EL ENCUENTRO
Ya nos habíamos despedido. Iba subiendo los escalones a una velocidad humana con Esme de un lado y Carlisle del otro; no teníamos ninguna prisa; el día anterior se había tornado exhaustivo incluso para unos vampiros alice hacía los mismo con Jasper pero en dirección la sala. De repente se detuvo. Ambas nos volteamos y en ese instante tuvimos una visión.
Era él en busca de mí. De nuevo. Ella no sabía cuando, ni donde porque hasta ahí llegó su visión. Pero yo si supe cuando lo haría aunque el lugar no lo reconocía puesto que no lo había visto nunca.
- Va a volver – dijo ella preocupada.
Jasper bufó y Emmett no se quedó atrás.
- No lo sé – dijo ella dubitativa -. Parece que no lo ha decidido aún. Pero…
Me miró a los ojos.
- Tú tuviste la visión conmigo, ¿cierto?
No me sentía capaz de mentir. Asentí con la cabeza.
- Hija ¿Qué fue lo viste? – preguntó papá sumamente preocupado.
- Él vendrá y creo que será dentro de una semana. Pero no sé cuál será el lugar en el que me encontrará.
Emmett deshizo la presa que tenía alrededor de la cintura de Rose y siseó.
- No te va encontrar, Ellen – dijo con malicia en el rostro -. Primero lo buscaremos a él y acabaremos con este problemita de una vez por todas.
- Cuenta conmigo – le dijo Jasper.
- ¿Qué vamos a hacer? – mamá estaba espantada.
Carlisle mantenía la compostura y se mostraba pensativo.
- Hablaremos con Jacob para que alerte a la manada. Y nosotros no nos apartaremos de Ellen por nada del mundo.
- Puedo vigilarla esta…- decía Emmett cuando papá lo interrumpió.
- No. Yo lo haré. Vayan a descansar.
- Pero Carlisle y si…- no lo dejó terminar de hablar. De nuevo.
- Si surge algo se los haré saber. Yo me quedaré con mi hija esta noche. – espetó firmemente.
- Y yo también. – dijo Esme.
- Vamos, Emmett.- dijo Rosalie tirando del brazo de su esposo. A él no le quedó de otra más que seguirle.
Nos encontrábamos en mi habitación Carlisle, Esme y yo.
Papá leía un libro de medicina alternativa, el cual lo hacía reír con sorna a ratos. Se encontraba muy a gusto en el sofá. Además desde ahí tenía la vista perfecta hacia el bosque.
Mientras, mamá y yo estábamos en mi cama. Ella; sentada contra la cabecera y con mi cabeza en sus piernas. Tenía mi larga cabellera extendida en ellas puesto que me la estaba cepillando.
Era una actividad bastante relajante para ambas. A ella le gustaba consentir y a mi no me molestaba en absoluto que lo hiciera conmigo.
- Ya casi es diciembre. Dentro de una semana para ser exactos.- dijo Esme pensativa.- .Es increíble como pasa el tiempo, ya van a ser casi cuatro meses desde que llegaste a la casa. Eres alguien especial que ha traído mucha alegría a este lugar.
- Y preocupaciones también. – dije con pesar.
- Eso es parte de ser una familia. Debemos apoyarnos y protegernos. No quiero ni pensar que sería de ti si hubieses optado por seguir tu amino sola.
Esme se estremeció.
- Nunca lo he considerado una opción, mamá. Sé con quiero estar y no me arrepiento de eso. Pero mejor cambiemos el tema ¿Qué hacen ustedes para navidad? – le pregunté curiosa.
- Pues lo típico, Ellen. Adornamos la casa. Intercambiamos obsequios. Y desde hace dos años para acá el fin de año preparamos una cena para la manada. Comen muchísimo. – se rió con displicencia y me di cuenta que a ella no le pesaba cocinar para ellos.
- Ah. Y ¿Qué quieres hacer este año, mamá?
Carlisle nos miró embelesado por un segundo. Como quien observa una pintura sagrada y perfecta.
- Quiero que me acompañes mañana a hacer las compras de la decoración ¿Te parece? – ella estaba emocionada.
- Si, me gusta la idea. Y mejor que sea mañana; porque más tarde tengo clase de manejo con Emmett.
Esme me miró.
- ¿Lo quieres mucho verdad, cielo? – me preguntó.
