sábado, 20 de marzo de 2010
TERCER CAPÍTULO
EN FAMILIA
- ¡Ahh, que fastidio! – me dije a mí misma.
Había pasado la noche escuchando música “obligatoriamente” en un iPod que había en una mesita al lado de mi cama. Digamos que los “ruidos” de Emmett y Rosalie, no me hacían sentir cómoda.
Esperé a que alguien anduviese por la casa para poder salir de la habitación.
Cuando escuché ruidos en la cocina, me levanté de la cama y me fui al baño. No tenía necesidades mundanas pero se me antojaba una ducha rápida.
En cuanto salí del baño fui a vestirme. Solo quería estar cómoda. Abrí las puertas del “agujero” con desánimo.
- ¡Diablos! La expedición continúa…- dije con pesar.
Pero no fue tan malo como la noche anterior, ya que recordaba perfectamente que había visto y en donde, debo acotar que mi olfato también me ayudó, ya que guardó con precisión el aroma particular de cada tipo de tela.
Al final opté por un jean y una camisa de mangas tres cuartos de color marrón. Me coloqué unas zapatillas a juego con ella.
Estaba preparada para mi primer día vampírico, con mi nueva familia vampira.
Bajé las escaleras en un santiamén y me dirigí a la cocina. Era mamá y para mi sorpresa: estaba cocinando.
- ¡Buenos días, Ellen! - dejó lo que estaba haciendo para darme un beso y una abrazo. Me sentí tan cómoda como en la noche anterior.
- Hola, mamá. Buen día. – le respondí algo emocionada. Regresó mi confusión. ¿Por qué cocinas?, ¿para quién?.
Aunque las tocinetas y los huevos fritos tenían buena presencia, se me antojaron tanto como un vaso de vinagre.
- Esto es…para unos amigos muy… especiales… - a Esme le cambió la cara. Como si de repente le costara explicarse. – Verás ellos son…
- ¡Buenos días, Familia! – el saludo entusiasta y ensordecedor de Emmett inundó la cocina - ¿Qué tal su noche? – volteó a mirarme - ¿Cómo dormiste Ellen? – luego me picó el ojo.
Me sonreí divertida, por su desvergonzado sentido del humor.
- Emmett, ¿Cuándo será el día en que llegues saludando de una manera decente? – le recriminó mamá con una risa contenida en la voz.
- Nunca. – respondió él con desinterés dejando caer sus grandes hombros. – Para aburrirse ya tienes a Jasper y a Edward, así que necesitas que alguien le dé vida a esta casa. Y rompió a reír a mandíbula abierta.
- No te hartas de hacer escándalos, ¿cierto?. – Rosalie apareció en la entrada de repente. – Buen día, Esme. Buen día, Ellen.
Me extrañó su actitud cálida, luego de que anoche se mantuviese tan distante.
- Buen día – le contesté sonriéndole para tantear el terreno. Me respondió con una “casi” igual.
- Hola, rose – dijo mamá.
- Cocinando tan temprano. – le dijo en un tono de desaprobación – ¿Ya están cerca esos chuchos?.
- ¿Chuchos? – no me contuve.
- Ayy, mi amor no comiences… - le dijo Emmett con fastidio.
Rosalie se batió un mechón de su hermoso cabello dorado, como en símbolo de que no le importaba lo que le dijeran. Luego me vió.
- Si, Ellen, chucho o lo que es lo mismo…
- ¡Buenos días! – anunció una voz cantarina, esta vez era el “torbellino” Alice quién interrumpió la explicación. – Hola, Ellen. ¿qué tal la…¡con un demonio! – se interrumpió en lo que iba a preguntar, se veía frustrada mientras me revisaba de arriba abajo.
Decir que me sentí cohibida es poco. Me provocó salir corriendo de allí, pues todos me veían tratando de descifrar como irrité tanto a Alice.
- Cuando pensé que me había librado del gusto por lo “simple” en esta casa…pues llegas tú – me dijo con aflicción. ¿acaso esta vampira estaba loca?
