“CARTAS ECHADAS”
Adrien desplegó las aletas de la nariz, casi bufaba. Sus ojos de repente se oscurecieron de rabia sombría.
Se paró y como un espectro se fue hacia la ventana. Me pegué a su espalda a la misma velocidad.
- ¿Qué vas hacer? – le susurré demasiado bajo para que los demás se enteraran.
Estaba aterrada mientras lo detenía del antebrazo.
- Pedirle una explicación del porque estás así. – en ningún momento me vio directamente.
- ¡No! – di un grito ahogado. - ¡Te lo diré yo; pero no vayas! Por favor.
Me giré y vi a Thomas.
Estaba parado en el mismo árbol de siempre. Pero con una expresión nueva. Estaba sombrío y con una rabia fiera que dominaba todos sus rasgos e incluso su posición.
Tras pasar unos segundos viéndonos, subió su mano izquierda y me mostró mi abrigo. Una sonrisa sarcástica y amarga tiró de su boca.
Me la tendió a manera de provocación; pero en vez de ser yo quien se alterara; fue Adrien quien se tensó a mi lado y siseó con ira.
Thomas amplió su maquiavélica sonrisa.
- Nos está provocando – susurré.
Adrien asintió.
- Y me muero por quitarle esa sonrisa del rostro…voy a caer en su juego. – sentenció.
El terror de que alguno de los dos se hiciera daño me invadió.
-¡No por favor! – me giré hacia Adrien y le tomé el rostro entre mis manos. – No te vayas.- si tenía que recurrir a la manipulación para que ninguno se dañara; me dejaría de escrúpulos y lo haría sin titubear. - No me siento en condiciones de estar sola. Además… - giré mi cabeza y fijé mi mirada hacia Thomas. – Él ya dijo lo que tenía que decir. Porque… ¿Quién querría pasar tiempo con una vulgar interesada? – espeté con rabia. Sabía que Thomas me había oído o por lo menos había leído mis labios. Puesto que se puso serio y abandonó su postura beligerante.
- ¡Lo podría matar!... – bisbiseó Adrien hacia fuera.
Giré su rostro de nuevo hacia mí y negué con la cabeza.
- No. No lo harás, sabes que eso… me lastimaría, y sé que por lo menos tú… - volteé hacia Thomas de nuevo. – eres incapaz de hacerme daño.
Se tensó en el árbol y luego bajó la mirada.
Sentí el titubeo de emociones en Adrien.
- Eso jamás, Ell. – me tomó del mentón.
- Entonces quédate. – lo miré a los ojos. – Hazlo por mí.
En ese momento sus facciones se dulcificaron, aunque al fondo de sus ojos se veía que la molestia continuaba.
Él asintió.
Me tomó de la mano y me llevó hasta la cama.
Cuando me volteé para sentarme. En frente de mí no había nadie.
Mi inerte corazón se encogió de dolor. Y en ese preciso instante supe que el dolor apenas estaba comenzaba para los tres.
La punzada en el estomago volvió con una fuerza descomunal. Pero en ese momento si la comprendí. Ella me avisaba; incluso antes de que yo estuviese al tanto de la existencia de Thomas; que estar separada de él sería doloroso.
Aún así nada cambiaba, las cartas estaban echadas.
Adrien se encontraba acostado a mis pies como hasta hace un rato.
El frente de su cuerpo reposaba sobre el colchón; mientras que su mirada estaba fija en mí. Y la mía…en la ventana.
- Te hirieron mucho sus palabras ¿cierto? – asentí y volteé a verlo.
- ¿Lo quieres…mucho? – preguntó con renuencia.
- Sí. – mi tono era de rendición. – Me gusta demasiado. Más de lo que quisiera.
Su rostro se arrugó de dolor, pero lo controló.
- No tenemos porque hablar de eso, Adrien.