Asentí.
- Pues sí, mamá. Aunque tenemos juegos pesados; solo nosotros nos entendemos. Es como algo totalmente opuesto a lo que soy pero que me complemente conmigo. – subí y bajé los hombros. Un gesto heredado de Em. -. Él es mi hermano mayor, al fin y al cabo.
Me besó en la frente.
- Sí, lo es. Y me alegra tanto que tengan esa relación tan unida. No lo veía así desde que llegó Bella. Tenían una conexión tan rara ni el mismo Edward se explicaba, la manera en que ellos dos se llevaban. Siguen teniendo una hermosa amistad, pero no como antes. La “vida” de casada de ella, cambió la situación. Pero contigo es algo más que una amistad. Ustedes han establecidos un nexo muy fuerte. Jamás en todos los años que tengo con ellos; he visto a Emmett tan preocupado y sobreprotector como él lo está para contigo.
Suspiré.
- Si, mamá. Lo sé. – repuse.
Unas violentas imágenes del “extraño” pasaron por mi mente de forma fugaz. Lo disimulé.
Sabía que tenía que confrontar a esa criatura de ojos carmesí. Pero no sabía cómo, cuando, ni dónde. Pero debía hacerlo; antes de que lo encontraran mis hermanos.
Sobre todo el cómo, me preocupaba. Sabía que la devoción exagerada de Emmett sería un problema. Pero debía buscar una solución a eso.
Aprender a manejar con Emmett era toda una experiencia divertidísima. Siempre tenía una anécdota absurda con respecto a algo.
Me enseñó todo lo concerniente al manejo de los autos. Fuimos en su Jeep, puesto que él pensaba que rayaría el Mustang si lo llevaba a eso.
En dos horas yo era casi profesional al volante.
- Ya estoy aburrida de manejar, Em. Hagamos otra cosa. – le sugerí.
- ¿Qué quieres hacer? – dijo suspicaz.
- Vamos a darle una talada a esos árboles de allí. – le enseñé con la mano el bosque. - ¡Vamos a luchar!
Emmett se puso serio.
- ¿Tu acaso sabes el problema que me acarrearía el llevarte ante Esme toda sucia y a lo mejor hasta golpeada? Eres una inconsciente, Ellen. – se echó a reír con desparpajo. -. Por eso te quiero, hermanita. Vamos.
Basta mencionar que tumbamos tres grandes árboles. Nuestra ropa quedó hecha harapos y mi cabellera, un perfecto nido de pájaros. Aún así estaba más que satisfecha al haberle ganado a Em; cuatro de cinco partidas. Lo hice comer tierra.
Íbamos camino a la casa. Y Emmett iba al volante.
- ¿Sigues molesto, hermano? – pregunté conteniendo la risa.
- Sí. – se limitó a decir eso.
- ¿Por qué? Sabes que soy la más fuerte de la casa, pero solo por un año. Luego de eso, me harás tragar polvo por toda la eternidad.
Me sonrió con ternura. Luego me batió el cabello. Aún más.
- ¿Cómo molestarme contigo, si eres un monstruo encantador? Te gusta hacer felices a todos. Y eres más que fiel. Has resultado una hermana perfecta. Quizás más que eso. Tú eres mi “pequeña perfecta”.
Me conmovió a sobremanera.
- Y tú eres más que un simple hermano mayor. Eres mi confidente y mi soporte. Debo darle gracias a Carlisle por regalarme algo tan hermoso y espectacular.
En sus ojos vi que mis palabras le habían conmovido. Pero una sonrisa maliciosa se colgó en su rostro.
- ¿Estás preparada para la descarga de Esme? Seremos piltrafa al final de la discusión.
Entramos a la casa y mamá casi se desmaya al vernos sucios y harapientos.
- ¿Qué les pasó? – dijo con terror.
- Nada, mamá. – le contesté yo. – Es solo que el bosque necesitaba una buena tala.- cité las palabras incitadoras “al desastre”.
Emmett y yo estallamos en carcajadas.
- No sé que voy a hacer con ustedes. – casi no podía contener la risa. -. Son una amenaza juntos.
Jasper irrumpió en la entrada de repente. Primero se asombró al ver nuestras fachas, y luego se mostró divertido.
