“ACCIÓN Y REACCIÓN”
Y allí estaba yo, manejando cual zombi, tratando de entender lo que había pasado hacía solo un momento atrás; mientras manejaba cual zombie.
¿Qué haría ahora con Adrien? ¿Cómo echar para atrás un enredo que yo misma había creado? ¿Thomas había retrocedido por habernos escuchado? ¿Qué haría si se había molestado conmigo?
Sacudí mi cabeza en un intento de despabilarme, no quería pensar más en mis metidas de patas; ya que al parecer acumulaba una tras otra.
Enfoqué mi atención en la carretera oscura y boscosa que solo se iluminaba al paso de las luces de mi auto. Tomé un desvío a mano derecha e interné el vehículo en el bosque de una buena vez. Ya estábamos cerca de donde me proponía; pero empecé a sentirme claustrofóbica así que paré.
Descendimos y nos miramos durante un segundo.
Era tan extraño como Adrien me veía como si no existiese nada más en ese preciso lugar excepto yo. Pero más extraño es el hecho de que yo no pudiese rechazarlo.
Simplemente no quería hacerlo.
¿Qué diablos estaba haciendo Adrien conmigo? ¿Por qué quería confundirme más de lo que estaba?
- Estás muy callada. – comentó con suavidad.
- Es que…tengo sed. – le guiñé un ojo y sonreí con picardía
Creo que en definitiva me estaba haciendo una actriz genial; puesto que parecía que era lo que hacía últimamente.
Él respondió a mi gesto con una pequeña reverencia.
- Después de usted; madeimoselle.
Nos entregamos a nuestros instintos naturales y cuales cazadores fuimos detrás de nuestras presas.
El aroma en el viento no avisó que había carnívoros en la zona; pero no sabía cuántos. Aún no era tan experta como los demás.
Corrimos a una velocidad inimaginable. Cuando me entregaba a la caza el olor de la sangre me llamaba y solo ella llenaba mi mente. Calmar el ardor de mi garganta, saborear la tibieza de la vida deslizándose dentro de mí. No puedo negar lo que soy; una vampira, y guste o no esta es nuestra manera de vivir. Nos alimentamos de otras existencias.
Tuvimos suerte; no conocía los gustos de Adrien pero para nosotros los “vegetarianos”; lo mejor que podíamos ingerir era un depredador carnívoro, su sabor era más pasable que la de los herbívoros. Esa noche nos topamos con dos pumas. A pesar de que había dicho que no tenía mucha sed, Adrien me indicó con la mano que fuese por el macho que era el más grande.
Encantada con su muestra de caballerosidad; accedí a su invitación.
Mis filosos dientes traspasaron la carne y demás capas del animal hasta a debían. Rápidamente comencé a sorber con esmero.
Ingerí hasta la última gota del fluido vital del desafortunado felino.
Poco a poco me iba haciendo mejor en esto. Sabía posicionaba de espaldas al animal, así este no podría dañar mi ropa; pero aún no lograba comer sin montarme un desastre con la sangre.
Así pues, terminando de alimentarme, me dirigí al pequeño afluente de agua para asearme.
Los inviernos parecían ser inclementes en Forks. Un gran río como el Calwah se veía reducido a una fina cinta de agua que corría entre dos espesas masas de hielo. Aún así aproveché ese escaso fluido para lavarme la cara y las manos ensangrentadas.
Cuando me volví noté que Adrien me miraba sentado en una piedra de gran tamaño que estaba en frente de mí. Por su forma de ver, pude notar que estaba entretenido con lo que veía.
Me erguí y caminé hacia él. Se echó hacia un lado para hacerme un lugar a su lado.
Me senté.
- ¿Sabes algo? – dije en cuanto estuve acomodada. – él negó con la cabeza. – No me gusta que se queden viendo tan fijamente. Me hace sentir incómoda.
- Lo siento. – en sus ojos no habían rastros de disculpa, solo fascinación – Pero no pude evitarlo. Verte cazar ha sido algo…hipnotizante. Demasiado hipnotizante, sería más acertado.
