lunes, 12 de abril de 2010

QUINTO CAPÍTULO




PELIGROSO

Me miraba insistentemente. No pude descifrar su forma de mirar. Debía atacarlo, en cierta forma quería. Pero algo que no sabía que era me congeló en el sitio. Cuando reaccioné, solo fui capaz de gritar.
- ¡Emmett! – bramé - ¡Ven por favor! – le grité con voz suplicante.
El extraño se desapareció al escuchar el primer grito.
Al momento se materializaron todos los hombres de la casa.
Emmett se colocó al frente mío en posición agazapada mientras que con la vista trataba de encontrar el motivo de mi histeria. Se aseguró que no había nadie y luego se volteó hacia mí.
- ¿Qué te pasa, Ellen? ¿Por qué gritas?
Solo lo abracé.
- ¿Por qué tiemblas? ¿Qué tienes? – me preguntó frenético.
No reaccionaba.
- Hija – papá me separó de mi hermano para que lo viera a la cara - ¿Qué te ha pasado? – dijo perentorio y alarmado a la vez.
Me forcé a tranquilizarme.
- Había alguien…en ese árbol – le señalé con el dedo. - .Tenía los ojos rojos. Me veía fijamente y eso me dio pánico.
- ¿Qué?. ¿Alguien? – bramó Emmett.
- Trata de tranquilizarte, hermano. Este no es alguien que conozcamos. Dijo Edward que analizaba mis imágenes mentales mientras hablaba.
- ¿Quién podrá ser? – no había visto a papá así nunca. Se veía muy preocupado.
- Voy a seguirlo. Veremos que tan rápido es. – acotó Em sombríamente.
- Te acompaño – dijo Jasper en tono molesto.
- Vamos todos- dijo Edward en tono autoritario.
- Ellen quiero que te quedes con tu madre y hermanas. No estés sola hasta que no sepamos de que se trata esto.

No me di cuenta que Esme, Rose, Alice Bella y Reneesme estaban en mi habitación; hasta que ellos salieron de allí.
Mamá me abrazó y me dirigió a la cama.
- Tranquila cielo. No dejaremos que nada malo te ocurra. Te lo juro.
- Pero ¿quién puede ser? – preguntó Bells.
- No lo sé. No lo conozco. – dije nerviosa.
- Si, ya escuchamos a Edward pero, eso me preocupa más aún.
- ¿Serán los Volturi de nuevo? – comentó Rosalie.
- No.- dijo Alice tajantemente.- Ellos no han sido. Ni tampoco es una panda de neófitos.
Bella me miró y recordé las historias horribles que me había contado.
Volturi: vampiros fríos y con ansias de venganza para con mi familia. Avaros y calculadores.
Neófitos: recién creados que son casi indomables. Vampiros salvajes. (Como se supone que yo debería ser).
- No sé quién será o que es lo que quiere. Pero no parece nada bueno por su aspecto.- dijo mamá concienzudamente, mientras me acariciaba el cabello para tranquilizarme. O para drenar ella. – Él de seguro trae un fin. Y que al parecer es peligroso.
- No nos apresuremos. Quizás no es nada malo – dijo Rose. – Tranquila Ellen. Un vampiro no es competencia para nueve.
Por momentos sentí como si mamá y Rosalie hubiesen cambiado de cuerpo.
- ¿Y si no es solo uno? – pregunté.
Todas nos vimos a la cara tratando de buscar una respuesta en las miradas de las otras.

Las semanas siguientes fueron tensas. Ya no salía sola de la casa. Ni tan siquiera para el bosque. Tampoco lo había hecho para la ciudad porque me daba miedo no estar preparada; así que lo posponía una y otra vez.
Cuando iba de caza, iba acompañada con mamá, papá, Em y Jazz. Era una situación bizarra porque no sabíamos de que teníamos que protegernos.

Pasaron tres meses desde aquella visita. Ta estábamos tranquilos y Alice no había divisado ninguna amenaza.