- Shhh – meneó la cabeza. – Quiero saber como te sientes, lo que piensas, lo que quieres; en fin todo. Todo de ti me preocupa y me interesa.
Eran por esos momentos que Adrien había irrumpido en mis sentimientos. Cuando él estaba cerca no podía sentirme desprotegida. Parecía mi ángel guardián.
Le sonreí a medias.
- ¿Estás seguro de que eres un vampiro?
Me miró confundido.
- ¿Qué?
- Es que no pareces ser uno. Pareces enviado por alguien para cuidarme. Algo así como un ángel.
Rió satisfecho.
- No, Ellen. Estoy lejos de ser un ángel. Esas son criaturas hermosas y buenas. Y en mi no todo es bueno.
- ¿Cómo qué? – pregunté.
- Como el egoísmo que siento cuando te quiero solo para mí. Como la poca piedad que sentí por ese…tipo cuando se fue vencido. Como la envidia que me da cada vez que me dices que lo quieres. Y como la lujuria que me invade cada instante que estás cerca de mí.
Si era correcto en ese momento correrlo de mí habitación; pues no lo hice.
Al contrario sus palabras encendieron algo extraño en mÍ. Algo así como unas…ansias.
Tenía una ambigüedad de sentimientos. Dolor y a la vez ¿deseo? – desvié el hilo de mis pensamientos y me dije que no quería estar echada en una cama hundiéndome en mi despecho; como hacían las protagonistas de mis libros.
No. No le daría ese placer a Thomas; el de verme triste y desecha por él.
Fuesen correctas o no, ya ambos habíamos tomado nuestras decisiones.
Me levanté de la cama con un movimiento ágil. Adrien me siguió
- Bajemos. Que yo sepa estamos en un tiempo alegre, se supone que no debería estar encerrada sufriendo por nada…ni por nadie. Y no quiero ser quien les estropeé las festividades a mi familia. Son mis primeras navidades con ellos.
Él me regaló una sonrisa resplandeciente.
Me tendió su mano y dejé que me guiara hacia donde estaban todos.
Los rostros de quienes estaban en la sala de estar fueron variados a nuestra llegada.
Unos, curiosos, otros cautelosos, otros felices y luego estaba el de mi madre que parecía que veía un hada madrina frente a ella. Estaba fascinada.
Nos sentamos en un sofá pequeño que había en una esquina de la habitación.
Eleazar tomó la palabra.
- Bueno…Ellen… – no sabía como comenzar. – Carlisle me dijo que tienes un don muy interesante. Y yo se lo he confirmado; eres realmente única. Jamás he visto nada igual.
- Gracias. Pero hay veces en que no… funciona. – como me había pasado hacia un rato con Thomas. No lo había sentido llegar. – Aún no lo sé controlar.
Él asintió.
- Según me han dicho tus hermanos es muy poderoso. Es normal que aún no sepas lidiar con el.
- Hablé con Zarafina y ella accedió a ayudarla a usar su don. – comentó papá.
- Yo podría ayudarla también. – escuché por primera vez a Kate dirigirse a mí desde que había llegado
- ¡Será como en los viejos tiempos! – dijo Garret emocionado.
Ese vampiro larguirucho me caía bien. Se notaba que era divertido aunque no lo conocía a fondo.
- Solo que sin un agente motivador tan horroroso como la última vez. – comentó Carmen de forma casi sombría.
Supe que todos recordaron los acontecimientos con esos viles vampiros, que se creían con derecho de matar a quien consideraran una amenaza.
- Gracias al cielo. – dijo mamá con suavidad para romper la tensión.
- Y… ¿tienes muchas amigas, Ellen? – preguntó de repente Tanya.
Dejando a un lado la poca buena fe que le tenía, su pregunta me pareció bastante necia. Ya que los vampiros no podíamos darnos el lujo de ser “populares”.
- No. Solo una. – dije secamente. Luego decidí ser un poco pesada y sonreí con malicia. – Jasper ladeó la cabeza confundido por mi cambio de ánimo.
