domingo, 30 de mayo de 2010

OCTAVO CAPÍTULO




CELEBRACIÓN

- Mamá, ¿Hasta cuándo vas a mover el árbol de navidad? – le pregunté un poco fastidiada.
- Es que en la esquina choca con mi cuadro. Al lado de la puerta con los regalos. Y no lo puedo colocar al lado de los muebles. – dijo Esme con preocupación.
- Pues agrupemos el sofá y las poltronas en una esquina. Así tendremos un rincón libre y los regalos si cabrían.

Se emocionó.
- Tienes razón, cariño.
Movimos todo con suma rapidez.
- ¡Emmett y Alice. Traigan los obsequios, por favor! – dijo Esme.
Al segundo se presentaron con tres bolsas grandes.
- Emmett trata eso con cuidado, que allí está el juego de porcelana italiana de Charlie.
- ¡Ajá! – dijo con aburrimiento.
- No te molestes. Tu fama de bestia te precede. – le espeté antes de carcajearme.
Me agarró y me dio uno de sus abrazos estranguladores.
- ¡Pídeme clemencia y disculpa! – tenía una máscara de encantadora maldad.
- ¡Jamás! – le respondí. Al momento me apretó más.
- ¡Pídemelo! – me sonreía con abierta perversidad.
- Emmett, suelta a tu hermana ¿Hasta cuándo…
- No te metas en eso, Esme. – la interrumpió Alice. – Ellen es masoquista. – blanqueó los ojos.
Mamá se dio por vencida y siguió en lo suyo.
- ¿Te rindes? – me dijo Em.
- No, nunca. Pero no le dañaré la decoración a mamá y si te empujo, estoy más que segura de que lo haré.
- ¡Ilusa! – y me soltó.
- Sabes que esta me la cobraré. – le amenacé. – Más temprano que tarde.
- Lo esperaré con ansias, Ell.
Ambos nos carcajeamos.
- ¿Cuál es el escándalo que hay por aquí? – preguntó papá.
- ¿Tú qué crees? Pues tus hijos, que no aprendido a comportarse. – dijo Alice divertida.
- No sé porqué me molesto en preguntar. Si eso es de suponerse.
Pasó a mi lado y me besó en la frente.
- No dejaré que te juntes con Emmett. Es una mala influencia, juntos son un constante “estado de alarma”.
Todos nos reímos.
Jasper irrumpió con Edward en la sala.
- Ya están listas las luces en el camino. Además ya trajimos las calas y las rosas que pediste, Esme. - dijo él.
- Gracias, cielo. – le respondió ella.
Edward se me acercó.
- ¿Lista para tu primera navidad como vampiresa?
- Dejamos digamos que estoy lista para las sorpresas. – le sonreí expectante.
- Espero que sea suficiente. – repuso con una sonrisa torcida.

Ayudamos a aprestar cada detalle de esa noche. Mamá cocinó muchísimo. En la sala estaban decenas de regalos. El camino hasta la casa estaba más que hermoso gracias a Edward y Jazz. Bella y Rosalie se encargaron de adornar el comedor y el patio trasero; colocaron hermosos arreglos navideños de los cuales pendían pequeños muérdagos. En fin la casa era todo un encanto; parecía un cuento festivo.
Cuando todo estuvo listo, fuimos a arreglarnos a nuestras habitaciones.
Yo opté por ir sencilla. Peiné mi cabello previamente alisado hacia un lado. Me coloqué un vestido de color vino tinto y un juego de joyas que mamá me había comprado en Tiffany´s hacía ya unos cuantos meses atrás. Eran una gargantilla, unos pequeños aretes y un brazalete. Todos ellos, elaborados en platino, con aplicaciones de diamantes y zafiros.
Mi atuendo era un vestido con una falda amplia que llegaba hasta el comienzo de las rodillas. En la parte superior tenía un corpiño strapples. Muy a mi pesar utilicé unos zapatos de taco alto; que Alice me compró; de color platinado como mis accesorios.
Me reí frente a mi espejo.
- Jumm…- expresé pensativa. – no me veo tan mal. Lo cual quiere decir que Emmett; sin duda alguna se burlará de mi.
Suspiré con resignación.
Preferí abstenerme de bajar hasta que estuviesen todos reunidos.