- No lo puedes seguir posponiendo más, Ellen – me regañó Emmett.- Tú no eres de las que son cobardes. ¿Qué te pasa?. Hoy vamos a ir a la ciudad. Y punto.
- Pero Em… - quise suplicar porque siempre me funcionaba, pero ese día no fue así.
- Pero nada. Arréglate que voy contigo – dijo tajantemente. Se giró para salir de mi cuarto.
Me quedé parada con la preocupación y la incertidumbre en el rostro. Se giró y me vió como estaba. Luego se acercó.
Me abrazó y me dio un beso en la frente.
- Todo va a salir bien, pequeña. ¿Acaso no confías en mí? – Levantó una ceja.
- Sí, claro que si – afirmé.
- Bien. Además no eres un animal salvaje. Quizás solo una gatita domesticada – se rió con desparpajo.
- No soy ninguna gata domesticada. Ya verás a qué te enfrentas cuando volvamos de la ciudad.
- Me parece genial. Pero ahora debes arreglarte.
- Y salió de la habitación.
Me dirigí al closet y reflexionaba sobre la clase de ropa que una neófita debería usar. Para ver de cerca a los humanos. Analizando la situación más el clima; el cual parecía cálido puesto que no había llovido y no estaba tan nublado; me decanté por un vestido de color gris y un cárdigan negro. No se me antojaba usar zapatillas por lo que opté por un par de tenis negros con blanco. Me recogí el cabello en una cola y bajé.
Rosalie me encontró en la parte inferior de las escaleras. – No pensarás irte con esos ojos color naranja cierto?
- Supongo que no – le contesté.
Puso en blanco los ojos y me dio un envase pequeño de color blanco con tapas azules. – Toma. Son lentillas de contacto los abrí eran de color marrón. Me ayudó a colocármelos. Eran muy incómodos – Toma tres pares extras. Seguramente los necesitarás, Ell.
- No hay de qué – concluyó.

Emmett, Carlisle y Esme esperaban por mi en la puerta.
- Te ves bien, Ellen- me felicitó mamá.
- Gracias.- le respondí
- Vamos. Que tenemos cosas que hacer – nos apremió papá.
Salimos y en frente tenía un hermoso carro negro, de líneas elegantes.
- ¡Qué belleza! – dije con la boca abierta.
- Es un Mercedes Benz – dijo papá. Está a la orden. Siempre y cuando aprendas a conducir primero.
- ¿Me enseñarás? – le pregunté ansiosa.
- Será un placer.- dijo él.- Luego hablaremos de autos. Tenemos que irnos.
Nos abrió las puertas a mamá y a mí. Ellos iban adelante y Em y yo atrás.
- Ellen, seguramente vamos a encontrarnos con muchas personas que querrán saber de ti. Así que tenemos que tener una coartada. – dijo Esme.
- De acuerdo. Pero ¿Qué diremos?
- Que eres una sobrina mía – dijo Carlisle. – Vivías en Suramérica con mi hermano y al morir tus padres meses atrás, tu pasaste a mi tutela.- seguía manejando mientras hablaba.
- Pero no me parezco a ustedes.
- Te pareces a tu madre que era oriunda de allá. – completó él.
- Ahh. Está bien. – de repente e vino otra pregunta a la cabeza – y ¿qué edad tengo?
- Diremos que tienes 18 – contestó papá.
- Pero si tiene el tamaño de una niña de doce…- replicó Emmett y se echó a reír.
Le saqué la legua.
- Y el comportamiento también. Yo opino que digamos que Ellen tiene doce años.
Lo empujé suavemente y me reí.
- Compórtense. – dijo mamá. Ya se estaba acostumbrando a la camaradería entre mi hermano y yo. Siempre riñendo en broma.
- No. Tiene dieciocho y punto. – dijo papá divertido al vernos a los dos en la parte posterior del carro.
- Papá; pero si yo tengo 18 entonces tu no tienes mi tutela puesto que soy mayor de edad.
- Bien dicho, Ellen. Pero no me refería a tutela en el sentido de custodia sino más bien, en que te quedaste sola en el mundo y te viniste con nosotros. Aún así, tienes razón. No utilicé el término debido.
- Está bien – afirmé – Repasemos mi nombre es Ellen Cullen. Eh… ¿No creen que me falta un nombre?
- Pues la verdad sí. – dijo Esme en dirección a papá. Luego se volteó hacia mí. - ¿Cuál te gustaría a ti?
- No lo sé, acepto sugerencias. Menos las tuyas. – le dije a Emmett.
- Y ¿eso por qué? – por su mirada me di cuenta de que él sabía lo que yo estaba por decirle.
- Porque tienes mal gusto. Y seguramente me querrás poner un nombre horrible. Así que abstente. – me reí a carcajadas.
Más bien; todos lo hicimos.
- Charlotte es lindo. – dijo mamá.
- Charlotte, Esme?. Debes estar bromeando. ¡Eso es francés!. Ese no me gusta. Ellen no se puede llamar así. – dijo firmemente.
- Yo creo… - le repliqué tenazmente - …que estás un poco perdido en tiempo y espacio. Porque mi papá está sentado justo delante de ti. Y tu eres mi hermano mayor. Así que no pretendas intercambiar los roles.
Se rió maliciosamente.
- Si, tu lo has dicho hermano mayor – hizo énfasis en la palabra. – Así que tengo derecho a opinar.
Hice un mohín como si lo estuviera ignorando.
- Nicole ¿es de tu agrado, hija? – sugirió papá.
- Ellen Nicole. Umm. Si, yo creo que sí.
- Ese me parece más pasable. – acotó Emmett - ¡Que por lo menos tenga un nombre normal! ¡Por Dios! – y se tocó la cara con falsa preocupación.
Le siseé bajo.
- Se puede saber ¿Qué demonios tenía el oso de ayer? O ¿sería que le diste algo antes de comértelo? – meneé la cabeza con falsa reprobación. – Porque hoy estás más anormal de costumbre.
Emmett se me echó encima con un movimiento súper ágil y me abrazó. Bueno, en realidad me estaba estrangulando.
- ¡Emmett!. Haz el favor de ser más delicado con tu hermana. Por si no lo has notado….es una señorita. – le regañó mamá.