- ¡Mary Alice Cullen! – la regañó Esme - ¿Puedes ser un poco más educada?. Ellen es nueva aquí. Además no tiene una pasarela en la cabeza como tú.
Todos reímos, incluso ella.
- Ya lo sé, Esme – le dijo sin pena alguna en la voz- , es solo que cuando por fin Bella ha aprendido a vestirse, pues llega ella y tengo que volver a empezar. Es un arduo trabajo.
- ¡Reina del Drama! – canturreó Rose que veía una revista de modas sentada a unos pasos de mí.
- Cierto – asintió Emmett con fastidio.
- Deberían ser más agradecidos, si no fuese por mí, quién sabe como o con qué se vestirían en esta casa.
- Habla por otros – le dijo Rosalie sin inmutarse.
- ¡Bah! Ni porque duraran mucho. Total, al final del día casi todo terminan sucias o rotas – dijo Emmett con desinterés.
¡Vaya manera de comenzar el día!. Pensé
- Corrección, Em. – espetó Alice- solo “Tu” ropa es la que termina en esas condiciones. Quizás si no fueras tan bestia…
- Entonces, Rose no me quisiera tanto. Cierto ¿mi amor? – dijo él en un tono pícaro. Me di cuenta de que se refería a la “escandalosa” noche anterior.
Rosalie puso los ojos en blanco.
- ¿Se puede saber porqué hablabas mal de mi esposa? – dijo Edward quién acababa de llegar con Bella de la mano. – Buenos días a todos. Hola, Ellen ¿qué tal tu noche?
- Laaaaaaaaaaaarrrga – amplié la palabra con tedio en los ojos y una sonrisa en la boca.
Se rió con ganas.
- Si, así suele ser la primera noche.
- Buenos días, Esme. – dijo Bella – Hola Rose, Emm, Alice…Ellen. Me sonrió.
- Hola, Bella – le contesté de la manera que ella.
- Me pareció oír una disputa por aquí. Preguntó mi padre, quién parecía la reencarnación del dios Zeus a la tenue luz de la mañana. Jasper lo acompañaba.
- Buenos días a todos – saludó – Hola, hija. ¿Cómo estás hoy? – me preguntó dándome un beso en la frente, como en la noche anterior al igual que mamá.
- Bien padre, gracias.
- Me complace.
Nos rodeó a todos hasta llegar a donde estaba su esposa y le dio un beso en los labios. Fue un tierno gesto pero sentí una punzada en el estómago. No supe a qué se debía; como la demás veces; y la ignoré.
Noté que Jasper se mantenía vigilante de mí nuevamente. Eso me descolocaba un poco. Pero aún así lo saludé.
- Buen día, Jasper.
- Hola, Ellen – me contestó caballerosamente. Pero luego su mirada cambió y me puso nerviosa. Sentí el flujo de tranquilidad. Me hizo irritar levemente esa acción. - ¿Cómo estás?
- Dímelo tú, lo sabes mejor que yo. – le respondí con tono cortante. No pretendía ser grosera, pero me alteraba que me tratara como a una demente.
Todos contuvieron la risa frente a mi respuesta rebelde.
Edward se envaró y miró en dirección a la puerta.
- Llegaron – anunció él.
Bella corrió hasta la puerta. Él la siguió de cerca. Y luego Rose.
Mamá y papá solo se miraban con prevención, después a mí. Supe que iba a pasar algo.
- Hola, princesa. – dijo Bella con emoción - . ¿La pasaste bien con tu abuelito?
- ¡Mami! – gritó alguien con una voz de campanillas. – Si mami, lo pasé genial. Pero te extrañé.
- ¿Y yo en dónde quedo?. ¿No me extrañaste a mí?. Preguntó Edward.
- Siempre papi. Cada minuto que estuve lejos.
