí, más no de su temor. Aún así aprendemos a sobrellevarlo, porque no nos queda otra opción ¿Cierto?. Así es esta existencia. – dijo con cierto resentimiento. – Y no lo podemos cambiar.



- Te equivocas. – le refuté – Si lo hay. Mi familia y yo no nos alimentamos de las personas.

- ¿Ah no? ¿Y cómo lo hacen entonces? - se mostró incrédulo.

- De los animales. No son tan apetitosos como los humanos. Pero sirven para la sed y el cargo de conciencia. – le sonreí tímida.



Me la devolvió, pero de manera abierta. Luego la curiosidad volvió a su rostro.



- ¿Hablas en serio, Ellen?

- No tengo por qué mentirte.

- ¡Qué interesante! Nunca había escuchado de esto. – comentó alzando un ceja.

- Supongo que no somos el “último grito de la moda” entre los vampiros. – sonreí con naturalidad. – Somos raros entre los raros.



Me veía sonriendo complacido.



- Conversas conmigo con fluidez y despreocupación. – me puse seria de nuevo. – No te molestes en negarlo. Estás comenzando a sentirte a gusto a mi lado. Debíamos encontrarnos; ese era nuestro destino.

- No seas cursi, Thomas. – dije a la defensiva – Pareces cuento árabe milenario.



Mis palabras no parecieron molestarlo.



- Eso lo aprendí en un viaje a Marruecos. Ellos le dicen “maktub”. Que significa “está escrito”.



Tragué grueso.



- Esta conversación se acabó. – me puse de pie. Él me siguió.

- ¿Volveré a verte pronto? – me daba la oportunidad de elegir si quería verlo o no.



Lo pensé durante un momento antes de responder.



- Nos vemos aquí. En tres días. Por favor; no te acerques a la casa. Solo espera por mí. Yo vendré. – le aseguré.



Sonrió tan encantadoramente que quedé desorientada. Momentáneamente.



- Confío en ti. – asintió.

- Bien. – iba a voltearme cuando él levantó su mano y volvió a tocar mi cara. Pero en esta oportunidad recorrió mi rostro con sus yemas.



La electricidad me envolvió de tal manera que por leves instantes me olvidé hasta de mi existencia. Solo existió él en ese momento.



Fue su roce en mis labios lo que me sacó del trance. Mi cerebro me alertó que había ido demasiado lejos.



- Adiós, Thomas. – le dije alejarme de él.

- Adiós no. Hasta pronto, Ellen. Te esperaré.



Lo ví por última vez antes de girarme y partir por donde llegué.



Atravesé el bosque en menos tiempo del cual me tomó al irme.



Parecía que las conversaciones seguían tan animadas como cuando me fui. Así que tranquila escalé la pared y entré por la ventana de mi cuarto.



- ¿Disfrutaste de tu cita, Ellen? – dijo Alice sombría desde una esquina oscura de la habitación.



Lo que tanto temía se materializó en frente de mí.



- Alice…yo… - no sabía que decir para excusarme.



Movió la cabeza mostrando su negativa.



- No puedo creer que hayas ido a encontrarte con ese…extraño. – sus ojos casi echaban fuego – Explícame ¿Qué demonios pasa contigo?

- Tenía que ir. Debía averiguar algunas…cosas. – dije titubeante.

- ¿Y tenías que ir sola? – preguntó iracunda.



Asentí.



- No podía hacerlo de otra manera.

- ¡Estás demente! – susurró por lo bajo. Aunque en su cara se vió que quería gritar. – No hubieses podido hacer nada si te hubiese lastimado. No todos son civilizados, métete eso en la cabeza. Y él no parece ser uno precisamente. Sus ojos rojos lo dicen casi todo.



Bajé la cabeza.



¿Por qué me pesaban las palabras de mi hermana? ¿Por qué me importaba lo que pensaran de él?



- Apenas decidiste escaparte tuve una visión. Los vi encontrarse. – me vió con recelo – De nuevo.



<<¿Cómo lo supo?>>



- Te vi la primera vez que te escabulliste al bosque. Él había decidido que te buscaría en una semana. Pero como tu adelantaste tus planes; él te localizó. Puesto que es un rastreador. No dije nada porque no percibí peligro alguno y te vi regresar. Pensé que no volverías a verlo. Pero hoy me quedó todo claro.



Me quedé sin palabras.



- ¡Te estás enamorando del extraño, Ellen! ¿O debería decir…Thomas? – me veía con cierto aire de superioridad en el rostro – Ya lo ves, en esta casa es algo difícil mantener secretos. Aunque te escondas detrás del escudo de Bella.



Se sentó en mi cama y me indicó que hiciera lo mismo. Avancé hacia ella.