- Así que Ellen te hizo morder el polvo de nuevo. – a Em se le borró la sonrisa. - . tu cara me lo dijo todo. Ah. Y tu ánimo.
Nos carcajeamos todos menos él.
- Emmett también me ganó. – dije en su defensa.
- Debió ser que lo dejaste. - . dijo Rosalie quién parecía que estaba trabajando mecánica de nuevo. Tenía unas manchas de aceite en su jean y camiseta.
Emmett siseó.
- No es cierto, Rose. – estaba iracundo.
- No te molestes, mejor vamos para arriba. Necesitas un baño. – le dijo de forma pícara.
Y cual bipolar, su cara de vampiro molesto se transformó en la de un ángel travieso y más que satisfecho.
- ¡Por Dios! Respeten. – le dije con cara de asco.
Los dos se rieron y se perdieron a la velocidad de la luz.
Esme meneó la cabeza un poco apenada.
- Estos tampoco tienen remedio.
- A buena hora te das cuenta, Esme. – le dijo Jasper poniendo los ojos en blanco.
- Me voy a bañar no vaya a ser que me vea Alce. – dije con resignación.
- Si, vete por favor. – dijo mamá casi con desespero. Porque sabía que cuando Al se molestaba se desahogaba con el primero que encontrara a su paso.
Subí como un relámpago a mi habitación. No reparé en más nada que no fuese el baño.
Me sumergí en la tina. Le coloqué un sobre de las sales corporales con aroma a rosas y me relajé. Disfruté del apacible silencio que reinaba allí.
Me vestí y me tiré con mi iPod en la cama. ¿Qué haría con el resto de la tarde? Emmett estaba más que ocupado. El hecho de que me colocara los audífonos era muestra fehaciente de ello.
Miré hacia la ventana. No conocía bien esos bosques por mí misma, claro está. Así que me armé de valor y salí por la ventana. Sabía que la amenaza vendría por mí en una semana.
Si me iba en el carro, los alertaría a todos. Así que opté por irme corriendo. Pasé por los bosques como jamás lo había hecho. Sentí una libertad indescriptible.
Recorrí tanto que no sabía en donde me encontraba. Solo sé que era un pequeño prado nevado, que se veía como una imagen de postal. Sus ramas desnudas cubiertas de nieve se veían hermosas a la escaza luz de la tarde.
Me acosté en el medio. Disfrutando de cada olor. Hasta el agua congelada resultaba embriagante cuando me disponía a disfrutar de su esencia. El sonido del viento me llevó hasta un estado casi catártico. Me abandoné al relax y me desconecté de mis sentidos, menos el del olfato.
- Hola, Ellen. – una voz cortó mi experiencia de relación.
Me levanté tan rápido que ni reconocí a quién me había hablado. Me petrifiqué. Era él. El extraño, me había encontrado ¿Pero cómo? Y fue entonces cuando recordé que él me encontraría en un lugar desconocido para mí. Pero yo había visto que sería en una semana ¿Cómo me localizó?
- Que yo sepa, hasta hace poco no eras muda. – me dijo con sorna.
Sentía constantemente la punzada en el estómago. Esto me molestó y me alentó a hablar.
- ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? – le pregunté tratando de parecer firme.
Dio un paso hacia adelante y yo retrocedí.
- ¿Te parezco peligroso? – me preguntó serio.
Mi mente de dividió en dos. La nueva Ellen imprudente, me decía que tenía mil calificativos para él y ninguno era peligroso. La Ellen que siempre había sido; hasta ahora; me gritaba que sí y que me fuese de allí lo más pronto posible.
Me mantuve a la defensiva.
- Respóndeme lo que te pregunté. Y además ¿Cómo sabe mi nombre? – dio otro paso hacia el frente. - . No se me acerque.
- Soy Thomas. Y no quiero hacerte daño. Créeme. – parecía sincero; pero si algo entendí de esta nueva vida es que podíamos mentir muy bien. - . Conozco tu nombre porque así he escuchado que te han llamado los demás que viven contigo.
- ¿Por qué me sigues? ¿Qué es lo que quieres conmigo?
- Eso ni siquiera yo lo sé – se vió confundido.
- No lo entiendo. – le espeté.
- Yo tampoco entiendo que es lo que me pasa contigo. Solo te vi una vez cuando eras humana. Y no te he podido borrar desde que entonces. Y no te he podido borrar desde entonces. – su cara estaba profundamente turbada.
