martes, 9 de marzo de 2010

CAPÍTULO II

CAPITULO II

LA PRIMERA NOCHE

Carlisle y yo tuvimos que esperar a Esme para poder partir a cazar. Cruzamos el patio trasero y corrimos bosque adentro. Fue una experiencia increíble, a pesar de que ya había visto a los ocho miembros de la casa materializarse con una velocidad inhumana frente a mí, no creí ser capaz de hacer lo mismo al ser una novata en esta vida tan diferente que me habían otorgado. Atravesar esos bosques en cuestión de segundos, se volvió más placentero de lo que esperaba, sentí como si cada músculo de mi cuerpo hubiese estado en reposo mucho tiempo y necesitara moverse.

Y así fue, mis pies se desplazaron a un ritmo humanamente imposible, la experiencia resultó muy estimulante. La sensación del viento en mi cara, los diferentes olores del bosque, ¡todo! era nuevo e interesante.

Esme y Carlisle me enseñaron todo lo que necesitaba saber acerca de la caza. Realmente él fue quién me impartió los conocimientos mientras que ella lo asistía con una que otra anécdota digna de recordar. Cacé un par de siervos puesto que parecía ser lo único que había por las adyacencias de ese bosque; y a pesar que los bebí hasta saciarme, seguía sintiendo un débil eco de la sed que antes me había quemado.

Regresamos a casa y en ese trayecto pude notar otras cosas que no tomé en cuenta antes, como el sonido de los variados tipos de fauna silvestre y los peculiares olores de la vegetación. Me resultó un poco extraño a pesar de que sabía que esta nueva forma era la de un ser indestructible, sentirme algo indefensa o aterrada en cuanto veía un insecto. La teoría de Carlisle es que me traje a esta vida una fuerte fobia de la anterior.

Me pregunté: ¿Cuántas cosas habían permanecido en mí de un pasado que parecía haber sido borrado? Realmente no lo sabía, y ni siquiera pensé que fuese posible recuperar un mundo de recuerdos. Solo tenía una vida y era esta que me había regalado el doctor Carlisle y la señora Bella, y por supuesto estaba dispuesta a construir una eternidad junto con esa familia de la cual ya parecía formar parte.

¡Ellen Cullen!. Ahora yo era la novena integrante de esta peculiar familia vampírica. Y estaba ansiosa por conocer todo lo que esta existencia me tenía deparado.

Cuando llegamos a la casa me sorprendió no ver a nadie, puesto que esperaba el mismo público que tuve antes de partir. Solo Alice se apersonó a la sala en cuanto nos oyó llegar.

- ¿Y? ¿Qué tal la primera expedición de caza, Ellen?

- Fue, ¡sorprendente! tengo mucho que prender, Alice. El doctor Cullen tiene mucha paciencia conmigo y la señora Esme siempre me trata con amabilidad. -Le respondí a la interrogadora.

- Ellen, llámame Carlisle- Me propuso el doctor – ya que has decidido formar parte de nuestra familia nada me complacería más que me vieras como un padre. Claro, si tú así lo quieres.

- Eh…si…padre. – le contesté un poco dudosa ante la inesperada situación suscitada.

- Bueno querida Ellen, si a mi esposo lo tendrás por padre espero no sea demasiado pedir si querrías tenerme como una madre, yo ya te considero mi hija.

- No tengo ningún problema con eso, mamá -dudé un segundo de lo que pensé en decir pero luego vi tres rostros expectantes y añadí- Pero para serles sincera aún se siente raro llamarlos padres ¡no me malinterpreten! – me apresuré a excusarme -solo digo que apenas hace un rato me desperté en blanco, sin nada ni nadie en el mundo y ahora resulta que tengo padres y seis hermanos.

- ¡Y una hermosa habitación en el tercer piso! – me interrumpió Alice.

- ¿Qué? – definitivamente esa criatura lograba tomarme por sorpresa con sus comentarios cada vez que quería.

Esme la miró con ojos de reproche maternal y la increpó.

- ¿No te parece más adecuado que vayamos poco a poco con Ellen? Ella es nueva en esto y no podemos hostigarla.