Me sonreí mientras hablaba.
- ¿Por qué? – pregunté curiosa.
- Porque es ver una faceta de ti que no demuestras en otros lugares.
Puse los ojos en blanco.
- No puedo comportarme como una cavernícola en todos lados. Eso es absurdo. Tú tampoco lo haces.
- Si, tienes razón; pero yo no me veo hermoso haciéndolo. En cambio tú, eres como una pequeña Venus salvaje. Sumamente sensual debo admitir. – me observaba deleitado.
Apenada me eché a reír.
- ¿Sensual? Estás loco, Adrien. – meneé la cabeza con incredulidad.
De pronto bajé la vista y noté que uno de mis pies estaba desnudo.
- ¡Oh cielos! – susurré pesadamente – Esto no pinta bien.
- ¿Qué pasa, Ellen?
- Perdí uno de mis zapatos. Alice me montará un buen regaño. – admití divertida – Es como una especie de guardiana de la moda para todos.
- Alice es una criatura muy entretenida. – comentó.
- Sí, es difícil no caer bajo su encanto.
Pasó un corto lapso de tiempo antes de volver a tomar la palabra.
- ¿No te parece extraño estar a la intemperie cuando las temperaturas son inclementes sin siquiera un abrigo, e incluso sin un zapato? – se removió en la piedra para acercarse más a mí.
Asentí divertida, por tan inocente comentario.
- Sí, es algo bizarro el no poder sentir frío, pero en casos como este… - dije alzando mi pie – pues resulta muy conveniente. – una sonrisa tonta enmarcaba mi cara.
Se agachó con lentitud estiró la mano y posó sus ojos en mí con ternura.
- ¿Puedo? – preguntó refiriéndose a mi extremidad desnuda.
- ¿Para qué? - pregunté divertida.
Me sonrió como si estuviésemos jugando.
- Solo dime si puedo.
- Vale, vale.
Tomó mi pie como si pudiese quebrarme. Su delicadeza fue total. Se sentó en el suelo y sacudió con suavidad los rastros de tierra que había en él, luego lo entrecerró entre sus manos.
Sentí una electricidad que solo había experimentado con otro “individuo”.
Mi mente quiso retirar el pie, pero el cuerpo no cooperó.
- De todo lo que hemos hablado ¿No te parece aún más extraño que seres tan fríos como nosotros puedan darse calor entre sí? – preguntó con profundidad en su mirada.
Si hubiese podido sonrojarme; hubiese parecido que tenía fiebre en ese preciso momento.
Recobré el sentido común y me retiré con delicadeza de su agarre, mientras sonreía con timidez.
- Te molesté ¿cierto? – preguntó pesaroso.
Negué antes de hablar.
- Es solo que…
- ¿Te gusta alguien? – interrumpió súbitamente.
Adrien me había mostrado una faceta muy hermosa de él. No merecía que lo engañara, de verdad me estaba agradando.
Así que asentí y advertí el claro desencanto en sus facciones perfectas.
- ¿Estás…enamorada? – se notó que le costaba preguntar.
- No. Aún no. – admití en un susurro.
- ¿Puedo saber quién es el afortunado? – hacía su mejor esfuerzo por controlarse. Apenas parecía conseguirlo.
Mordí mi labio inferior en símbolo de duda.
¿Sería capaz de contarle a Adrien todo antes que a mis padres? Aún no sabía a ciencia cierta si podía confiar a plenitud en él. Pero tampoco me infundaba ninguna desconfianza, podía estar pecando de inocente.
Respiré profundo y tomé fuerza de todos los lados que pude.
- De…Thomas. – sus ojos se volvieron fríos. Parecía estar pensando que escuchar el nombre de la competencia la hacía más real – Él es… - tomé otro trago innecesario de aire – el vampiro que me ha estado siguiendo.
Su mirada sufrió un cambio drástico al mostrarse asombrado; para luego tornarse incrédula.
- Ellen ¿Esto es una broma? – comenzó a gesticular con sus manos, como en una débil intento de hacerse comprender – No sabes lo que ese… ser persigue. Puede querer hacerte daño, o a tu familia.