Me reí en su cara. Y antes de soltarme me dio un apretón capaz de partir en dos a una persona. Hice un gesto de dolor.
- Hablo en serio Emmett Cullen. Y tu. Ellen. Colabora también
- Perdón mamá.
- ¿Qué Ellen es una señorita, dijiste?. ¡Ja! No me hagas reír Esme. Este es un demonio encerrado en un cuerpo. – dijo Em.
- Qué bueno que diste cuenta.- le susurré en forma amenazadora.
- Por favor. Ellen y Emmett, concentrémonos. ¿Estás conforme con el nombre, hija? Porque hay que mandar a hacer todos tus documentos pertinentes. – papá nos llamó a capítulo.
- Si…Ellen Nicole Cullen. Me gusta- le contesté.

Llegamos a la ciudad y pasó como había predicho mamá. Todos nos pararon en la calle para “saludarnos” y enterarse de quién era la nueva integrante Cullen. El señor Webber, las señoras Stanley y Newton; que andaban juntas. ¡Ahh! Y casi me olvido de mencionar al señor Yorkie.
Ya estaba aburrida de dar una y otra vez la misma explicación. Que si mi “papá” William se parecía mucho a “tío” Carlisle. Que yo me parecía a mi “madre” Nelly y que ella era latina, descendiente de hindúes y españoles.
En cuanto a la sed. Pues todo fue normal. Me ardía constantemente la garganta cuando se me acercaban; pero me encontraba controlada.
En un momento mamá y yo nos quedamos solas, porque papá y Em estaban ocupados comprando en una tienda cercana. Por si acaso.
Lo has hecho fabuloso, hija. Estoy orgullosa de ti. – me felicitó y me abrazó por la cintura.
- Gracias – dije emocionada. Todo había salido mejor de lo esperado. Y no me puedo quejar de Emmett, que se mantuvo a mi lado. Habíamos creado una fraternidad más que de hermanos, de amigos. Me ayudaba y me apoyaba en todo. Y desde el incidente del “extraño”; estaba paranoico y no le gustaba que saliera sin él. Y ni siquiera pensar en hacerlo sola.
Me sentía como la niña malcriada de la casa.
Ya habíamos pasado por varias tiendas y también hecho algunas compras cuando algo llamó mi atención.
Un hermoso carro de líneas deportivas y con un motor potente se paseó frente a nosotras. Alcancé a ver su nombre. Era un Mustang Hardtop. Estaba boca abierta, viéndolo hasta que Emmett cortó el hilo de mis pensamientos.
- Si no cierras la boca…seguramente terminarás tragándote al que se te pase por delante- y se carcajeó en mi oído.
Me volteé y lo tomé por el brazo. Le señalé el automóvil.
- Emmett. Mira eso. Es hermoso.
- ¿Ese que está en frente?. Es un Mustang Hardtop del 72. Yo tuve uno de esos. Corren muy bien. Ya no los hacen igual. – dijo con naturalidad.
- Wow. Es precioso. Debe ser impresionante a la hora de manejarlo.- seguía anonadada.
- Pues nada del otro mundo. Pero si es un buen auto. Puede alcanzar entre los 170 y los 190 km/ h. ¿te gusta? – me preguntó mi hermano.
- No. Me fascina que no es lo mismo.
- Bueno señorita ya es suficiente de la clase de autos vintage. Es hora de que vayan a casa. Emmett llévalas por favor. – dijo papá.- Hace rato recibí una llamada del hospital y me necesitan de emergencia.
- Está bien. Vamos . – nos apremió Em.

Estaba en mi cuarto leyendo. Cuando entró mamá.