- Es Leah. La única metamorfa. Somos un dúo bastante extraño. – sonará morboso; pero disfruté con lo incómodo de sus facciones.
La vampira se recompuso y luego sonrió.
- Ah, ya. Que amistad tan…bizarra.
Me carcajeé.
- Nosotras decimos lo mismo; sabemos que rompemos paradigmas. – rematé con perversidad.
Papá carraspeó indicando que debía cesar con mis hostilidades. Jasper contenía la risa desde otro lado de la habitación. Él sabía que lo estaba pasando en grande.
- Caramba, Carlisle. Parece que te persigue lo especial y fantástico. Mira que dar con alguien como Ellen es difícil. Como mínimo. – el tono de Carmen era halagador.
Mi papá asintió pero antes de que pudiera contestar, Esme lo interrumpió.
- Ellen ha sido algo grandioso para nosotros. Estamos muy felices de haberla encontrado.
Carmen asintió.
- Lo mismo nos pasó con Adrien ¿cierto, cariño? – se abrazó a Eleazar, quien asintió. – Por cierto… - me vio fijamente y con suspicacia. – parece que ustedes dos han hecho muy buenos amigos…
Adrien volteé a verme conteniendo una sonrisa y yo bajé la vista a mis manos.
- Ellen y yo nos llevamos bien. – dijo él sacándome del atolladero.
- Más que bien – comentó Alice con malicia.
Me las pagaría. Talvez debía estar viendo es ese momento como iba a destrozar el horrible bolso Chanel que ella me había comprado.
Reí con perversión mientras ella lanzaba fuego por los ojos.
Mamá y papá sonreían tranquilos desde sus puestos, ya que ellos sabían la verdad.
- Ya está amaneciendo. – dijo Eleazar mientras veía por la ventana. – Quizá deberíamos partir.
Adrien pareció decepcionado, yo igual. Mientras él estuviese conmigo me sentía bien. Sabía que era egoísmo pero no podía negarlo.
- Por favor quédense. – pidió educadamente Carlisle. – Solo faltan unos días para fin de año. Acompáñenos en lo que resta de festividades.
Su tono era tan persuasivo que dificulto que alguien fuese capaz de negarse.
- Supongo que necesitaremos comprar ropa. – le dijo Eleazar a Carmen.
Ni mi compañero de asiento ni yo nos resistimos a vernos y sonreír aliviados.
- ¡Yo los acompaño! – se ofreció Alice. Repentinamente feliz.
- Cuando no. – bisbiseó Jasper.
Se me escapó una risilla.
La aludida me vio con rabia y me sacó la lengua.
Me carcajeé sin verguenza.
- ¡Pues vamos! – dijo Carmen.
- Yo me apunto. – comentó Kate.
- Y yo. – mamá se animó.
- ¿Vas Tanya? – preguntó Kate.
- Claro que sí,
Todas me vieron insinuantes.
- Noooo. – alargué la palabra. - …gracias. Yo me quedo eso de las compras no es lo mío.
- ¡Que raro! – Alice puso los ojos en blanco. – Definitivamente has pasado mucho tiempo con Bella.
- Si. Puede ser. – sonreí.
Mamá se puso de pie
- Bien. Cambiémonos debemos de pasar desapercibidas lo más que podamos.
Todas se levantaron y la siguieron, comentando lo que se pondrían.
- Mujeres… – comentó Eleazar.
Jazz asintió con desánimo.
- …Pero no podemos vivir sin ellas. – agregó papá.
Todos nos reímos.
- ¿Les apetece unas cuantas manos de póker? – preguntó Carlisle como todo un buen anfitrión.
- Por supuesto que sí. – Eleazar se puso en pie y quien lo invitó también.
- Estoy de ánimos para apostar. Así que yo también. – dijo Jasper animado.
Luego todos vimos a Adrien.