- Cierto, Alice – dijo Jasper, quién apareció de la nada y se integró en la conversación como si hubiese estado presente desde el principio. – Mejor deja que Esme y Carlisle le expliquen todo lo necesario y nosotros nos retiramos, puesto que tenemos algo de que hablar.

- Pero yo quería enseñarle su alcoba…

- Lo hiciste con Bella, ahora deja que ellos se encarguen de Ellen.

Ella respiró en son de derrota.

- Está bien Jazz. Nos vemos por la mañana Ellen. Buenas noches Carlisle, Esme.

- Buenas noches Alice – contestaron al unísono la pareja, quienes se encontraban abrazados por la cintura.

- Que pases buenas noches Jasper – dijo Carlisle. – Y gracias- Me di cuenta que se refería a que se llevaba a Alice y tuve que contener la risa.

Jasper sonrió haciendo un gesto de paciencia.

- Buenas noches ¿Carlisle…Esme?. -De repente la cara del rubio cambió de forma y se tornó muy serio cuando añadió con tono tajante. – Ante cualquier eventualidad, me mantienen informado. Estaré al pendiente.

- Lo sabemos, hijo. Gracias de nuevo. Dijo Carlisle.

Jasper me miró raro.

- Hasta mañana, Ellen. Que pases buenas noches.

- Hasta mañana – le contesté medio huraña porque no me gustaba como me miraba.

- Adiós, Ellen o… ¿debería decirte hermana?

- De cualquier forma está bien para mí – le contesté divertida ante su ocurrencia.

Se rió y juntó sus manos.

- Entonces nos vemos luego, ¡hermanita!. Y se fue dando saltitos cual bailarina mientras Jasper la seguía de cerca.

- Como habrás notado, Ellen. Alice es un torbellino imparable, es sumamente extrovertida pero a pesar de todo es muy generosa. Junto con Emmett tiene la personalidad más alegre de la casa. -Me explicó mi padre.

Le sonreí con timidez.

- Ya lo noté. –Me sentía muy cómoda en presencia de ellos. – Y no me molesta para nada, por el contrario me divierten sus ocurrencias.

- Nunca te aburrirás si ella está cerca, amor. –Añadió Esme. – Al menos que te lleve de compras.

- Mejor ni hablamos de eso, no vaya a ser que esté escuchando, la interrumpió su esposo. Haríamos bien en llevarla a su alcoba.

- Sí, vamos cielo. – me dijo ella tomándome por la cintura como antes tenía a mi padre.

Tras subir tres niveles por la magnífica escalera de caracol, nos dirigimos al extremo más alejado llegando justo frente a una puerta.

- ¿Es esta? – pregunté señalando la puerta que tenía en frente.

- Si, Esta es tu habitación, cariño. –Dijo mi nueva madre.

- Es…hermosa…es increíble. -Le respondí con asombro.

- ¿En serio te gusta? – me preguntó Esme ansiosa.

- ¿Por qué no habría de gustarme? – añadí vislumbrada

- Si hay algo que no te guste, o te haga sentir incómoda; no dudes en hacérnoslo saber. Lo cambiaremos de inmediato sin…

- No, Carl…padre – rectifiqué para poder interrumpirlo - …esto es más de lo que imaginé y no sé si lo merezco. – de pronto me sentí afligida por la incertidumbre.

- Eso no importa, hija –reconfortó él, levantándome el mentón para que lo mirara a los ojos; ni siquiera me di cuenta de que había bajado la cabeza. – Nadie te juzgará aquí por nada. Y si tuviste tus decisiones erradas, entonces toma esta oportunidad para comenzar desde cero. –Me sentí profundamente conmovida, pero no fui capaz de hablarle, por miedo a ser demasiado melosa en vez de agradecida.

- Pero debes saber que estaremos contigo, hasta que tú así lo decidas. –terminó Carlisle.

- Ellen, cariño. Tú no estás sola, aquí tienes a una familia que te querrá y te protegerá ante todo y todos. – me dijo mamá y luego me dio un abrazo. Yo le correspondí con uno igual o eso pensé yo.

De repente y sin una explicación, ella hizo un esfuerzo por apartarse de mí. La solté confundida y dolida por su acción.