Sabía que Em y Rose estaban en su cuarto; pues ella lo estaba ayudando a vestirse. Edward, Bella y Reneesme no estaban en la casa aún. Jasper y Alice se estaban aprestando; podía sentir el tedio de mi pobre hermano mientras que su pareja le escogía lo que usaría; en su respectiva habitación. Papá y mamá hacían lo mismo en su cuarto.
Me senté en el sofá con cara al bosque. Traté de no pensar por largo tiempo; pero finalmente el vacío regresó. Ese vacío que me carcomía cada vez que estaba sola. Ese vacío que me golpeaba con ímpetu cada vez que veía a las parejas de mi familia disfrutando de su amor. Ese vacío que venía acompañado de recuerdos que quemaban como ácido.
Recordé sus facciones finas y delicadas. Sus ojos ovalados con un carmesí que contrastaba con los míos que ya habían cambiado a un anaranjado amarillento, cada vez se parecían más a los de mi familia. Sin embargo los de él me parecían los más hermosos de todos; a pesar de saber de dónde provenía ese color.
Su cabello desprolijo y desordenado, y de un llamativo castaño rojizo. Era una parte atrayente de él. Incitaba a acariciarlo con tan solo verlo.
Y por último; sus pómulos bien definidos que conferían gran notoriedad a su nariz perfilada que llevaba a la parte más tentadora de su hermosa cara de ángel caído; sus labios eran delgados pero eso no le restaba sensualidad, muy por el contrario armonizaba perfectamente con su estructura facial que parecía de procedencia helena.
Me dieron ganas de gritar.
<<¿Hasta cuándo te vas a torturar así, Ellen? Ya basta. Acéptalo. No puedes estar con Thomas, es absurdo. Solo te hará daño. Ve en tu familia para que te des cuenta de que él no es el indicado. Además sabes cómo se pondrían nada más de saber lo que sientes por él.>>, pensé.
Y la otra le respondió.
<>, una realidad que no deseaba me golpeó en la cara.
Me comenzaba a sentir sin oxígeno. Mis ojos me picaban. Pero verlo de nuevo me sacó del trance.
Estaba más lejos que de costumbre. Pero aún así podía verlo perfectamente. Si mi corazón latiera, de seguro estaría desbocado, palpitando con fuerza y rapidez.
<> pensé aterrada. Así que me blindé con mi orgullo. Le hice un gesto de desprecio con la mano para que se fuera. Luego le di la espalda y salí de la habitación. Pero me quedé del otro lado de la puerta, recostada y con ganas de desmoronarme. Respiré profundo, porque no podía hacerlo. Debía seguir haciendo mi papel de la más feliz de todas.
No es que fuese miserable; porque mi familia era lo más importante en mi “vida”; pero a ciencia cierta sabía que “alguien me faltaba”.
Respiré profundamente tres veces más; como si lo necesitara; para calmarme. Luego bajé lentamente la escalera.
Cuando casi llegaba a la planta de la casa me di cuenta que papá estaba abajo.
Me vió con ojos orgullosos y llenos de cariño. Eso me emocionó y le sonreí.
- Te ves bellísima, hija. – me tendió la mano para terminar de bajar el último escalón. Me harté de formalismos y lo abracé por la cintura. Además necesitaba ese contacto. – . Cada día me siento más feliz de tenerte aquí conmigo.
Me reí y lo solté.
- Después no quiero oírte decir que no comprendes porque estoy tan malcriada. – le sonreí con sorna.
Fingió estar pensativo.
- Tienes razón. Debería ponerme más estricto contigo. Se acabarán las contemplaciones y consentimientos.
- ¡Noooo, papá! Seré buena. No me reuniré más con Emmett. – me carcajeé. – Cómo si eso fuera posible.
Él puso los ojos en blanco.
- No tuve la más mínima esperanza de que lo intentaras siquiera.
- Lo añadiré a mi lista de propósitos para el año que viene: “Alejarme de Emmett para poder ser más decente”. – me carcajeé y papá me siguió.
- Y mi propósito será arruinar “tú propósito” – dijo Em que se materializó en la escalera. - ¡Qué afán el de ustedes, el de tildarme a mí como una mala influencia. Entiendan de una vez por todas que Ellen es un alma perdida con o sin mi intervención. – se rió de una forma tan natural que era imposible no unírsele.
Jasper se acercó también a la conversación. Corrijo se escapó de las garras de mi hermana.