- ¿Me permites pasar? – dijo asomando la cabeza por la puerta.
- Por supuesto mamá. Adelante.
- Gracias – entró y se sentó a mi lado en el sofá.- ¿Qué lees?
- Un libro precioso. De un amor nada convencional. Él era religioso y ella una mujer atrapada por la rutina de vida que te exige la sociedad. Es hermoso. – suspiré.
- Y ¿Y ese suspiro? – preguntó ella con una media sonrisa en los labios.
- No lo sé mamá. Debe ser que la historia me atrapó.
Las dos nos reímos.
- ¿Quieres que te peine? – me ofreció ella.
Ella tenía ganas de mimar a alguien y no sería yo quien se opusiera. Fue y buscó entre mis cepillos para el cabello y se volvió a sentar a mi lado.
- Ven. Recuéstate en mis piernas. – me convidó.
Solté el libro y me acurruqué. Me encantaba que ella peinara mi cabello así.
Hablamos de muchas cosas durante un largo rato. Pero un ruido estruendoso nos interrumpió. Yo lo conocía así que me levanté de un solo golpe y bajé las escaleras como un rayo.
Cuando abrí la puerta vi a papá bajándose del mismo auto que había visto esa tarde. Tuve que ahogar el grito de euforia.
- Hola hija. ¿Cómo estás?
- Idiotizada. Papá ¿Cómo lo conseguiste? – dije asombrada.
- Mediante un arreglo. – no me quiso dar más de detalles. - ¿Te gusta?
- ¡Me encanta! – grité
- ¿A qué se debe este alboroto? - dijo Emmett
- Mira Em. Papá se compró el auto que vimos temprano.
- ¿Me compré?. No Ell. Yo no necesito otro auto. Tu sí. – dijo él con una sonrisa expectante.
Me quedé muda.
- ¿Y bien? – dijo él esperando una respuesta.
- Debes estar bromeando ¿cierto? – le espeté
- No. Es tuyo Ellen. Pero rimero deberás aprender a conducir. – dijo con autoridad.
- ¡Gracias!.- le grité. Y corrí a abrazarlo. – Es hermoso. Es …perfecto. No sé qué decir.
- Con eso basta cariño. Disfrútalo. – y me dio un beso en la coronilla.
- Yo te enseñaré a manejar, Ell – dijo Emmett. – Ese pobre auto debe aguantar a una vampira demente al volante. Y ¿Quién mejor que yo para ayudarte con eso?
- Gracias. Y mil veces gracias hermanote. – dije saltando a sus brazotes.
- ¿Viste? A esto me refería. ¡Tienes cada arranque…! – dijo con falso terror.
- Pero, Ellen… ¿un Mustang?...dijo mamá preocupada.
- Mamá no te preocupes, no me va a pasar nada malo. Por lo menos el carro no puede herirme. – dije y le sonreí.
- ¿Ves? A eso me refiero. – dijo con reprobación. No entendía por qué se ponía tan difícil. - ¿Tú crees que sea buena idea, cariño? – le preguntó a papá.
- Ellen, esto es una responsabilidad que tienes que asumir. Porque si no conduces prudentemente serás una amenaza para los demás – exclamó concienzudo.
- Lo sé. Y estoy lista para hacerlo. En serio. – les dije tanta a él como a Esme.
- Confíen en ella. Lo hará genial. No entiendo tu desconfianza Esme. Ellen es muy buena en cada cosa que emprende, y necesita que se le aliente. Y no lo estás haciendo. – dijo en un tono medio molesto.
¿Cómo podía no amar a mi protector hermano?. Si era mi apoyo más incondicional. Lo amaba profundamente y no habría nada que hiciera que ese hecho cambiara.
Y gracias a él…me salí con la mía.