Sabía que él se debatía entre la oferta y yo. Pero no lo dejé elegir.
- Yo iré a tomar un baño. Bajo en un rato. – le sonreí a Adrien y avancé hasta la puerta.
Me detuve porque recordé algo importante.
- Papá – volteé enseguida. - ¿En donde está Emmett? Hace mucho rato que no lo veo.
- Salió después de ti, con Rosalie. Se fueron a disfrutar de su regalo de navidad. – me dió escalofríos y él se rió.
- Ah claro. El viaje a las Bermudas. Él me lo había comentado hacia dos días atrás.
- Pero no se despidió de mí. – soné como una niñita mimada y triste.
- Es que no se dio cuenta de que habías salido. – de pronto su mirada me indicó que más tarde me pediría detalles de mi encuentro. – Se fue algo inquieto por eso.
- Lo llamaré más tarde. – me giré y me fui.
Al abrir los ventanales de mi habitación me llegó un olor amaderado tan fuerte que me ardió la nariz
- Vienen los chicos. – musité.
-
Bajé los escalones y abrí la puerta en un minuto los tuve frente en mi puerta.
Jacob encabezaba la procesión. Como siempre.
- ¡Hey, Ellen! ¿Cómo has estado? –dijo el alpha alegremente mientras cruzaba el ala de la puerta.
- Extrañadísima de que no hayas venido a ver a Nessie en dos días completos.
Parecía que mi comentario lo había avergonzado.
Se puso serio sin más.
- Es que el viejo Billy estuvo algo mal con la insulina.
- ¡Oh por dios no lo sabía! ¿está bien tu padre? – brotó mi preocupación.
Asintió algo más tranquilo.
- Ya están normalizados los niveles. Charlie y Sue lo están cuidando. Vine a ver a mi niña. – sonrió expectante mientras buscaba al fondo con la vista.
- Aún no han llegado. Pero no creo que tarden. ¿ya desayunaron?
Todos negaron.
- Vale ya les preparo algo. ¿me acompañas, Leah? – dije ladeando mi cabeza para verla entre todos.
- Si, claro. – avanzó.
- Bueno terminen de pasar. – les invite. Papá está en el comedor, por si quieren saludarlo.
Todos se fueron tras Jake, menos Seth que nos siguió a su hermana y a mí.
- Seth. Acompaña a Jacob. Tengo que hablar de algo con Ellen. Por favor. – agregó Leah.
El chico puso los ojos en blanco. Y se estaba volteando.
- ¡Seth! – lo llamé y se giró. – Por eso te has ganado un gran pedazo de pastel de chocolate. ¿lo quieres?
- No soy un niño para que se me compres, Ell. – me guiñó un ojo. – pero accederé a tu chantaje disfrazado.
Me carcajeé y avancé a la cocina.
Era un niño adorable.
- ¿Qué querrán comer? – le pregunte a Leah mientras veía dentro del frigorífico.
- Lo que sea. – musitó a mis espaldas. – Podrían comerse hasta un burro muerto desde hace dos meses.
Nos carcajeamos sin reparos.
- Vale. – dije sacando huevos tocino, pan y queso cheddar.
Puse un wok sobre la hornilla encendida. Y cargué la tostadora.
- Muy bien. Cuéntamelo todo. – le exigí en tono bromista.
Ella se puso a mi lado tomó un cuchillo, la tabla de picar y el tocino.
- Está bien.
Me contó cada detalle de la visita a la casa de la familia de Andrew. Lo amables que fueron. La cara de estupefacción de él cuando le confesó lo que era y lo poco que le importó, lo grandioso que era con ella e incluso las intenciones que tenía de conocer a su familia.
- Oh. Esto definitivamente parece un cuento de fantasía. – agregué emocionada.
Ella sonrió satisfecha y siguió rebanando el tocino mientras yo cocía los huevos y el queso en el wok.