- Porque eres mi hermana, Ell. Y tuve la leve esperanza de que algún día te decidieras a contarme todo. – su semblante cambió. Y su tono fue de reproche. – Pero ahora veo que a mí no me tienes confianza; solo en Bells la has depositado.

- No digas eso, Alice. Suena horrible. – contesté apesadumbrada.

- Pero es así. Ellen, comprende que tienes una familia; que te adora por cierto. Y no puedes llevar una vida paralela a ella. Más temprano que tarde debías contar lo sucedido. O elegir si quieres seguir tu camino por otro lado.

- ¡No me quiero separar de ustedes! – dije con pánico.

- Y nosotros no queremos que eso ocurra. Pero debes hacer las cosas bien, y comienzas por hablar. Carlisle debería estar al tanto de todo esto. – me envaré del terror – Entiendo porqué no se lo quieres decir a Emmett; pero tu padre no debería estar exento de conocer la realidad.

- ¿Crees que se moleste mucho? – le pregunté con avidez.



Cerró sus ojos un momento y luego habló.



- No. Solo un poco decepcionado por la falta de confianza; pero eso es todo.

- Gracias, Alice. – añadí.

- Por cierto. En tres días irás a verlo; pero después de eso se lo dirás a Carlisle. Sin prórrogas.



Asentí.



- No diré nada hasta que tú no lo decidas. Pero no es justo tener tus padres al margen de todo; cuando ellos te profesan tanto cariño.

- Y…con respecto a…ese enamoramiento tuyo; te daré un consejo. De nada servirá que pelees con tus sentimientos; finalmente se impondrán. – dijo muy segura de si misma. Cosa que no me gustó.

- No me digas eso. No quiero esto ahora.

- Las cosas no llegan cuando se quiere, sino cuando tocan. Lo vigilaré de cerca para ver de que es capaz. No confío en él aún. – entrecerró los ojos.

- ¿Por qué haces esto? – pregunté turbada.

- Porque me importas y no quiero que te pase nada. Y si él es tu felicidad debemos saber la clase de vampiro que es. – me sonrió por primera vez desde que llegué.

- Gracias de nuevo, Al. En serio. – la abracé por un momento y la solté.

- De nada. Pero te doy un consejo: Habla, Ell. Debes decir las cosas. Así entre todos buscaremos una solución a lo que te preocupa o necesites. No es que seas una niña; pero si nueva en esto. Así que permítenos que te guiemos. ¿Te parece bien?

- Me parece perfecto. – concordé.



Se puso de pie y se fue hacia la puerta. Luego volteó para verme.



- Ah. Por cierto. Esme y Carlisle te traerán un regalo genial. Sé que te va a encantar. – escuché su risa musical como un espectro; ya que al decir eso; se perdió de mi vista y bajó el salón para reunirse con todos.



Tenía demasiadas cosas en qué pensar.



• Decidir cómo le contaría a mis padres lo del “extraño” sin causarles mucho daño.

• Especular sobre lo que ellos me regalarían, y sentirme indigna por ello.

• Analizar toda la información que recibí en mi escape.

• Y finalmente…tratar de olvidar las sensaciones y sentimientos que Thomas evocaba en mí.



Definitivamente la última sería lo más arduo de conseguir. Y para ser honestos no tenía muchas esperanzas de lograrlo.





¡Wow! Por primera vez publico tan seguido. Este capítulo es un poco más corto; aún así espero que les guste y me dejen sus comments. Ángel este capítulo te lo dedico a ti. Eres mi chucho favorito.

3 comentarios:

  1. Gracias por publicarlo, me encanto la historia de thomas, pero me dejan preguntas, cuando alice dice que no son de fiar, sera q el tienes segundas intenciones de llevarsela y hacer q les hagan daño a los cullen, o en verdad solo siente curiosidad por ellen.

    No sabes como espero con ansias el proximo capitulo, saber le regalaran sus padres a ellen

    ResponderEliminar
  2. JAJAJA...VES? POR ESO ME ENCANTA QUE COMENTEN...SIEMPREE TIENEN ALGO QUE APORTAR A LA HISTORIA...ESPERO RESPONDER PRONTO A TUS DUDAS ADRII...<3 GRACIAS POR LEERME...

    ResponderEliminar
  3. OMG awwwww debo decir que amo a los q escogistes como cara de los personajes y lo de alice aja la cacharon me quede asi como...te atraparon te atraparon XD

    ResponderEliminar

Todo eso que piensas de lo que publico es muy importante para mí, así que no lo guardes para tí, dime lo que piensas que me interesa conocer tu opinión...

Crees que me merezco un comentario?

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Followers