- Hija – me llamó Carlisle pero yo retrocedí, no entendí lo que pasaba. Todo era perfecto y de pronto se estropeó. – No, por favor…escúchame. –Dijo tendiendo sus manos hacia mí.

- ¡No!...no los entiendo. Les dije. – Primero me ofrecen todo, familia, cariño y luego yo…

- ¡No!...espera un momento. No te precipites – explicó él algo desesperado– Esme se alejó así, porque en este preciso momento tú eres mucho más fuerte que nosotros. Es parte de esta nueva vida. Lamento no habértelo dicho antes de que te sintieras así.

Esme se acercó y me tomó de las manos.

- Discúlpame – y me las apretó queriendo demostrar con ese gesto que hablaba en serio – No fue mi intención hacerte sentir mal, es solo que me abrazaste con mucha fuerza. Y me sonrió con timidez. No podía enojarme con alguien así. Era imposible.

- ¿En serio?- eso me descolocó por un momento, porque no me pareció hacer casi fuerza. –…yo solo quise devolverle el gesto y…

- Ella se separó porque sintió tu fortaleza. – me interrumpió mi padre de nuevo. – Ya te lo dije hija, cuando eres una neófita, tienes una fuerza mayor a la de los vampiros de más edad. Esto se reduce posterior al año de la conversión.

- Oh! Todo esto es increíble. Parece un cuento o una historia fantástica. –dije con una mezcla de sentimientos. Entre asombro y emoción. - ¿En serio soy más fuerte?

- Pues sí amor. Así que procura ser cuidadosa con las cosas de tu alcoba y con todo porque con un solo movimiento en falso, puedes causar un gran desastre. –Me dijo mi madre adoptiva divertida por su comentario.

- Lo haré mamá. Descuida.

- Bueno. Pasada esta situación, esperamos que te sientas a gusto, aunque sé que no dormirás, deberías descansar. Para eso tienes la cama, el baño, aunque debes saber que no tendrás más necesidades fisiológicas. En fin, lo que necesites tómalo con confianza. – me explicó Carlisle.

- Y bueno ¿ya observaste cada rincón de tu cuarto?- preguntó mamá.

- No, solo de pasada. – e inmediatamente comencé a revisar el espacio que me pertenecería a partir de ahora.

La habitación tenía una vista espectacular al sur y poseía un ventanal inmenso que iba de piso a techo. En el lado oeste se encontraba un hermoso equipo de sonido que parecía estar sin usar aún. Y un televisor de LCD inmenso. En el espacio central estaba una cama descomunal con un hermoso cobertor de color plateado. Al norte se encontraba un sofá de color negro. Y las paredes eran de un luminoso color blanco al igual que el resto de la casa. Se veía cálido. ¿Cómo me iba a sentir fuera de lugar siendo tan mimada, siendo tan solo una recién llegada?.

- ¿Acaso todo esto es nuevo? – pregunté sin poderme contener.

- Sí. – me respondió mamá – Verás, es que si accedías a quedarte con nosotros, pues ibas a necesitar tu espacio y tus propias cosas. Además Alice es una compradora compulsiva.

-¿Y si me hubiese negado a quedarme? ¿Qué habrían hecho? – pensé en el despilfarro que resultaría si mi decisión fuese sido otra.

- Pues en ese caso…no lo sé…supongo que lo venderíamos para darle el dinero a la gente que más lo necesite.

Si en algún momento estuve segura de querer pertenecer a los Cullen, fue justo allí mismo, pues mi nueva madre me demostró lo generosos que eran.

Papá llamó mi atención cuando me empujó hacia adelante y pude notar una puerta que estaba al sur de la habitación, en uno de sus costados.

- Y este es el baño – indicó Carlisle con su mano para que entrara a ver.

- Ah – fue lo único que alcancé a decir.

Junto con el ventanal panorámico se encontraba este, y esa gran vista continuaba por todo ese alero del sanitario. Sus paredes estaban revestidas en piedras naturales que despedían unos sutiles detalles plateados. Me encantaba, parecía que estaba en frente de un oasis, o en plena naturaleza; pero sin la presencia de esos horrorosos insectos que tanta grima me daban, todo era simplemente perfecto.