Eso me dejó estupefacta.
- ¿Me viste cuándo era humana? ¿Sabes quién soy? – le pregunté.
Negó con la cabeza.
- Esta es la primera vez que cruzamos palabras. Solo te ví una vez en las afueras del pueblo de Forks. Era de noche y venías sola. La presa perfecta pero cuando estaba a punto de atacarte, algo en tus ojos me detuvo. No fue el terror que se dibujó en un primer momento. Ni el deslumbre que lo precedió. Hasta hoy no he dado con eso. Volví varias noches después, porque no te ibas de mi mente. Pero no te encontré. Comencé a implementar mi don tratando de ubicarte.
- ¿Tienes un don? – le pregunté sorprendida.
- Soy un rastreador. Por eso buscaba la esencia de tu mente. Pero nada. En los bosques no estaba tu efluvio, así que casi doy por vencido; hasta que conseguí el aroma de otros de mi misma especie. Ahora nuestra. Y decidí seguirlos. Cuando los ví en una casa me ví sorprendido. Luego percibí una esencia parecida a la de tu mente; pero esta era diferente. Algo había cambiado en ella. Entonces la presencia de unos licántropos me interrumpió y opté por escapar. Volví a los días y me sorprendió verte por una ventana. De pie y más hermosa que nunca. Pero la esencia mental de esos…perros… - dijo con asco. – me alertó. Luego regresé y fue la primera vez que me viste. Noté el horror en tus ojos. Desde ese día me ha costado; más aún; poderte ver aunque sea solo por un momento. Me preguntaste cómo te localicé. Pues percibí tu esencia mental cerca y decidí seguirla. Había pensado en volver dentro de una semana.
Mis dudas tuvieron sus respuestas. Bueno algunas de ellas. Si mi corazón latiera de seguro me habría delatado. La puntada había sido sustituida por un vacío extraño. Sacudí la cabeza, tenía que estar centrada. Debía alerta.
- ¿En qué piensas? – me preguntó ansioso.
- En que debería irme. En que no debería haber salido sola y mucho menos estar con un extraño que tiene alarmada a toda mi familia.
- ¿Familia? – dijo incrédulo.
- Sí. Mi familia ¿Acaso no conoces eso? – le dije siendo irónica.
- Pues no. Llevó casi cincuenta años vagando solo.
- Y ¿Quién te convirtió? – le pregunté confundida.
- Alguien que estuvo conmigo solo dos años después de ser “creado”. Su nombre es Joshua y lo consideraba como un buen amigo. Tomamos caminos diferentes de una discusión.
Se notó la rabia en sus ojos.
- ¿Por qué pelearon? Si se puede saber. Claro está.
- No. No quiero ni pienso hablar de eso.
Sabía que no debía preguntar eso. Aún así me molestó su negativa.
- Bien. De todos modos no tenía derecho a preguntar. Espero que te vaya bien en tu “vida” y espero que no te acerques más; puesto que esto puede terminar muy mal. No conoces a que magnitud has molestado a mi familia.
<<¿Qué demonios pasa contigo? ¿A dónde huyes?>>, pensé.
- ¡No te vayas Ellen, por favor! – me dijo en voz alta.
Rápidamente avanzó la mitad de la distancia que nos separaba. Esta vez no me alejé.
- No sé cuando te veré de nuevo. Yo quiero saber qué es lo que me pasa contigo. Y solo lo comprendería. Se acercó aún más. Quedó apenas a dos metros de mí. Pude oler su exquisito aroma que me iba envolviendo como un hechizo de acción lenta. Me obligué a despejarme.
- Yo…no…necesito esto ahora, Thomas. Mi mundo estaba relativamente perfecto como para que vengas a trastocarlo. No puedo permitir que eso me siga sucediendo.
- ¿Trastocar? ¿Te siga sucediendo? Osea a ti también te pasa “algo”. ¿Por qué no quieres averiguar y encarar lo que sea que nos está pasando?
<<¿Por qué tienes que ponérmelo más difícil? Trato de hacer lo mejor por los dos>>.
- Ya te lo dije. No necesito “esto” ahora. Porque no pienso decepcionar a mis padres y hermanos. Lo siento, Thomas. Lo más prudente es que no nos veamos más. Y que no me busques.