- Andrew ha sido una verdadera bendición, Ell. – era el primera vez que me llamaba por mi apodo. – Él llegó como un tornado y se llevó todo a su paso. Pero en este caso todo lo malo. Mis miedos, mis frustraciones, y sobre todo mi dolor. – respiraba hondo como para constatar que cada herida infringida tiempo atrás, estaba realmente cerrada.
- ¿Sabes una cosa? – le dije viéndola a los ojos. – Desde que lo conociste vi un brillo diferente en tu rostro. Pero ahora es como si se hubiese expandido por toda tu persona. Te noto plena, Leah.
Las comisuras de sus labios se estiraron en una sonrisa.
- Lo soy, Ell. Andrew me colma por entero.
- Me alegro, Lee. – le puse un apodo sin querer.
Me miró entre divertida y extrañada.
- ¿Eso fue un apodo?
- Perdón. Se me salió sin pensar. ¿te molestó?
Se encogió de hombros restándole importancia.
- No. Me hubiese incomodado que me dijeras Leelee. Hubiese sido terriblemente molesto.
- ¿Por qué? – pero su mirada me lo dijo todo. Me veía como si la razón fuera obvia.
- Ahh. Ya. Sam te decía así. – asintió.
De pronto cambió su postura relajada por una rígida, y sus facciones felices por una exasperada.
- ¿Sabes lo que se atrevió a hacerme anoche? – moví la cabeza de lado a lado sin decir nada. – Se presentó en mi casa a pedirme explicaciones acerca de Andrew.
- ¿Qué? – solté molesta. - ¿Con qué derecho?
- Lo sé. – y comenzó a freír los trozos de tocino en la sartén contigua al wok. – Quería saber quien era, de donde venía y como lo había conocido.
- ¿Acaso Sam se está drogando? – no me contestó. – Es un completo imbécil, pero. ¿Cómo se enteró?
Arrugó el entrecejo antes de hablar
- Parece que Sue no puede mantener ningún secreto con el señor “perfecto” Uley. – era ácido lo que brotaba de la boca de mi amiga.
Y con mucha razón.
- No lo puedo creer. – estaba atónita. - ¿y que le dijiste tú?
- Que él ya tiene su vida; y mujer propia, que se encargara de ellos.
Justo en ese instante entró en mi “radar” el don de Edward. Eso quería decir que venia en camino.
Entonces dejé de escuchar las palabras de Lee para verlas directamente de su cabeza.
Estaban en una minúscula salita de estar, adiviné que era su casa en base a sus relatos anteriores, ella en pijama y Sam estaba solo en unos pantalones de Jean cortados a la rodilla.
El metamorfo bufaba de ira y apretaba las manos en puños una y otra vez.
- ¡Respóndeme de una maldita vez, Leah Clearwater! Decía el muy idiota.
Me encantó ver a Leah en una posición levemente relajada pero suprema y arrogante a la vez.
- No tengo que darte ninguna explicación, Uley. –musitó ella.
- ¡Claro que si! – siguió gritando.
- ¿En base a qué? – respondió ella y luego se llevó el dedo índice al mentón en gesto pensativo. – A ver…tú tienes “tu mujer”, “tu vida” y “tus responsabilidades con tu manada”. Y “yo no formo ni quiero formar parte de ellos”. Traducción fácil para ti: “no te debo nada”.
- El tipo reaccionó como si le hubiesen echado un balde con agua fría.
Luego sonrió con valor y satisfacción.
- Ah. Ya lo comprendo. Enamoraste a alguien para devolverme el golpe de lo de Emily. – se carcajeó con ironía. – Eso es todo. De resto sigues siendo mi Leelee de siempre.
En los ojos de Leah brilló la ira pero usó su control y le respondió tranquilamente.
- En primer lugar: la imprimación no se “finge”; ese calor agradablemente abrasador… Y esa atracción gravitatoria que te indica que esa persona es tu destino… - ¡BUM! Primer golpe y el lobo se tambalea un paso atrás.