Cada uno de ellos se veía precioso a su forma y manera.
Papá vestía un hermoso traje sastre de color azul marino. Emmett solo tenía los pantalones y el chaleco de un traje de color gris oscuro combinado con una camisa en la misma gama, pero más clara. Jazz en cambio lucia espléndido con un pantalón de vestir negro con una corbata a juego, además de una camisa gris azulada.
Escuché los pasos de alguien por la escalera y vi a mamá descendiendo cual diosa en un vestido amarillo de seda ajustado al cuerpo. Su hermoso cabello color caramelo estaba en un moño. Se veía despampanante.
Pero fue un shock ver la cara de Carlisle cuando miraba a Esme. Era impresionante como un matrimonio con casi un siglo de antigüedad, se miraban como si fuesen unos recién casados. La tristeza quiso volver pero me despabilé.
Al igual que hizo conmigo, le tendió la mano y le ayudó a bajar el último escalón.
- Estás más que hermosa esta noche…- le dijo con tono flemático y le besó la mano. – te ves deslumbrante. Aún más que de costumbre.
Ella le sonrió con timidez y él le dio un beso en las comisuras de los labios.
Opté por respirar profundo.
- ¡Puaj! ¡Por favor, respeten! – dijo Emmett con ademanes de asco. – Habemos quienes nos sentimos mareados con ciertas “escenitas”.
- No seas hipócrita. – le espetó Jasper –. Si de alguien hemos tenido que soportar escenitas, es de ti.
- Te apoyo, hermano. – le dije a él.
- No han sido en público. - se defendió Em.
- Pero tampoco son tan privadas como todos quisiéramos. – contraatacó Jazz.
- Yo no tengo la culpa de que ustedes sean una panda de vampiros entrometidos. – se rió sin vergüenza alguna.
- Ya basta, chicos. Contrólense. Estas no son maneras de pasar la noche de navidad. – agregó papá con una expresión serena.
- Cierto, muchachos. – acotó mamá. De repente sus ojos se abrieron de par en par. – ¡Pero que guapos lucen esta noche!
Primero se acercó a Jasper, que era quién tenía más cerca.
- Mírate, cariño. – dijo ella juntando sus manos y llevándolas a su mentón. - . Esa combinación te queda divina. Luces sobrio y sencillo a la vez. Simplemente te ves genial. – se le acercó más y le dio un beso en la mejilla.
Siguió con Emmett.
- Y tu señorcito irreverente e incorregible, das la impresión de ser todo un caballero. – Jazz y yo tosimos ahogando una carcajada. Mamá nos ignoró. Luego lo besó también.
Solo quedaba yo por ser juzgada. Se paró de frente a mí y me examinó con la mirada.
- Ellen, cariño. – me tomó de las manos. - . Te ves bellísima. Esta es la primera navidad que compartes con nosotros, y de corazón deseo que sea el comienzo de de una infinita tradición. – me besó en la mejilla al igual que a mis hermanos. Notó que traía el juego de joyas que me había regalado y rió tiernamente. - . Te queda perfecto. Por el camino que vas, de seguro nos tocará quitarte a los pretendientes de encima.
Ambas reímos. Ella naturalmente y yo con un vacío en el estómago.
- Eso no será difícil. Yo mismo me encargaré de eso. – dijo Emmett sonriendo perverso.
Le miré incrédula.
- ¿Tú los vas a espantar? – me sentí levemente molesta. - . Osea, que tú si tienes derecho a tener una pareja y yo no. Eres absurdo. – le espeté.
Ni siquiera se inquietó. Levantó y dejó caer sus grandes hombros.
- Pues si. Porque todavía eres una niña en ese tema. – puse los ojos en blanco. Si tan solo él supiera por lo que estaba pasando… - No me importa si no te gusta. Igual te los espantaré. – se carcajeó en mi cara.
Preferí ignorarlo a molestarme. Emmett era un caso perdido. Una misión imposible con la cual discutir.
- En fin. – me volteé hacia Esme. - . Tú también luces espléndida mamá.
- Gracias, Ellen. – se giró hacia Carlisle. – Tenemos de talles que aprestar antes de que lleguen los muchachos.
Él asintió.