- Yo también, preciosa. Y besó a la niña. Podía ver cómo era esa “niña” a través de las imágenes mentales de Edward. Era hermosísima. Blanca como ellos, y con un cabello que le llegaba casi a la espalda de color castaño dorado como el de Edward. Pero tenía un rubor en las mejillas y los ojos color marrón. Que bizarro. No entendía nada.
Además percibí olores que antes no había olido. Uno me repelió y otro me hizo arder la garganta.
- Hola, Bells – saludó una voz áspera. – Hola, Edward. Siguió avanzando dentro de la casa, podía oír sus pasos con claridad.
- Hola, Jake. – le contestó mi hermana con cariño.
- Jacob. – dijo Edward a modo de modo de saludo. – Gracias por cuidar y por traernos a Nessie.
Bella bufó.
-…a Reneesme. – corrigió él rápidamente.
El tal Jacob rió con desparpajo.
- No fue nada, ella la pasó muy bien con Charlie y también paseó mucho conmigo. Cierto ¿Nessie? – dijo con voz ronca.
- Cierto – respondió la nena con su fina voz de campanillas.
Edward llamó al desconocido; al menos por mí; y se dirigieron hacia el salón, pero aún podía escucharlos y verlos mentalmente
- ¿Se despertó? – preguntó con preocupación ese joven de piel rojiza.
- Si, está en la cocina. Ahora mismo nos está oyendo. Y tiene un don también.
- ¿En serio? ¿Cuál?
- Estamos tratando de averiguar cómo funciona, pero parece ser capaz de absorber los dones de los demás momentáneamente. Parece muy fuerte, aunque no sabemos con exactitud puesto que no la hemos querido presionar.
- ¿Es malo? – preguntó Jacob con súbito interés. ¿Cómo ha reaccionado?
- Muy bien en verdad. Anoche cazó así que está bajo control, aparentemente. Agregó Edward, aunque estaba preocupado.
- ¿En serio?
- Sí, está tranquila y ha demostrado amabilidad – luego sonrió – Aunque parece ser que no le gusta que la presionen.
- ¿a qué te refieres Cullen? – no me gustó ese tono del chico. Fue como si estuviese psicoanalizándome.
- Jasper ha empleado su “influencia” en ella y eso no parece agradarle demasiado. – decía con voz divertida.
- ¡Puaj! No la culpo. De verdad que ese don de tu hermano es odioso. Bien. Vamos a verla.
- Vamos. – acordó Edward.
Caminaron tranquilamente hacia la cocina. Y lo vi tan claro en los pensamientos de mi hermano. Tenía el cabello negro como una noche de luna nueva que resaltaba con su piel canela. Poseía unos ojos negros y unos fuertes rasgos indígenas. Además de eso era dueño de un fuerte olor que me desagradaba.
Edward rió de nuevo. Sonreía puesto que escuchaba mis pensamientos. Y obviamente viceversa también.
- ¿De qué te ríes? – preguntó Jacob algo molesto.
- De tu olor particular. Parece que a alguien no le gusta demasiado.
- Jumm. No empezamos bien.
- ¿Quién puede empezar bien si lo primero que ve es tu cara? O peor… ¿percibiendo tu olor? – dijo Rose con asco en la cara.
- ¡Awww, la rubia psicópata!, no sabes cuánto te extrañé. – dijo Jacob con dolor fingido.
- Awww – dijo Rosalie con el mismo tono que el otro acababa de implementar hace unos segundos. – Lástima, no ha pasado tanto tiempo como para que desarrolle un pésimo gusto, y eso me permitiera extrañarte.
- Rosalie ¡por favor! – la reprendió Carlisle. – No comiences con las discordias. Luego se dirigió a Jacob. – Hola, ¿Cómo has estado?
- Bien Doctor. Este tiempo con Nessie fue gratificante.
- ¿Cuál tiempo? – preguntó Emmett con humor; como siempre; - Si te pasas todos los días pegados a sus faldas. Se supone que iba a pasar tres días con Charlie.