La ducha era muy amplia con puertas de cristal. Incluso había una tina justo al lado y como estaba recubierta en piedras parecía un pozo, lo que le confería un aspecto casi mágico a todo.

Me reí con ganas al ver lo que tuve en frente cuando me giré.

- Y si no tengo necesidad de venir al baño… ¿para qué se supone que es eso? – dije señalando el contemporáneo inodoro.

Carlisle y Esme se rieron con ganas. Después ella repuso con paciencia.

- No es precisamente para ti, Ellen. Es solo para guardar “las formas”. En algún momento tendremos que mudarnos y no creo que a la gente le parezca normal una casa sin baños. O peor un baño sin inodoro.

Sonreí divertida.

- Tienes razón- asentí.

- Me di vuelta para encontrarme con el lavamanos y fue entonces cuando me ví en el espejo.

- ¡Aw! – di un grito ahogado y en un parpadeo Carlisle y Esme estuvieron a mi lado. - ¿Esta soy yo? – miré a la mujer de ojos escarlatas del reflejo.

- Si Ellen, pero tranquila – comenzó papá pero lo interrumpí.

- ¿Estos son mis ojos? – Me miré de nuevo al espejo – Soy aterradora, soy…soy…

Los miré confundida y trastocada por la imagen.

Mi padre avanzó con prevención hacia mí. Y me colocó sus manos sobre los hombros.

- Ellen, no eres un monstruo, si era eso lo que ibas a decir. – me dijo a modo consolador - , ese es el color que tiene los “neonatos”. En unos meses tendrás los ojos del mismo color que los nuestros. Eso solo se logra con una dieta animal.

- ¿En serio? ¿Dejaré de ser un bicho raro?

Esme se me acercó y me acarició la mejilla.

- No eres un bicho raro, cielo. Es más eres muy hermosa. Mírate bien. Y me volteó hacia el espejo.

Y por primera vez me vi con claridad. Era trigueña como lo había visto antes pero eso no lograba ocultar la palidez en mi piel. De contextura delgada y grácil. Con el cabello negro hasta la cintura, en donde me caía en ondas suaves. Mi boca era pequeña pero con labios llenos. Poseía una nariz perfilada y unos ojos almendrados; parecían tener un aire étnico, ¿quizás…hindú?...Traía puesto un vestido en corte tipo A en color melocotón. Quizás era hermoso, pero mi experiencia de caza lo dejó muy maltrecho.

Me llevé ambas manos a la cara, para ver si era real. Mi reflejo también lo hizo. Admito que me veía bien, pero estaba hecho un completo asco.

- No mamá – me volteé hacia Esme – si soy un bicho raro y muy desaliñado además. Mírame, estoy sucia….

- Es por la caza, Ellen – dijo Carlisle mucho más tranquilo al ver que ya se me había pasado el ataque.

- Pero ustedes no están así…Bien, de todas formas lo haré mejor la próxima vez.

- ¡Esa es la actitud de una Cullen! – dijo Esme emocionada.

Le sonreí. Me sentía cómoda al ver que ellos comprendían cada altibajo emocional que tenía.

- Amor- le dijo mamá a mi padre- ¿Por qué no me das unos minutos a solas con ella? Hay algunas cosas de “chicas” que me gustaría explicarle.

- Está bien cielo. – asintió Carlisle – Te veré en la habitación.

Mamá asintió.

- Bien, entonces es momento de que me retire, ¿necesitarás algo más hija?

- No, padre. Muchas gracias por “todo”.- le dije con más emoción de la que pretendía.

- No hay de qué, descansa, date un baño y ponte cómoda.

Se me acercó, me besó en la frente y luego salió del baño y de la alcoba.

- Mamá ¿qué eran esas “cosas de chicas” de las que no hablaste delante de papá?

- Pues básicamente, es acerca del periodo y esas cosas. No creía que te sintieras cómoda hablando eso delante de él.

- Tienes razón. Aunque él es médico está acostumbrado a “esas” cosas. Pero de todas maneras ¿qué son esos temas de los cuales desconozco?