- ¿Un Mustang Hardtop, Ellen? Ese no parece un auto para una chica femenina. – dijo Jazz. Tenía la misma cara de incredulidad que Esme.
Hice un movimiento rápido de hombros.
- Eso no me importa. Esto fue amor a primera vista. Atrévete a negarlo. Su extraño color turquesa fue lo que en definitiva me cautivó. – le dije con naturalidad.
- Eres extraña, Ell – repuso con una media sonrisa.
- Lo sé. – estaba encantada con mi regalo. Además Em me había prometido que al día siguiente iríamos a comprar un estéreo nuevo.
- Hemos encontrado a la nueva consentida de Esme y Carlisle.- le susurró Rosalie a su esposo. Ambos estaban en la cocina. Así que los pude escuchar con facilidad. -. Perdón, se me olvidaba que también es la tuya. – percibí en su voz algo de ironía.
Luego se rió.
- Si eres tonta, Rose.- le dijo él -. Y claro que es su consentida. Es la más pequeña de todos. Yo solo cumplo con mis deberes de hermano mayor.
- Solo te recuerdo una cosa. Ella es tu hermana. No tu hija. Así que mídete un poco.
Emmett siseó.
- Yo – lo – sé. – separó muy bien cada palabra. En su tono dejaba entrever un filo muy grande de molestia. – y quizás quién debería medirse eres tú.
- Te hice una simple observación solamente.- se excusó ella.
- Pues ten algo de prudencia a la hora de hacer tus simples observaciones. Porque si aquí todos podemos escucharnos claramente, y si la lastimas tendremos problemas. Ella no te ha hecho nada para ganarse un gesto tuyo de esta calaña. – le espetó.
Y salió exacerbado de allí.
Volví a enfocarme en lo mío. Me dolía esa expresión de mi hermana. No había hecho nada para granjearme ese recelo.
- ¿Por qué estas triste, Ellen? – no había notado que Jasper seguía a mi lado.
- Porque me siento una usurpadora. Como si estuviese en el lugar que alguien más merece y esa no soy yo. – admití fijando la mirada en mis tenis.
Estábamos sentados en el patio trasero. Específicamente en los escalones de la entrada.
- Es por lo que acaba de decir Rosalie, ¿cierto? – no tenía ciencia que le escondiera lo que sentía. Igual lo iba a descubrir.
- Si. Es por eso.- admití
Comenzó a enviarme su influencia para tranquilizarme. Intenté rechazarla pero era imposible para mí. Por lo menos en ese momento.
- ¿Puedes no hacer eso?. Sinceramente prefiero regodearme en mi miseria. – le dije con pesar.
- Lo siento. Es casi como una reacción involuntaria. Y no quiero que sufras.- eso me descolocó con el único de la familia con el que había tenido pequeños roces había sido con él. Así que su respuesta me descolocó un poco.- y deja de ser tan dramática. Sé que no compartes la misma confianza y el mismo cariño que con Emmett, pero te veo como una hermana pequeña que hay que cuidar. Y cuidar incluye no dejar sufrir. – me dijo con una sonrisa que al parecer le costaba. Parecía avergonzado.
- Gracias. Es lo más hermoso que me has dicho desde que nos conocimos. Es inexcusable que no te haya prestado atención. Discúlpame. en serio – le supliqué.
- No tienes por qué hacerlo. Al fin y cabo soy yo el que se ha mantenido con una actitud casi hostil. No ha sido muy educado de mi parte.- en su manera de hablar se dejaba entre ver al caballero sureño del cual me había hablado Al la otra noche.
- Me voy. Debo ayudar a Alice con unos pendientes. Y recuerda que no tienes porqué sentirte mal por nada ni por nadie, no eres una usurpadora. Tienes el lugar que te has ganado y si te has vuelto “la consentida” de alguien…pues será por esa magnífica personalidad de la cual no pareces estar al tanto de tener.- dicho esto me sonrió y se fue.
<> pensé.
Pasé mucho más rato allí sentada. Pero Bells llegó a hacer me compañía.
- Esta hermoso el atardecer. – dijo rompiendo el hilo de mis pensamientos.
- Pues sí. Por eso me gusta sentarme cada tarde a esperarlo. No hay belleza que se le iguale. – le respondí.
- Me gustaría estar de acuerdo contigo pero la verdad es que no me parece cuando los comparo con Edward y Reneesme. – dijo divertida.
- Buena esa. Pero tú no eres imparcial- ambas reímos.
- Cierto. – admitió.
- Tengo una curiosidad. ¿Por qué Jacob no ha traído a los lobos con él todavía? – tenía esa curiosidad desde hace tiempo atrás.
- No sé si te lo han explicado, pero Jake es el jefe de su manada. Es el alfa. Sus órdenes se obedecen siempre, quieras o no. No sé de eso. Son normas lobunas. Y pues él tiene a su cargo cuatro más como ya sabrás. Sus nombres son. Seth, Leah, Embry y Quil…
- Espera un momento. – le interrumpí. - ¿Leah? ¿Hay una mujer en la manada? – ni siquiera en los cientos de libros que había leído ya, vi algo similar.
- Si, es una mujer. Pero ni pienses que es muy tranquila, dulce y femenina. Todo lo contrario. Es testaruda, fuerte y la mayoría del tiempo es altanera; pero es muy buena persona. Es sumamente leal a Jacob. Por eso es su beta. La segunda al mando. Quil y Embry han sido muy buenos amigos de él desde que eran niños. Son sus mejores amigos para ser exactos. Y Seth es el niño más encantador que puedas conocer. Nos apoyó muchísimo. Incluso cuando nadie quería hacerlo. Por eso más todos los acontecimientos que te he narrado es que él no los pondría en peligro. Tu mostraste un autocontrol impresionante. No quiero ser vanidosa per solo había mostrado yo. Aún así…
- No los quiso arriesgar – completé la oración.
- Exacto. Hemos esperado un posible ataque de tu parte. Pero nada. Has resultado todo un prodigio, Ellen. – nos reímos juntas -. Los chicos han rondado la casa; solo que no han pasado. Hablaré con Jake para que los conozcas.
- Eso sí que sería de lo más interesante. – respondí pensativa.