Negué con la cabeza.
Él no es peligroso. Es solo que…no ha hecho las cosas de la mejor manera. Lo único que quiere es conseguir mi atención. – mis propias palabras fueron como epifanía. Comprendí que Thomas sí me quería y que buscaba una compañera que subsanara esas heridas que dejaron tantos años de ínfima soledad.
Pero tuve miedo de verlo en su momento, y ahora había algo más. O mejor dicho alguien; y lo tenía en frente viéndome como si le estuviese asestando una bofetada tras otra.
Eran dos seres muy diferentes y que me gustaban de maneras diferentes.
<<¡Vaya forma de complicarme la existencia!>> pensé abrumada.
Finalmente Adrien habló.
- No comparto tu opinión, Ellen. pero la respeto. Eres una mujer madura y sé que no harás nada a la ligera. Sé muy bien que pensarás las cosas, y no dejarás que nada vaya en perjuicio de tu familia o de ti misma. Por lo cual te ofrezco algo… - dejó su oración abierta para saber si estaba interesada en lo que iba a decir.
Y lo estaba.
- ¿Qué…será? – pregunté curiosa.
- Que me des una oportunidad a mí también. No consideres solo a…Thomas como alguien para compartir tus días. – tomó mi mano derecha que era la próxima a él. – Porque yo no quiero he visto a nadie más como una compañera; desde que irrumpiste en la entrada de tu casa. Sé que es apresurado; pero para mí también todo esto ha sido violento y desconcertante.
- Adrien…apenas tenemos un día…- le susurré.
- ¡Lo mismo me repetido y desde que te vi! – ahora hablaba como para sí mismo - ¡La cabo de ver! ¡La acabo de conocer! ¡Apenas he cruzado palabras con ella! ¡Le desagrado!...
- ¡No! – interrumpí rápidamente – Eso no es cierto.
Me sonrió con dulzura.
- Ahora no es así, pero al principio lo fue ¿O me equivoco? – levantó una ceja y yo no pude negar sus suposiciones – Pero como sé que las cosas han cambiado; me he atrevido a proponerte lo que te he dicho ¿Aceptarías? ¿Me harías el honor de considerarme como alguien digno para ti?
Moví la cabeza de lado a lado con incredulidad.
- ¡Estás loco, Adrien! – intenté retirar la mano pero no me dejó.
- No me des una respuesta ahora; solo piénsalo y cuando la tengas; hazme el favor de decírmela ¿sí?
- Lo haré. – dije casi demasiado bajo – Pero dame tiempo, apenas y te conozco; ni siquiera sé quién eres.
Se puso de pie, soltó una de sus manos de la mía, y me tomó de esta como si fuésemos a dar un paseo en pareja.
- Vamos a la casa. En el trayecto te contaré todo. – dijo en tono perentorio.
Cuando llegamos al auto me dirigía al maletero en busca de una toalla que tenía reservada en caso de que Emmett decidiera de improviso una sesión de lucha. Cuando abrí la cajuela noté que estaban un par de zapatillas a juego con la ropa que tenía en ese momento y me reí. <<¡Esta Alice nunca dejará de sorprenderme!>> me dije divertida y cerré la portezuela.
Adrien insistió en manejar de regreso y yo lo dejé. Quería captar cada detalle de su historia.
Apenas arrancó empezó a relatarme su biografía.
- Nací y me crié en Denali. Mis padres…- el resentimiento se coló en su voz – nunca fueron un modelo a seguir precisamente. Mi papá; Louis Miller, era un arquitecto mediocre, que aunado a su debilidad por las mujeres y a los juegos de azar; solía encontrarse en bancarrota con mucha frecuencia. Mi madre, Jenna O´Connor, era una modesta ama de casa alcoholizada por la indiferencia de mi padre para con ella. Su amor viró de mi padre a las botellas de ron. – mirada se ennegreció con una pena sin par.
- ¡Qué horrible, Adrien! – estaba conmovida y horrorizada a la vez.