- Y así fue. Solo que él necesitaría ayuda, y para eso estoy yo.
- O para molestar… - dijo Rosalie con ácido en la boca.
- Rose… - esta vez fue Esme quién la llamó a capítulo.
Vi en mi mente el reflejo de la de Edward; quién iba a retomarme como tema de principal de atención.
- Bueno, Jacob. ¿No piensas saludar a Ellen? – dijo él con un tono que dejaba ver una intención encubierta. – Ahora ella también es miembro de esta familia.
El recién llegado se acercó con prevención en la cara. Mi garganta ardió un poco más, pero estaba bajo control.
- Hola, Ellen, soy Jacob Black.
- Hola, Jacob. Es un placer.
- Ahh, eres educada. No como la rubia psicópata.
- Gozque, no empieces de nuevo. – esta vez fue Bella quién bramó desde la sala.
- Está bien, perdón. Luego se puso serio de nuevo. – Ya sé que has notado mi efluvio, y te resulta desagradable porque…Yo soy un metamorfo, algo así como un hombre lobo.
- ¿Qué? – dije con asombro - …Pero ¿en qué lugar estoy? …¿en la versión gótica de un cuento de hadas?
- Ellen, tranquila. Mi padre puso sus manos sobre mis hombros, en cuanto sentí su contacto me volteé y me abracé a él. Me correspondió y me sentí protegida. – Él no te hará daño, es muy amigo de nosotros. Y casi es muy amigo de nosotros. Y casi como un miembro más de nosotros.
Despegué un poco mi cara de su pecho para verlo a los ojos. Me observaba con ternura y sinceridad.
- ¿En serio? – le pregunté
- Sí, tienes mi palabra.
Eso me bastó. Respiré profundo y me volteé hacia el metamorfo.
- Disculpe. No estoy acostumbrada a … todas estas “cosas”. Todos los días hay “algo” nuevo.
- ¡Bah! – espetó Jacob con naturalidad. Era como la versión morena y lobuna de Emmett. – Te acostumbrarás, los lobos somos una presencia constante en esta casa. Y rompió a reír.
Edward puso los ojos en blanco.
- ¿Son varios? – le pregunté.
- Si, somos cinco – me respondió – ¡Ayy, que no te vaya a dar otro ataque de terror!. – dijo como con tedio.
No me gustó su tono, tampoco era “tan” cobarde.
- Pues no – le dije a la defensiva – es solo que quiero saber a cuántos “lobitos” tengo que acostumbrarme.
Todos se rieron a mandíbula batiente, incluso él. Mi comentario no le afectó en nada.
- Te lo dije – le susurró Edward - …es de carácter fuerte.
Jacob blanqueó los ojos.
- Como si no bastase con el de Bella.
- Edward, creo que es hora de presentar a Reneesme con Ellen – dijo Carlisle demasiado serio para mi gusto.
Edward se envaró. Luego asintió.
- Tienes razón – contestó él – Bella, ¿puedes traer a la niña por favor?
Escuché los pasos de Bella, más no los de la hermosa criatura que había visto en la mente de mi hermano hace ya rato atrás. Supuse que la tenía cargada. Caminó de forma lenta, con precaución. No veía el motivo de tanto “misterio”.
Cruzaron la entrada de la cocina, y tanto Rosalie como Jacob la flanquearon mientras que Edward se irguió al frente de ellas.
Identifiqué fácilmente el efluvio de mi ahora hermana, puesto que lo había olido antes, pero de la “niña” no. Por una parte hizo que me ardiera la garganta pero a la misma vez percibí un aroma de…¿vampiro? – ahora sí que estaba confundida.
Estaba en medio de una familia vampiro, que compartían con metamorfo y ahora esto. No era vampiro porque podía oler su sangre. Pero tampoco humano lo supe por su olor.
Edward escudriñó mi mente para saber si estaba controlada. Mientras que Jasper me enviaba “tranquilidad” a manera de ondas expansivas. Me desagradaba tanto que hiciera eso.