- En segundo lugar: no me interesa en lo más íntimo. Ponerte celoso por nada. Ese no es precisamente el placer morboso que me corroe ahora. Si tengo uno, pero ese no te involucra específicamente a ti. - ¡BUM! Segundo golpe. El hombre iracundo cierra y abre las manos tratando de controlar las convulsiones que acaban de dispersarse por su cuerpo.
- Y en tercer lugar: yo-no-soy-tu-Leelee. – se lo dijo como si fuera un incapacitado mental. – pero entiendo que sea duro para tu ego el hecho de que un simple humano haya logrado despertar en mi la mujer que tú no pudiste sacar. - ¡BAM! Finalmente el espíritu de los Clearwater se cansaron de ver a su descendiente postrada bajo las patas de un Uley. ¡BUM! Tercer golpe y el tipo se acuclilló gimiendo con los puños a ambos lados de su cabeza, golpeándose las sienes para conseguir autocontrol.
Cuando pudo remitir las fuertes convulsiones que recorrían su cuerpo, el se dio cuenta de que estaba postrado de rodillas ante la mirada arrogante de Leah.
- Aclarando todo; deseo que salgas de mi casa. – le indicó ella en dirección a la puerta con su mano. – Me temo que estas un poco alterado y eso no me conviene, ya que no pienso dejar que me marques como a Emily. Eso quiere decir que me tendré que enzarzar en una pelea contigo. Lo que generaría en una lucha con Jacob; ya que él es mi Alpha. – Sam como pudo se puso se pie descompuesto pero Leah siguió. – Y en diferencia a ti, lo que le pase a él si me preocupa. – el tipo botó el aire como si le hubiesen asestado un golpe en el estomago. – Aunque no debería… - tomó su postura pensativa de nuevo. – Ya que el es el legitimo Alpha de los Quileutes.
Sam cerró los ojos pero aún así el dolor cruzaba sus facciones.
- ¿Eso es lo que piensas, Leah? – abrió los ojos para verla responder
Ella siguió impertérrita.
- No solo lo pienso eso Sam. también es lo que siento. Adiós. – le volvió a indicar la puerta.
El derrotado hizo un respingo de dolor, pero dio media vuelta y se fue en silencio y con la cabeza gacha.
Mientras que ella permanecía unos segundos más escuchándolo entrar en fase y perderse en la oscuridad de esa noche…
Y cesaron los recuerdos.
- Creo que fui muy dura. – la voz de mi amiga me sacó del embelesamiento. – Pero saqué lo que llevaba por dentro desde hacía ya un buen tiempo y ahora me siento sumamente ligera. Como si me hubiese liberado de un gran peso.
Primera vez en cuatro meses que me había sentido tan inmersa en un don. Ese poder de Edward era morboso y fascinante a la vez. Sabía que él había visto todo porque ya estaba lo suficientemente cerca.
Y en ese momento ambos pensamos lo mismo.
<<La revancha perfecta. Fue justa y devastadora>>
- No lo creo, Lee. – musité al fin. – Creo que por fin Sam sabe lo que es sentir que te arrebaten lo que se quiere. Así no lo puedas tener.
- ¿Tú crees?
Negué con la cabeza.
- Estoy segura. – sentencié disfrutando de la justicia divina.

Bells me gusto.. gracias.. cada vez quiero leer mas.. y sabes que?? cada vez que leo un cap nuevo de esto siento como si publicaras menos.. jajajajaa... cada vez los veo mas corto.. asi q no tardes tanto en subir los otros :D
ResponderEliminarCorto? jajaja...perdón....XD
ResponderEliminarEWs solo que estoy tan metida en la historia que cada vez quiero leer mas :D
ResponderEliminardisculpa por no haber leido los capitulos anteriores, me encanto tanto, espero q publiques pronto
ResponderEliminarexitos