Él siguió con la mirada en el vidrio.
- Sí, fue horrible. – coincidió con una risa carente de alegría antes de retomar el curso de la historia – Alguien debía llevar el pan a la casa; y decidí que ese era yo. Claro que no opté por los mejores medios. Me dediqué a robar abastos y pequeños supermercados, para obtener la comida.
Me sorprendió demasiado su franqueza. Adrien parecía el que parecía un perfecto príncipe azul ¿un ladrón?
- Una noche de “trabajo”; el encargado de una tienda; supongo que estaba informado de los robos recientes; al verme en una actitud sospechosa no dudó en tomar su arma y me disparó en la pierna izquierda. Me arrastré fuera como pude y cuanto antes hacia las afueras del lugar. Me interné en el bosque cercano por si acaso se atrevía a buscarme. Pero entre el sangrado y el frío; perdí las fuerzas y colapsé en medio de la nada. Lo próximo de lo que fui consiente fue de un intenso ardor. Eleazar me había encontrado y tuvo misericordia de mí, ofreciéndome una segunda oportunidad. Su familia me acogió como jamás hizo la mía. Y desde entonces sigo a su lado.
- ¿y has sabido algo de tus padres? – pregunté con coste – Al vivir en el mismo sitio podían toparse con ellos en cualquier momento.
- Nosotros vivíamos en un suburbio de mala muerte. Y ellos en una casa en las afueras, no hay casi nadie cercano a ella. Pero de todas formas fui a verlos; a los lejos claro está; y vi que seguían con sus vidas como si nada hubiese pasado. De manera clandestina investigué si alguno había puesto la denuncia de mi desaparición. Y aún hoy, dos años después ninguno se ha molestado en hacerlo.
- ¡Qué seres tan horribles, Adrien! No merecías lo que te pasó – dije en un susurro. Luego una duda surgió de repente - ¿Qué edad tienes?
- Tengo veintitrés. – por fin volteó a verme y lo hizo con dulzura – En marzo cumpliría año de vida, el veintiséis. ¿Cuándo cumplirías tú?
- Yo no…recuerdo nada acerca de mí pasado. Mi vida comenzó el veinticinco de agosto ; cuando desperté entre los Cullen como una inmortal.
- Tienes razón, tu madre me comentó eso. Pero no creí que estuvieses totalmente en blanco.
- Pues créelo; porque así es. – comenté con otra sonrisita tonta.
El silencio se apoderó del ambiente del carro.
- ¿Eres feliz? – me atreví a preguntar.
- Sí. He tenido una existencia tranquila al lado de Carmen y Eleazar; quienes son como mis padres. Pero esa tranquilidad ahora se ve interrumpida.
Lo miré entre desconcertada y avergonzada. Me sentía responsable de esas palabras.
Leyó mis facciones y puso su mano sobre la mía. Su mirada dulce se intensificó mientras hablaba.
- Ahora tengo una poderosísima razón por la cual pelear. Me hiciste sentir vivo, Ellen. tengo más de veinticuatro horas sintiendo como si mi corazón muerto estuviese volviendo a la vida, para experimentar la belleza que nunca conoció. – se detuvo con suavidad – Quiere sentirse amado.
Sentí como si algo dentro de mí hubiese saltado ante sus palabras. Algo agradable, algo cálido, algo que me provocó protegerlo.
Se acercó poco a poco a mi cara; permitiéndome saborear su aroma en mi lengua. Un dulzor exquisito recorrió mis papilas gustativas, no había sangre que supiese tan divino como ese olor.
Cerré los ojos, porque los de él eran un arsenal desbordado de deseo.
- No lo hagas, por favor. – no era el momento. No cuando la confusión me estaba trastornando.
Abrí los ojos.
Se alejó un poco pero lo suficiente como para saber que hacía lo que le había pedido.
- Está bien. No lo haré; por ahora. Pero me niego a pasar una eternidad sin probar tus labios. Sería como volver al infierno que ahora se me hace tan lejano y borroso. – se enderezó en el puesto y arrancó.