- Vamos, amor. – la tomó por la cintura y la guiaba a la cocina pero volvió hacia Emmett. - . Más te vale que no le amargues la noche a tu hermana. Si no, me encargaré yo mismo de darte clases de sociopolítica. – se rió antagónicamente y siguió su curso.
Todos sabíamos bien que si había algo que mi hermano odiara, era la sociopolítica. Y más cuando papá la impartía puesto que hablaba por horas y horas basado en sus casi cuatro siglos de vida.
Emmett se estremeció.
- Le dieron en el botón indicado. – dijo Jazz a mi oído.
Ambos reímos.
- Carlisle puede ser una mente maquiavélica cuando se lo propone. – acoté.
Nos escuchó y se giró.
- ¿Se unirán en mi contra? – nos vió algo molesto. - . No les conviene.
- ¡Sociopolítica! – le gritamos Jasper y yo.
Y nos partimos de la risa.
- ¡Aww. Que lindos los hermanitos juntitos! – ahora si que estaba molesto. - . Me largo. Consíganse a otro de quién burlarse.
Pasó corriendo al lado nuestro en dirección al patio trasero.
Jasper me miró con complicidad y una sonrisa torcida.
- Se molestó. Y mucho. Debe de estar tramando más de un plan para vengarse de nosotros. – dijo divertida.
Blanqueé los ojos.
- Se le pasará. Y si no; pues ya buscaré la manera de tranquilizarlo. No te preocupes, más bien ayúdame a ver si falta algo por acomodar.
Estuvimos arreglando unos detallitos en cada estancia por donde pasábamos.
Mientras que reacomodábamos las luces del patio trasero. Emmett pasó, nos miró cual niño iracundo y siguió su rumbo.
- Está celoso. ¿Lo sabes? – comentó Jasper sonriendo con incredulidad.
- No veo el porqué. Tu eres tan hermano mío como él. Además contigo no paso tanto tiempo.- agregué.
- Precisamente por eso debe ser. Ellen admítelo, eres su consentida. Hacía mucho tiempo que Emmett no se apegaba así de fuerte a alguien. Y seguramente su molestia viene de la inseguridad que le da el sentirse desplazado.
- Es tan absurdo lo que dices, Jazz. Em es Em, y tú eres tú. – sentí su leve tristeza - ¡No me malinterpretes por favor!. Quise decir que con el comparto unas cosas y contigo otras.
- No te engañes, Ell. Sabes bien que Emmett es tu hermano favorito.- sonaba tan horrible cuando él lo decía de esa forma. Y era peor sentir su aflicción. - . Pero no te puedo reprochar nada, sé que no soy precisamente el más agradable de todos. Ya he aprendido a “vivir” con eso.
Dejé lo que estaba haciendo en ese momento y me aproximé a él.
- Jasper. No sé si eres conciente de lo horroroso que es lo que estás diciendo.-. bajó la cabeza y le tomé la cara entre mis manos. Para obligarlo a mirarme. - . Conozco tu historia, y créeme cuando te digo que Alice no es la única que te ama…- me miró medio divertido por mi comentario. – bueno…no es “ese” sentido. Me refiero a que todos te queremos demasiado. Aunque los demás no te lo digan frecuentemente, tu mejor que nadie conoces lo que sentimos hacia ti.
- Pero a veces los siento incómodos. – repuso él.
- Te aseguro que será por tu misma introspección. Yo te quiero mucho, Jazz. Y de verdad espero que las lecciones de lucha nos permitan acercarnos más. Sé que es normal que desconfíes de mí. Acabo de llegar. – quiso protestar pero le detuve con la mano. - . Está en tu forma de ser. Pero sé que poco a poco, clase a clase; me conocerás más y tus dudas se irán disipando.
- Disculpa, Ellen. Nunca fue mi…
- No te disculpes, Jasper. Nunca me has hecho nada malo a propósito. – lo interrumpí. – Excepto cuando ejercías “tu influencia” en mi. ¡Uff. Eso sí que me molestaba!
Me reí y logré sacarle una sonrisa a él.
- En mi defensa debo decir que no lo he hecho más.
- Lo sé. Y eso es algo que debo agradecerte. – acoté.
- Tienes una facilidad para ganarte la estima de la gente. – me dijo a modo de cumplido.
Le sonreí.
- No lo se. A lo mejor en estos días me topo con alguien a quién no le agrade.
- Sería interesante verlo. – asintió.
- Lo mismo digo. – concordé con él.