- Sabes que no me quedaré tranquilo, ¿Cierto? Así me tome trescientos o quinientos años que cedas. Pero lo haré. – me dijo obstinado en su posición.
Respiré profundo para tener fortaleza.
- Pues buena suerte con eso. – le dije con acritud.
Volvió la puntada a mi estómago y más fuerte que antes.
Me volteé y seguí mi propio efluvio. Era la mejor manera de volver a casa.
Sentía un extraño dolor en el pecho. Llegué rápidamente puesto que corrí más veloz que nunca.
Trepé la pared y entré por donde salí. Esperé un buen rato por la reprimenda merecida; nadie llegó. Pero en vez de sentirme aliviada, me sentía vacía y triste.
La Ellen nueva me decía que había cometido un error garrafal mientras que la otra me animaba diciendo que hacía lo correcto. Que era mejor huir del amor a enfrentarlo; y mucho menos con alguien como Thomas. Eso jamás funcionaría.
Callé las voces en mi cabeza; pero eso no disminuía el vacío.
Preferí ponerme a leer. Me mantenía ocupada y así no sentiría nada.
<<¡Ja! Eso crees tú. Ilusa>>
Tomé mi libro favorito y lo abrí al azar. Y lo que leí me inquietó demasiado. Solo la última parte me dio aliento.
“Él pensó todo esto. Él es sabio, tiene experiencia, ha vivido, sabe conquistar a la mujer que desea.
<
<
Pero se engaña. Porque ya luché y vencí a mi corazón hace mucho tiempo. No me voy a enamorar de un imposible.”
<
Sentí que algo me alentaba y que lograría lo que me estaba aseverando. Que si ponía empeño lo lograría. La punzada dolió menos. Esto me servía de sedante. Pero solo era momentáneo.
Pasaron los días y para mí se hacían largos monótonos y aburridos. Una semana para ser exactos. Una semana monótona y aburrida.
Había escuchado un auto acercarse a la casa. Yo estaba con mamá en la cocina y salí a recibir a Carlisle.
- Hola, preciosa. – me besó en la frente.
- Hola, papá. ¿Qué tal tu guardia? – pregunté cortésmente.
- Muy movida, hija. Parece mentira cuantos accidentes pueden tener en un pueblo tan pequeño. – dijo meneando la cabeza. - . Por cierto recibí una carta de Zafrina. Aplazó su viaje hacia acá, dijo que había un motivo importantísimo que se le había presentado a último momento y esta semana se le hace imposible venir. Nos visitará en la primera quincena de enero.
Me apenó un poco esa noticia porque deseaba aprender a manejar mi don. Y además necesitaba pasar tiempo ocupada; eso me ayudaba a no pensar tanto en Thomas.
Como una escucha a mis plegarias; escuche a alguien aproximarse.
La puerta sonó.
- Hola, chicos. – dijo mi papá al abrir.
Cada uno respondió el saludo a su manera. Jacob con naturalidad. Seth amable como siempre. Y Leah…bueno es ella simplemente. También me saludaron a mí.
- ¿Y Nessie? – preguntó Jake.
- En el patio trasero. Está con Edward, Bella y Rose. Dijo él.
- La rubia psicópata, ¡Uju! – dijo con sombría sonrisa. - . Esto promete ser interesante. Tengo mucho tiempo sin contarle un chiste.
Él y papá se rieron.
El primero siguió de largo y luego mi padre se giró hacia Seth.
- Pasa a la cocina. Esme está allá y está preparando un pastel de calabaza. Sé que es tu favorito. Yo ahora les haré compañía.
- ¡Amos los pasteles de la señora Cullen! Le dijo él.
- ¿Y qué esperas pues? – le insistió Carlisle.
Pasó hacia donde le habían indicado y saludó a mamá. Se instaló para hablar y comer.
- ¿Por qué no pasas a la sala a tomar asiento, Leah? Sé muy bien que estos dos se van a tardar un buen rato.
Ella asintió y él la acompañó hasta el mueble.
- ¿Te apetece algo? – le preguntó Carlisle amablemente.
- No. Muchas gracias, doctor. – le dijo seria pero educadamente. Como siempre.
- Muy bien. Con tu permiso me retiro. – le dijo antes de salir.