- Ellen – comenzó Ed – ella es Reneesme, es hija de Bella y mía. Esas palabras sonaron solemnes en su boca y brillaron en sus ojos.
Pensé que me encontraba en una dimensión desconocida, en donde cualquier cosa podía pasar. En menos de 36 horas mi vida se convirtió en un mundo fantástico de criaturas míticas, y otras que no sabía cómo clasificar.
Recordé las palabras de Esme la noche anterior y me confundí. Más todavía.
- Mamá, dijiste que nosotras no podíamos tener hijos. – no quise que se escuchara como un reproche, pero así fue.
- Ellen, amor – se apresuró a responder ella. Pero Bella la interrumpió.
- Permíteme, Esme. Yo le explico. Es verdad, Ellen. Nosotras no podemos tener hijos, como vampiras. Pero yo la concebí cuando era humana. Reneesme es hija biológica de Edward y mía. Por eso es mitad humana y mitad vampiro, basta solo con…
- Oír su corazón – la interrumpí – y olerla también. Osea que es medio inmortal ¿cierto?
- Así es.
- ¿Qué edad tiene? – pregunté de nuevo.
- Dos años y unos días.
- ¿Qué? – dije incrédula. La niña que tenía en frente a mis ojos aparentaba tener como mínimo unos 8 años máximo unos 10. – No puede ser…bueno en realidad ¿qué no puede ser real aquí? – dije convencida de que en este “lugar” en donde estaba, la palabra imposible no era algo que se llevara a cabalidad.
Edward estaba divertido con la que pensaba, aproveché para decirle algo, sin necesidad de hablar.
- Ya que sabes cómo me siento, ¿le puedes decir a Jasper que me dé algo de espacio?. Comienzo a sentirme como una lunática, a la cual hay que mantener dopada para que no agreda a nadie. Por favor.
- Jasper – lo llamó - ¿Puedes darle un poco de “espacio” a Ellen?. Ella está controlada.
- Pero… - quiso debatir pero Edward se le adelantó.
- Confía en mí hermano…Y en ella también.
¡Wow! Esto si que no me lo esperaba.
- Gracias – le dije mentalmente
- No hay de qué.
Bella avanzó un paso hacia mí. Jacob le puso un brazo en el hombro. Este se sacudía levemente. Parecía estar a punto de convulsionar.
- ¿Estás controlada? – me preguntó ella.
- Sí, lo estoy – dije firmemente.
Reneesme que había mantenido la cara entre el cabello de su madre volteó a mirarme por primera vez. Si no hubiese visto su rostro en la cara de mi hermano, me hubiese quedado petrificada por su belleza. Era una niña hermosa.
- Hola Reneesme – le dije suavemente - …es un placer conocerte.
- Lo mismo digo, Ellen. – se dirigió a mí con gran claridad y educación. ¿Te quedarás con nosotros?
- Eso parece, preciosa. ¿Te agrada la idea?
- ¿Te puedes acercar un momento?
- No me parece una buena idea, Nessie. – repuso Jacob nervioso.
- Pero ¿quién diablos te pidió tu opinión, chucho? – le lanzó Rosalie.
Jacob le gruñó y ella le enseñó los dientes en una amenazadora sonrisa.
- ¡Jake!, ¡Rose!. Paren, este no es el momento indicado. – ordenó Esme.
Bella se acercó más a mí hasta que quedamos frente a frente. Su hija era más caliente de lo que imaginé. Miré a Edward, como estaba tranquila él se mantenía de igual forma. Me acerqué a Reneesme.
- Ahora si, dime.
- Te quiero enseñar algo, ¿Puedo? – alargó su mano hacia mí y me tocó la cara.
Por mi mente pasaron una serie de imágenes. Me veía a mi misma pero esta vez en lo que ella me mostraba, yo lucía feliz y ella también. Estábamos jugando a las afueras de una cabaña en el bosque, también pude ver a Alice, a Rose y su madre. E incluso la mía. Todas compartiendo un rato agradable. Dejó caer su mano.