En mi mente vi de repente quienes se aproximaban.
- Edward, Bella y Reneesme vienen en camino. A unos cuantos kilómetros.
Jazz me vió anonadado durante en un segundo.
- En serio necesitas las instrucciones de Zafrina. Hay que trabajar en ese don.
Lo miré de reojo.
- Me haces sentir como un fenómeno. – dije haciéndome la ofendida.
- Y lo eres. Todos nosotros lo somos en realidad. – comentó sin pena alguna.
Ambos nos reímos.
En eso llegaron Ed, Bells y Nessie. Nos saludamos.
Le di una vuelta a mi sobrina para observarla mejor. Tenía un hermoso vestido de corte princesa en color rosa chicle. Su cabellera ondulada; del mismo color del de su padre; le llegaba casi a la cintura y solo un gancho en forma de corazón cubierto de diamantes pendía de él.
- ¡Que linda te ves, Reneesme! Estás hecha toda una princesa. – le dije emocionada.
- Gracias, tía Ellen, tu también luces muy linda. – me respondió con cu ternura habitual.
- Pero nada que ver contigo, me opacas por completo.
Se rió y me abrazó. Me agaché para darle un beso en la cabeza, luego me enderecé.
- Y ¿Cómo ves a tu tío Jasper? – le pregunté a la nena.
Él se comenzó a sentir incómodo, en cambio a mi me dio risa.
- Se ve bello. Como siempre. – respondió la niña con naturalidad.
Jasper se relajó.
- Si, mi amor. Pero hoy se ve más guapo que de costumbre. – intervino Bella.
Asentí.
- Y tú también te ves muy bien, hermana. Le dije.
- Gracias, Ell. Tu también. – dijo ella un poco apenada.
Llevaba su cabello chocolate en un recogido natural. Unos zarcillos cortos de oro blanco e incrustaciones de diamantes. Usaba un vestido gris que se anudaba al cuello, y una falda vaporosa.
<>, pensó Edward.
Yo estaba guarecida detrás del escudo mental de Bella. Como cada vez que él me rondaba. Así me evitaba dar un paso en falso.
Ed la miraba con un amor que trascendía el sentido común. Solo hacía falta mirarlo a los ojos, en ellos brillaba la devoción y la pasión sobrenatural.
Pero eso me hacía daño. No podía soportar durante mucho tiempo ver esos sentimientos; ya que yo me encontraba confundida, temerosa y algo hueca.
- Y tú no te quedas atrás hermano. No creí que fueses posible, pero hoy te ves mejor que nunca. – le dije desviando la línea de pensamientos.
Bella se insufló de orgullo. Sonrió plena. Ella tenía a su lado a su razón de existir y así sería hasta el fin de la eternidad. Edward era tan suyo como ella lo era de él.
- Gracias, Ellen. Tú también luces muy hermosa. – y me sonrió.
- Bueno. Yo creo que todo está terminado. – le dije a Jasper.
Él asintió.
- Voy a ver si Esme necesita ayuda en la cocina. – dije yo.
- Te acompaño. – dijo Bella.
Ambas nos fuimos a un ritmo humano hacia allá.
- ¿Cómo has estado? – me preguntó - . Es que últimamente no hemos hablado.
La miré.
No sabía si mentirle o decirle la verdad. Porque si decía lo que sentía más lo que había hecho, de seguro iba a causar un problema horrible y arruinaría la noche de navidad para todos. Si mentía, Bella se daría cuenta y seguramente se ofendería.
Preferí contestar con algo que trataría de conseguir.
- Estaré bien.
Me miró fijamente y respiró profundo.
- Eso espero. Deseo que consigas tranquilidad porque yo sé como se siente estra en tu sitio.
Me quedé congelada.
- ¿Qué pasó? – preguntó cautelosa.
Moví la cabeza y me despejé.
- Nada. Vamos. No quiero ponerme en plan aguafiesta.
Estuvimos decorando los pavos. Aprestando grandes cantidades de contornos. Y terminando de servir los postres. Era una cantidad descomunal de comida; no creía posible que ni siquiera cinco lobos hambrientos pudiesen con ese banquete.
Cuando hablábamos en la cocina, bajaron con Alice y Rosalie. La primera llevaba un vestido de color azul rey de seda. Y llevaba su cabello en puntas; como siempre. Aún así eso no le restaba belleza. Y Rose se veía gloriosa en un ceñido rojo que dejaba ver su espalda. Su cabello largo estaba en una coleta baja.