Me encontraba en mi habitación. Viendo por la ventana y disfrutando de la noche. Cuando un sonido de pasos que se aproximaban me interrumpieron.
- ¿Se puede? – preguntó Carlisle detrás de la puerta.
- Claro que si, papá. Dime. ¿Qué se te ofrece?
- Necesito hablar contigo – exclamó pensativo.
- Te escucho. – le respondí intrigada.
- Bien. Como te has dado cuenta eres dueña de un don. Uno muy extraño por cierto. Y ya es hora que empieces a entrenarlo. Así que la próxima semana vendrá alguien que te ayudará con eso. – explicó con su flema habitual.
- Me parece genial. Y ¿Cómo se llama el o la profesora?
- Su nombre es Zafrina. Y viene del Amazonas, es una vampiresa bastante pragmática. Y aunque es muy cortés tiene un carácter fuerte y recio; así que ni pienses que será como tratar con Emmett. – contuvo la risa -. Espero que aproveches al máximo esta instrucción porque es muy importante que sepas controlar tu don.
- Así será papá. Seré buena con ella y me portaré mal con Em después. – ambos reímos al unísono.
- Me parece bien, Ellen. Mientras no lo hagas en medio de la instrucción. Ah por cierto Jasper también te ayudará en cuanto a Batalla. En esa materia él es el experto.
- Pero sin tranquilizantes. Si no preferiría…
- No señor señorita…Lamento decirle que usted debe aprender todo lo concerniente a la lucha cuerpo a cuerpo. Nunca se sabe cuándo vas a necesitar defenderte. Y si algún día decides seguir tu propio camino… - se reflejó la tristeza en sus ojos, más no en su voz. Lo disimuló. - …no estaría de más que sepas cuidar de ti. Si no tienes a nadie más contigo.
Me acerqué a él para tocarle el rostro y confortarlo.
- Papá – le miraba fijamente a la cara mientras mi mano permanecía en su mejilla.- No tengo que seguir camino alguno si ustedes no están conmigo. Solo partiré de aquí en cuanto ustedes me lo indiquen – me sentí aterrorizada de solo pensar en eso.
Tomó mi mano entre las suyas y me miró dulcemente.
- Duco mucho que ese día pueda llegar, Ellen. Has sabido ganarte el cariño de todos. Y ni hablar de Esme que te adora.
Reí. Tenía razón; mamá no escatimaba en atenciones para conmigo.
- Y ¿Tú? – pregunté suspicaz.
- Por supuesto que sí, hija. Te has ido convirtiendo en la niña de mis… - se calló y puso una sonrisa torcida. – No me vas a hacer caer en disputas con las demás. Eres malvada, Ell.
Ya ambos nos reímos muy fuerte por unos instantes.
- No hace falta que termines. – le abracé por la cintura -. Ya entendí.
Me devolvió el beso y me dio un beso en la coronilla.
- Nos vemos mañana, cariño – y se separó.
- Hasta luego papá.