La miré abrumada por lo que acababa de presenciar.
- Ella tiene un don. – dijo Carlisle.- Muestra lo que desea a través del contacto. Eso me tranquilizó al instante.
- Me preguntaste si me agradaba la idea que te quedaras. – llamó de nuevo mi atención – Pues sí me agradaría.
Le sonreí, esa niña tenía algo. Era encantadora, y hacía imposible el hecho de no tomarle cariño.
- Gracias, Reneesme. Nada me complacería más, que compartir contigo.
- ¿Serás mi tía también? – me preguntó ansiosa.
- Si así me quieres ver…Pues eso seré. Le acaricié su mejilla rosada.
Y se abalanzó tan rápido a abrazarme que ni la propia Bella pudo contenerla. Primero me quedé estupefacta, luego la abracé también. Todos contuvieron el el aliento. Incluso Edward. La solté – y me aparté para evitar posibles ataques.
- ¿Hay algo más que deba saber para cerrar el ciclo de develaciones míticas y fantásticas para la neonata de la casa? – dije con fluida naturalidad para romper la tensión del momento. Funcionó. Todos reímos.
- No – y dirigimos los ojos hasta Emmett - ..la develación de ahora es que ahora “tú” eres el único bicho raro de la familia. Y se rió a mandíbula abierta.
Le dediqué una sonrisa torcida.
- En algún momento haré que te retractes de lo que acabas de decir – ahora fui yó la que reí.
Edward, Jasper y Jacob hicieron unas muecas burlonas, como si le hubiesen asestado un golpe a alguien en su presencia.
- No me digas, hermanita…- dijo socarronamente y se materializó frente a mis ojos. - ¿Y cómo lo vas a hacer?
- Bueno…- me toqué la barbilla para simular que estaba pensando -, basada en lo que papá y mamá me explicaron anoche, seré muy fuerte a lo largo de un año y ese es un tiempo suficiente para descubrir tus debilidades. – dije enfatizando la palabra con una sonrisa maliciosa en la cara.
De nuevo los chicos hicieron el gesto. Eso sacó a Emmett de sus casillas.
- Tú y yo. Lucha cuerpo a cuerpo en el patio trasero. Ahora.
- No querido hermanito. Quizás más tarde.
Enarcó una ceja y puso una sonrisa irónica. No me digas que ahora la supuesta vampira más “fuerte” tiene miedo… - le imprimió a su voz un fingido tono lastimero.
Me acerqué lo más que me permitió mi estatura a Emmett para decirle a la cara:
- ¿Miedo?...jumm…Eso es algo por lo cual no me preocuparé durante un año.
Me alejé y reí con desparpajo por primera vez. Mi corpulento hermano también lo hizo. Pero en su sonrisa dejó entrever un deje de competitividad.
- Yo que tú, no lo dejaría pasar – me desafió.
Era una situación bizarra. Con criaturas que pueden resultar espeluznantes; me cuento entre ellas; pero a pesar de “todo”…Supe que ya estaba completamente en familia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

DEJENME SUS IMPRESIONES CHICOS...QUIERO SABER QUE LES PARECE...DENME SUS SUGERENCIAS...XD...
ResponderEliminarme encanto sobre todo despues de saber algo de nessi y jacob, las eternas pelea de jake y rosali, y como elle manejo todo, al enterarse de q estaba rodeada, espero el proximo capitulo.
ResponderEliminarsaludos y exitos
me parece genial ami.. pero el color de la letra hace que te marees.. puedes ponerle algo pastel que no sea blanco... de resto super... XD
ResponderEliminargracias por sus comentarios chicas..y con respecto al color pues ya estaba comtemplando el cambio amii...Tomaré las medidas correspondientes...gracias por el apoyo...en serio son muy importantes...xoxo
ResponderEliminar