- Todo se ve bellísimo, Esme. Y hasta huele delicioso. – bromeó Alice.
- Todo un despliegue de cocina y solo para esos lobos. - . Rose no mostraba ánimos de tratar con la manada. Como siempre.
- Rosalie, no comiences. – le llamó la atención mamá. - - Hoy es navidad. Por lo menos una sola noche trata de ser amable con los chicos. Se les debe más que una simple cena.
Ella puso los ojos en blanco pero no dijo nada más.
- ¿En donde está Emmett? – le preguntó papá.
- Está allá arriba. Molesto cual niño malcriado. Le insistí para que bajara, pero no quiso. – contestó ella con aire de resignación.
Jasper y yo nos miramos, pero ninguno dijo nada. Aún así sentí el peso de la culpa y fui en busca de mi hermano.
Subí las escaleras en una milésima de segundo. Y toqué la puerta de su habitación con los nudillos.
- ¡Toc, toc! – dije mientras giraba la perilla y abría solo un poco la puerta. - ¿Será que se puede hablar con usted, señor Cullen?
Estaba acostado en la cama, lanzando hacia arriba un balón de fútbol americano. Ni siquiera se molestó en voltear a verme.
- Ya pasaste. Termina de hablar, Ellen. – dijo en tono seco y cortante.
Sería mentira si digo que justo en ese momento me sentí mal. Cuando la realidad era que tuve que contener la risa.
- Allá abajo se te extraña mucho. Esme no deja de preguntar por ti. – le dije con ternura.
- Pues bajaré más tarde. Cuando lo crea conveniente. – mantenía su actitud beligerante.
- Está bien. Pero no te tardes mucho. Necesito reírme un rato. – disfracé un señuelo en un tono suplicante.
Dejó de lanzar el balón y se giró en mi dirección.
- ¡Aww, no me digas! – el sarcasmo era su mejor máscara. – Pues anda a reirte con Jasper, como hacían hasta hace un rato.
Se enderezó y siguió con su balón.
- ¡Aja! – casi le grité. - . Sabía que era eso. No eres más que un vampiro celoso y sicótico. – me reí a mandíbula batiente.
Cesó en su juego y se sentó en la cama con un movimiento rápido.
- Celoso ¿yo?. Debes estar loca. Por mí, te puedes pasar todos los días riéndote con quién quieras. Pero no de mí.
Avancé dos pasos.
- Sé que estás molesto y no precisamente porque me estuviese riendo de ti; porque eso lo hago a diario y tú ni siquiera te inmutas. Lo que varía esta vez, es que estaba con Jazz, lo que te irritó fue queme divirtiera con él. No mientas, conoces el don de él, y además conoces el mío.
- Eres ridícula, Ellen. – se acostó de nuevo, dándome la espalda.
Me fui hacia el otro lado de la habitación para hacerle frente.
- Emmett – dije seria - , ya basta. No te molestes, tu eres tan hermano mío como él. Además contigo me la paso a diario y comparto todo. En cambio Jasper, necesita más cariño para que pueda salir de esa introspección de la que es prisionero desde hace siglos atrás.
Crucé de nuevo el cuarto y lo obligué a voltearse. Me senté en la alfombra de la habitación y le tomé una mano.
- ¿Sabes una cosa? Te amo demasiado. Has sido y seguirás siendo mi roca para siempre; aunque no me quieras volver a dirigir la palabra. Yo continuaré queriéndote, y nadie cambiará eso. Perdóname, no quise hacerte daño.
- No, Ell. Yo fui quién me excedí. Discúlpame tú. Cual niño de diez años me molesté porque estuvieses con Jasper en vez de mí. Sentí como si fuese usurpado mi lugar; sé que sonará cursi; pero así fue. – admitió él con vergüenza en la cara.
- ¡Por Dios, Emmett!. Eso es absurdo. Nadie escúchame bien, nadie puede ocupar “tu” lugar. Solo pueden abrirse el suyo propio, pero nunca reemplazarte a ti. Eres demasiado especial y único para mi. A pesar de que seas neurótico, celoso, ordinario y psicópata. – dije riendo. – Pero aún así he demostrado mi preferencia por ti. Deberías tenerlo más que claro.