Sentí pena por ella que estaba sola allí. Pensé que si alguien se tomara la molestia de intentar hablar con ella, no sería tan huraña.
Pasé la puerta y me encontré con ella en la estancia.
- Hola, Leah. – le dije cortésmente.
- Hola, ellen. – me miró extrañada.
Me senté en una poltrona que quedaba al frente del sofá, que era donde ella se encontraba.
- ¿Qué tal tu día? – intenté sacarle un tema de conversación.
- Lo típico. Con deberes en la Reserva y encargándome de proteger el trasero de Jacob Black. – dijo con naturalidad. No como si le pesara sino como la constatación de un hecho.
- Y de por sí eso lleva mucho trabajo. – le dije con una sonrisa.
Puso los ojos en blanco.
- Ni te lo imaginas. – dijo ella.
- En donde están Embry y Quil? – pregunté.
- Con sus respectivas novias. – se le escapó un sutil deje de amargura.
Me recriminé a mí misma el hecho de haberle hecho evocar un mal recuerdo.
Estuvimos un momento en silencio. Luego ella con suspicacia en los ojos me increpó.
- No me lo tomes a mal, Ellen. Pero ¿Por qué estas aquí, hablando conmigo?
Lo pensé durante una milésima de segundo.
- Creo que eres una chica interesante. Formas parte de una cultura mítica y legendaria. Pero al parecer nada de eso te hace feliz.
- ¿Eres psíquica como tu hermano? – se mostró irónica.
- No. Soy mujer…o por lo menos del sexo femenino. Si prefieres verlo de esa forma. Tu me entiendes.
Logré sacarle una media sonrisa.
- Eres extraña, chup…Ellen. – corrigió. – Perdona, no fue mi inten…
La interrumpí.
- Descuida. Primero que nada sé que soy rara. Y segundo es así como me alimento.
Ambas sonreímos tímidamente.
- No contestes si crees que mi pregunta es imprudente. Pero siempre tuve esta curiosidad. ¿No te parece grotesca la manera en que se nutren?
Le sonreí demostrándole que estaba ofendida.
- La verdad, debo reconocer que es algo bizarro al principio. Pero como no me alimento de humanos no me siento mal. Además no me pesa tanto porque no recuerdo nada de mi vida mortal.
- Así que era en serio. Jacob me había comentado algo al respecto, pero no me parecía real. En serio ¿No recuerdas nada? ¿Ni siquiera cómo te llamabas? – me preguntó con gran curiosidad.
- No, ni siquiera de eso. – le contesté.
- ¿Y el Ellen de dónde salió? – me dijo.
- De la cabecita de Alice. – blanqueé los ojos. - . Mi hermana posee una creatividad impresionante.
- Ah, esta bien. – acotó.
Estuvimos mirando por la ventana unos minutos. Ella rompió el silencio de nuevo.
- Yo no estoy acostumbrada a hablar de mis cosas con nadie. Disculpa si ves que soy algo renuente, pero estoy más que clara de que la vida no es un cuento de hadas. Y que para algunos en especial, es una historia de terror.
Dijo con una pena que le traspasó sus hermosas facciones indias.
- ¿Quieres que te diga una cosa, Leah? – ella asintió. - . A veces la vida parece ensañarse contra algunos en específico. Los trata de manera cruel, mientras que otros que a nuestro parecer; no se lo merecen tienen todo lo bueno. Pero pienso que mientras más se ha sufrido, mejor es lo que le depara el destino.
- Sí, sé muy bien de que hablas. – luego me encaró. -. Y también sé que conoces mi historia, pero déjame decirte ahora a ti una cosa. No necesito la lástima de nadie. – había recuperado su tono beligerante del comienzo.
- Mira, Leah. Yo no te tengo lástima puesto que no eres una enferma de gravedad ni una huérfana pequeña e indefensa. Solo te doy otro punto de vista de la vida, para darte aliento. No siempre tienes que ser tan altanera para demostrar que eres fuerte. Eso lo dejarás claro si eres capaz de levantarte con la cabezo en alto luego de haber caído estrepitosamente. Solo así enseñarás que vales tu peso en oro.
Los ojos se le llenaron de lágrimas pero bajó la cabeza y se limpió para que no la viera.
- Disculpa, Ellen. No quise ser grosera. Pero esta es mi manera de ser y no la puedo cambiar. – dijo tajantemente.