Resultaba que estábamos en la entrada de los bosques de la casa.
Estos seres inhumanos me estaban robando la facultad de prestar atención.
Respiré profundo y tomé control de mí nuevamente.
Al entrar en la casa todo seguía igual. Varios grupos de conversación se repartían por doquier.
- La pasé muy bien contigo, Adrien. – le dije al pie de la escalera. Éramos como la versión “no muerta” de una primera cita juvenil – Gracias por acompañarme.
Sonrió encantado.
- Siempre que quieras, Ellen. solo házmelo saber. ¿Te quedarás encerrada toda la noche en tu habitación?
Noté que se veía esperanzado con que no lo hiciese.
- No, bajaré en un rato ¿Qué quieres hacer?
Sus ojos brillaron de la emoción.
- Lo que sea. Ya encontraremos en qué gastar la noche.
Nos carcajeamos en conjunto.
- Vale. Nos vemos luego. – agregué.
Subí cual rayo hasta mi cuarto.
Por el rastro que percibí mis padres me esperaban en la alcoba.
<<¡Oh oh!>>
Abrí la puerta y los vi.
Mamá dibujaba unos bocetos en unas hojas mientras papá permanecía elegantemente parado en la ventana, con sus manos en la espalda.
- Hola…- dije cautelosa. Conducta habitual del que esconde algo. - ¿Pasó algo?
Ambos sonrieron.
- En realidad, sí. – dije Esme con ternura - ¡Pasa que no te hemos dado tu regalo!
<<¡Ay no, no, no, no. No me quería sentir como cucaracha!>>
Carlisle se acercó lentamente hacia mí y sacó de su chaqueta un juego de papeles doblados. Me los tendió en cuanto estuvo en frente de mí.
- Sabemos que te atraen los viajes. Y puesto que no es lo mismo conocerlos por los libros a verlos de primera mano; hemos querido regalarte un tour por Europa. – sonrió satisfecho. – Feliz navidad, hija.
Apenas lo podía creer. En el viejo continente habían tantas cosas que conocer: el museo de Louvre, el Coliseo, el Paseo de las Cien Fuentes, industrias chocolateras, catedrales majestuosas, etc. Era un sin fin de posibilidades.
Pero luego de pensarlo bien mi gozo fue a dar a un pozo.
- Lo siento. No puedo aceptarlo. – dije tristemente.
Mi padre se quedó perplejo ante mi reacción y mi madre abandonó lo que hacía y se paró en frente de mí.
- ¿Por qué, Ellen? – preguntó ella.
<<¡Señor dame fuerzas!>>, clamé. Supongo que adelanté las cosas un poco, según lo estipulado por Alice esta conversación se debía dar después de dos días. ¡Condenada culpa!
- Porque tengo que algo que admitir! – estaba tan asustada que no sabía bien como decir las cosas. Ellos esperaron serios y callados en su sitio. – Yo…volví a ver al vampiro que me ha estado observando. Dos veces.
- ¿Al acechador? – chilló mi madre - ¿Por qué no nos dijiste nada? ¿Te hizo algo? ¿Te amenazó?
Negué con la cabeza.
- No es un acechador. Él me conoce desde que era humana… - ambos pusieron los ojos como platos -, por poco se alimenta conmigo. Pero me dijo que algo en mí lo detuvo. Así que se alejó. Me buscó al no encontrarle sentido a sus actos; quería saber que le había pasado, pero no me pudo encontrar. Así que comenzó a usar su don…
- - ¿Qué don, Ellen? – preguntó muy serio mi padre.
- Es un rastreador. Bastante bueno debo acotar. En fin siguió en su búsqueda sin resultado alguno. Peinó los bosques y nada. Cuando casi se rinde pasó cerca de aquí y captó. Una esencia mental parecida a la mía, por así decirlo. Vio que estaba viva y que me había transformado. Entonces trató de acercarse pero entre los lobos y ustedes dándole caza le ha costado un mundo cada intento. Una noche sentí que necesitaba salir, respirar un poco de aire fresco. Y me topé con él. – mamá contuvo el aliento – Hablamos y me contó esto. – Ayer lo volví a ver. Me platicó de su vida y otras cosas. – mi tono cambió a un sonido casi suplicante – No es peligroso, estoy segura. No ha sabido hacerse entender y por eso hemos tergiversado sus intenciones.