Ahora fui yo quien bajó la cabeza. Entonces él me abrazó y me dio un beso en la cabeza.
- Tienes razón. Y al igual que tú, también te prefiero; aunque eso es evidente. Siempre estaré ahí para ti. Haré todo lo que amerite con tal de que seas feliz, porque eres mi pequeña y ese deberá ser mi misión.
Me separé un poco y me reí.
- Yo me puedo cuidar sola.
- No. No puedes. – me soltó.
- Si puedo. No necesito un guardaespaldas.
- Yo no soy ni seré tu guardaespaldas. Soy tu hermano mayor, y una de mis funcione3s es hacerte la vida miserable.
Lo miré de soslayo.
- ¿Más? – pregunté.
- Si. Aún más. – dijo con desparpajo.
- Te odio.
- Mentira.
- Ahora es verdad. – le espeté.
- No me importa, solo me interesa que yo te quiera. – me dijo con ternura.
Le di un beso en la mejilla y un fuerte abrazo.
- Vamos a bajar. Te están esperando. – le dije caminando hacia la puerta.
- ¿Ellen? - me giré hacia él. – Hoy estás muy linda. Pareces una muñeca.
- Osea que hay probabilidades de que consiga un pretendiente. Porque si tu me ves bien….debe de ser así. – me carcajeé.
- Puso una divertida cara maligna.
- Si. Tienes tantas como yo de arrancarles la cabeza.
Puse los ojos en blanco.
- Vamos a bajar, vampiro psicópata. – le apremié.
Sonrió y bajamos.

Poco tiempo después de que Em y yo nos reunimos con la familia, llegaron los chicos quilleutes.
Jacob como cosa rara hablaba y jugaba animadamente con Reneesme. Quil y Embry hablaban de deporte con Emmett. Seth estaba en el patio trasero con Edward y Bella. Leah prefirió quedarse sola en la sala; como para no perder la costumbre.
- Hola Leah. – le saludé entrando a la estancia.
Se notaba mas relajada desde la última vez que hablamos.
- Hola Ellen – dijo menos fría de lo habitual.
- Te ves muy bien hoy. Ese vestido te queda fabuloso. – le dije sentándome en una poltrona cerca de ella.
- Pues gracias. La idea era por lo menos verse diferente.
- No seas tonta. Luces bonita. Debes tratar de verte con más cariño. – le recriminé.
- Lo intentaré. – asintió.
- Bien.
Nos callamos por un buen rato. Casi opté por irme cuando ella misma rompió el incómodo silencio.
- Conocí a alguien… - noté que le costaba hablar. Así intervine.
- ¿Y…
- Y nada. Es simpático y muy amable. – se sonrojó levemente.
- ¿Cómo se llama? – presioné.
- Andrew. Es primo tercero de Embry. Sus padres son de la tribu de los Makah. Se fue hace cinco años de allí, para estudiar derecho. Ahora trabaja con uno de los bufetes más reconocidos de Seattle. – sonreía sin poder contenerlo.
Con razón lucía diferente y menos fría. En ese momento tenía un brollo que solo puede otorgar el estar ilusionada…
<> me dije.
- Wow. – dije saliendo de mi mutismo. – Superaste mis expectativas.
- Solo es amigo. Hemos salido dos veces para hablar. – se alarmó de repente. Seguramente se estaba autocuestionando por dar tanta información.
Quería que confiara en mí. Se le notaba que necesitaba hablar con alguien más que con lobos.
- Tranquila. Esta chupasangre no te juzgará por nada. Ni te hará ningún daño.
- Yo no quería dar a entender eso. – dijo avergonzada.
- Yo lo sé. Pero solo quiero que sepas que puedes confiar en alguien más; además de Jacob.
Sus ojos brillaron levemente pero bajó la cabeza para disimularlo.
- Gracias, Ellen. – levantó la cabeza y sonrió tímida. – A veces se necesita un punto de vista femenino.
Me surgió una duda natural.
- Y… ¿Tu madre no habla contigo? – pregunté.
Rió con amargura.
- ¿Sue? ¿Hablar conmigo? Pues no. Tiene mucho que hacer con Charlie. Además…- se guardó lo que iba a decir; mientras que su labio inferior temblaba.
- Además… - la animé a seguir.
No levantó la cabeza pero habló.