- Bueno…nosotras…al igual que con las necesidades mundanas humanas, dejamos de ver la menstruación. Y por lo tanto no podemos concebir.

Pude notar una ligera sombra de tristeza en sus ojos. Me pregunté el por qué.

- Pero bueno, somos una familia numerosa y dudo que te vayas a sentir sola aquí. Aunque si necesitas algo, por favor, no dudes en pedírmelo. –Me rogó con sinceridad y luego sonrió. – para eso soy tu madre, ¿no?...bueno, la de todos ustedes.

Ahora fui yo la que rió.

- Si, claro que si madre.

Me dirigí a hacia una puertas negras inmensas, que había pasado por alto.

- ¿hacia dónde dan estas puertas?

Esme sonrió tiernamente, como en son de disculpa. Para luego aclarar mi duda.

- Dan directamente a tu armario. Allí encontrarás todo lo que necesites. Debería quedarte cualquier cosa que elijas, puesto que son de tu talla.

- Esto solo puede ser obra de Alice- dije incrédula ante lo que tenía en frente.

Abrí las puertas y me encontré con toda clase de ropa que se pudiera imaginar. Y mejor ni hablar de la cantidad de zapatos de todos los estilos.

- Sí, fue Alice.

- Esto es demasiado. Gracias mamá, y con respecto a Alice…

- Mejor esperas hasta la mañana para hablar con ella – dijo Esme

- De acuerdo.

- Bueno te dejo para que te relajes hija. Buenas noches.

- Adiós mamá. Que descanses.

Ella me besó al igual que papá en la frente y se retiró.

Busqué en el armario de mi baño una toalla cuando noté que allí estaba doblada una bata de baño de color fucsia la cual me encantó.

Me desvestí y entré en la tina. Abrí el grifo y mientras se llenaba de agua tibia, noté que al lado había sales corporales en una hermosa cesta. Agregué una que tenía aroma a rosas y me relajé. Dejé que mi mente divagara entre todas las imágenes que había visto en ese día. Duré un buen rato recordando los olores.

Después de un tiempo inconmensurable salí de la bañera, me sequé para colocarme la bata. Ví que decía algo a uno de los lados.

- Ellen Cullen – leí en voz alta. Esto sin duda alguna era otra muestra del talento de Alice. – Me gustaría saber ¿qué hubiese hecho si no me fuese gustado ese nombre? – me reí de solo imaginarme su cara.

Me paré delante del inmenso armario negro.

- ¿Y cómo diablos sé en donde queda cada cosa?...Jum.

Comencé a registrar. Me alegré al encontrar primero la ropa íntima. Luego fui por algo cómodo, ¿un pijama…tal vez?

Después de toparme con una cantidad casi absurda de ropa, por fin encontré algo adecuado. Me coloqué una batita de seda de color azul rey y me alejé de ese “agujero negro” lo más rápido que pude.

Bajo mis pies desnudos noté por primera vez una alfombra mullida de color dorado, se sentía muy cómoda de seguro que se podía dormir plácidamente en ella.

Levanté el cobertor de la cama y me recosté.

- Tienen que estar bromeando… ¿cómo no voy a dormir? – dudé, pero la verdad no tenía sueño y estaba más relajada gracias al baño de inmersión.

- Quizás si apago la luz…- Y dejé la habitación a oscuras. A excepción por la luz de la luna llena que traspasaba la pared de vidrio al sur del cuarto.

Me acosté en todas las formas posibles para conciliar el sueño. Moví las almohadas, el cobertor, todo lo que tenía en mi cama. Después de quien sabe cuánto tiempo, me sentí idiota; “ellos” tenían razón.

- Ok. Lo acepto. Ya no dormiré más…Pero y ¿qué hacen por las noches entonces?

Como un rayo de iluminación momentánea me llegó la respuesta, recordé las formas en que mi padre estaba con mamá, Alice con Jasper, Edward con Bella… y comprendí que llevaban una vida de pareja “normales”.

Me pregunté si yo también encontraría a alguien “así” para mí. Sentí una punzada en el estómago que no pude descifrar. Volví a sentirme idiota y sacudí mi cabeza, a ver si asi lograba sacarme esa estúpida idea.

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