- Si puedes pero no quieres. Será el tiempo el que te ayude a sanar las heridas. O quizás otra persona.
Se mantuvo con la cabeza gacha.
- Eso no es posible para mí.
- ¿Y por qué no? – le hablé retadoramente. Con Leah debía hablar en un tono fuerte y firme ya que su personalidad no admitía otro tipo más sutil. Lo acababa de comprobar. -. Solo porque tu lo digas no quieres decir que sea verdad. En algún momento tus ojos verán la justicia que tanto anhelan. Sin necesitar piedras ni palos.
Levantó la cabeza y me vio fijamente.
- Hace tiempo que la espero. – entrecerró los ojos.
Le mantuve la mirada.
- Y llegará. Te lo juro. Talvez tarde, pero será perfecta.
Se rió irónicamente.
- Mírenme. Aquí estoy; sentada contándole mis problemas a una vampira mis problemas. Y más raro aún; aceptando sus consejos y “predicciones”.
- Yo no tengo la culpa de que tengas prejuicios contra todos los de mi especie. Sé que no te has dado a la tarea de conocer a mi familia, te puedo asegurar que no somos tan malos como nos crees.
Se rió algo avergonzada.
- Yo no he querido ser la villana pero…
- Pero sé que nos crees responsables de destrozar tu vida. Perdiendo lo que querías. Pero hoy te diré algo en nombre de todos: Discúlpanos, quizás es muy poco comparado con el daño inflingido pero no puedo ofrecerte otra cosa. No sabíamos que desataríamos una fiebre de transformaciones entre los de tu tribu; sé que esto no nos expía de culpas. Pero te digo que haré que haré cuanto esté en mis manos para intentar compensarte. Aunque te lo repito; creo firmemente que algún día llegará alguien que te borre las heridas.
Cambió su manera de verme.
- Eres decente, Ellen. Pero no me pidas que cambie mi manera de ser de un día para otro. Intentaré ser menos arpía.
Ambas sonreímos.
- No te pido que cambes, Leah. No soy quién para hacerlo. Solo te invito a que te abras un poco más y dejes de ver las cosas tan negras. Verás que te sentirás mejor. Gracias por dejarme hacerte ver las cosas un poco diferente; aun que sea.
- Espero que no pienses que seremos mejores amigas por esto. – no me lo dijo con maldad, más si con sorna.
Le dediqué un gesto de autosuficiencia. Tranquila. Eso es algo que nace con el tiempo. Y si bien entiendo a nuestras respectivas especies; eso es algo que las dos tendremos de sobra. – me reí y la dejé.
Veía el atardecer desde un rincón del patio trasero. Pero ya no disfrutaba como antes de su belleza. En mi interior sentía que algo me faltaba. La maldita punzada en el estómago me indicaba el porqué. Empecé a sentir que el aire me faltaba, como si lo necesitara para vivir.
<<¡Bastardo! ¿Cómo te atreves a alterar mi vida? ¿Quién te dio ese derecho?>>
Solo unos ojos me invadían la vista, y eran rojos. Tan diferentes a los míos que eran de un anaranjado amarillento. Ya casi estaban al tono de los de mi familia. Pero aún así los suyos me parecían los más hermosos.
Sacudí la cabeza para aclarar mis ideas. Pero entonces su nombre invadió mi cerebro. Chocando con cada espacio en que veía alguna posibilidad de escapar de él.
<
<<¡Maldición! ¿Hasta cuando estaré así?>>, me recriminé.
Fue entonces cuando recordé el tono aterciopelado de su voz que parecía contestar a mi pregunta.
“<
<<¡No! Me niego a sufrir eternamente. No quiero amar a un nómada que solo me acarreará dolor. Mi puesto está aquí con mi familia>>, me respondí.
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO ESTE NUEVO CAPÍTULO CHICOS...COMO SIEMPRE LES DIGO: ESPERO QUE ME DEJEN SUS COMENTARIOS QUE ME AYUDAN MUCHO CON LA TRAMA DE LA HISTORIA...SE LES QUIERE...*Marie Kikis Cullen*

FELICIDADES, ves q si puedes, solo hay q tener paciencia, todo sale ;-)
ResponderEliminargracias amii...no sé que haría sin su apoyo..en serio...
ResponderEliminar