- Además ella siempre le ha dado la razón a Sam. – se limpió una lágrima y siguió. – No es que sea mala madre, es solo que no es la más amorosa y pues no tengo un apoyo en ella precisamente.
- Lo siento mucho, Leah. Cada día te entiendo más. Debe ser más que difícil vivir con los demonios con los cuales debes lidiar a diario.
Levantó la cabeza cuando se sintió más repuesta.
- Ya eso no importa, Ellen. Estoy acostumbrada a los eventos desafortunados. – quiso demostrar entereza pero en sus ojos vi reflejado el miedo y la tristeza.
Decidí que no era una noche apta para hablar de temas tristes.
- Cambio de tema. Cuéntame más de ese fulano Andrew. – estaba ávidamente interesada.
Funcionó. El brillo llegó de nuevo a sus ojos y una sonrisa brotó de su boca.
- Es caballeroso, educado, me hace reír. Es muy cariñoso conmigo. Y no me lo vas a creer. – reía con ironía.
- ¿Qué?
- ¡Es rubio y tiene los ojos azules! – dijo riéndose.
- Pero… ¿Cómo?...si sus padres son Makah…
- Si. – me interrumpió – Pero la madre de su padre era rubia y tenía los ojos como los de él. Y pues el nieto es la viva imagen de ella.
- ¡Wow, Leah! Te felicito. Definitivamente estás recibiendo cuanto mereces. Y ahora es que falta. – sonrió abiertamente. Te lo dije, y así ocurrió.
Asintió.
- Lo sé y no sé porqué, pero siento como si debiera darte las gracias.
Negué la cabeza.
- Tú no me debes nada. Yo solo afirmé algo que te debe la vida.
Quiso decirme algo pero se privó.
- ¿Qué pasa? ¿A estas alturas te da pena contarme algo? – pregunta incrédula.
- No es que…te quería pedir un favor. Pero no quiero resultar imprudente. – dijo avergonzada.
- Eso lo juzgaré yo. Dime lo que necesitas.
- Me preguntaba si… ¿Puedes ayudar a verme más femenina? Es que me invitó a pasar el fin de año con su familia.
- ¿Qué? ¡Eso es genial, Leah! Oh por Dios claro que si. Para estas cosas la mejor es Alice… - vi en su cara la negativa. Ella solo lo confiaba en mí. – pero claro que te puedo ayudar.
- Gracias, Ellen. En serio. No tengo como pagarte por todo esto; pero igualmente te lo agradezco.
- Tonta. Ya te dije que no me debes nada; solo la mistad basta. No tengo amigas, solo a mis hermanas y a mi madre: que son todo para mí; pero uno siempre quiere tener lazos fuera de su núcleo familiar.
- Cierto. – asintió.
- ¿Cuándo comenzamos? – volví al punto anterior.
- Cunado tu puedas. – me dijo poco convencida.
- Pues mañana mismo ¿te parece? – propuse.
Negó con la cabeza.
- Mañana saldremos por la tarde. – quiso esconder su felicidad pero no podía.
- Entonces tienes que venir en la mañana para que te retoque. – le dije emocionada.
Ella sonrió.
- ¿En serio?
- Si, por supuesto. No somos las mejores amigas, pero tenemos bastante tiempo para eso, como te dije la vez pasada.
- Gracias.

Luego de esa conversación, Esme llamó a comer. Y lo que había parecido un imposible pasó. Los lobos se comieron “todo”. Eso fue más que impresionante.
Era hermoso ver como dos especies; por naturaleza enemigas; dejaban atrás sus diferencias y compartían una fecha tan especial como si fuesen una familia.
- ¡Hora de los regalos! – gritó Alice.
- Prepárate, Ell. Ahora es que viene lo entretenido. – rió Emmett que estaba a mi lado.








2 comentarios:

  1. Me encanto, lo esperaba desde hace mucho por fin, todos lo dias abro la pagina para ver si actualizaste, no se q mas puede haber en los proximos capitulos, nos dejas con muchas expectativas

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  2. jajajaja gracias amii..que bueno que me sigas de esa manera...eso me dá animos...y pues ni yo misma se que se nos viene..jajaja

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Todo eso que piensas de lo que publico es muy importante para mí, así que no lo guardes para tí, dime lo que piensas que me interesa conocer tu opinión...

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