Era una noche tranquila. El viento soplaba con calma. Solo se escuchaba su paso entre las copas de los árboles y de los cientos de insectos <>. Tomé mi libro favorito de ese momento “A orillas del río Piedra me senté y lloré”. Era una preciosa. Pero no entendía como una persona podía trastocar el destino de otro. Y solo por amor.
Sentí una punzada en el estómago y finalmente entendí que cada vez que pensaba en ese tema tenía esta fuerte sensación que me resultaba tan desagradable. ¿Qué significaría? ¿Sería algo concerniente a mi pasado borrado?. No tenía la más mínima idea.
Volví a concentrarme en la brisa y e su efecto relajante. En esa noche oscura.
Y lo vi. De nuevo.
Había vuelto y me miraba desde el mismo árbol en que lo había hecho la vez pasada. Sus espeluznantes ojos rojos me miraban sin cesar. El terror me pedía gritar. Pero algo poderoso me lo impidió.
¿Qué quería de mí? ¿Por qué me acechaba?



***

CHICOS NO ME MATEN...TENGO QUE PONERLE UN POQUITO ENIGMA A LA COSA..JAJAJA..LOS QUIERO Y GRACIAS POR SEGUIRME...XOXO...MARIE KIKIS CULLEN

4 comentarios:

  1. Que tal nos dejas otra vez con la boca abierta, esperando el proximo capitulo. Me encanta como es emmet con ellen.

    saludos y exitos

    ResponderEliminar
  2. Buenisimo Ami =)... excelente de nuevo! <3

    ResponderEliminar
  3. GRACIAS CHICAS...LAS QUIERO...EN SERIO...<3

    ResponderEliminar
  4. awww demasiado buenooo adorooooo a este Emmett <3<3< es exelenteeeee

    ResponderEliminar

Todo eso que piensas de lo que publico es muy importante para mí, así que no lo guardes para tí, dime lo que piensas que me interesa conocer tu opinión...

Crees que me merezco un comentario?

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Followers