Hasta allí llegó mi confesión. Por ahora.
- Estoy muy decepcionado, Ellen Nicole. – dijo papá en tono perentorio.
Bajé la cabeza avergonzada. Él tenía razón.
- Te pudo haber ocurrido algo. – mamá se estremeció – Solo esperábamos que confiaras en nosotros. Algo que obviamente no hiciste.
- Perdón; no supe cómo actuar.
Carlisle subió mi rostro por mi mentón. A pesar de todo lo que le había dicho me miraba con comprensión.
- Eso también lo imagino. No es fácil esta nueva existencia. Pero recuerda que somos una familia y que nuestro deber es protegernos los unos a los otros. No podemos ni queremos dejarte expuesta a un sinfín de peligros que ni siquiera conoces. Por lo tanto debes contarnos todo cuanto te ocurra, cielo. – su tono era dulce. Pero luego se tornó serio – Y con respecto a ese joven…Pues debemos conocerlo y asegurarnos de que en verdad no trae malas intenciones.
- Papá, pero es que él…- levantó una mano y me hizo callar.
- Los de nuestra especie sabemos mentir muy bien, hija. Hay que conocerlo.
De pronto recordé que había logrado casi con éxito esconder esto. Entones cierta pena se alojó en mí ¿Y si Thomas no sentía nada de lo que había dicho? ¿Y si todo era una mentira? La condenada punzada en el estómago regresó.
Me imagino que la molestia trascendió a mi rostro, puesto que mi madre se acercó y acarició mi mejilla.
- No le haremos daño, amor. Solo queremos saber a ciencia cierta quién es. – dijo equivocándose en sus suposiciones.
Y entonces vino el segundo ataque de honestidad.
- Él…me gusta. – admití en un susurro.
<<Ok. Si los vampiros pueden entrar en shock acabo de hacerlo con dos al mismo tiempo>> pensé.
- ¿es en serio, Ellen? ¿Estás segura? – preguntó papá cuando pudo asimilar la idea.
Asentí.
- Sí. Y yo a él. Supongo. – ahora había una duda lacerante en mi pecho y mi cabeza.
- Entonces; con más razón hay que saber quién es. – comentó él con falsa naturalidad.
Esme asintió.
- Lo más pronto posible. – agregó ella.
Tercer ataque de franqueza ¡Maldita culpa que me hacía hablar de más!
- Yo…quedé con él para vernos en el bosque. Dentro de….dos días.
Me escuchaban con atención.
- No iré acompañada porque entonces no creo que se acerque. Pero le diré que venga. Si gusta. Claro está. – ya no estaba segura acerca de nada – Más bien no sé si se acercará…después de lo de hoy.
Ambos fruncieron el ceño.
- ¿Qué pasó hoy, Ellen? - preguntó papá receloso.
- Creo que él; quién por cierto se llama Thomas; escuchó la conversación de Adrien y mía, cuando íbamos en camino a cazar. Él me interceptó y comenzó a seguirnos. De pronto se envaró y se fue cuando…- dudé si decirles o no por un instante. Luego me decidí. – Adrien se me estaba declarando de cierta forma.
A mamá le brillaron los ojos y de su boca se escapó una sonrisa esperanzada. Papá me miró divertido.
- ¡Otro triángulo amoroso en la casa! – meneó la cabeza incrédulo – Parece que aquí no dura mucho la tranquilidad. – fue el segundo en decir eso de la noche. Me estaba empezando a creer una amenaza andante.
Mordí mi labio inferior con cierta vergüenza.
- En fin… - dijo Carlisle – hay que conocer a este joven..Thomas y cerciorarnos de sus propósitos. Pero mientras…- me tendió los papeles de nuevo. – Usted se va de viaje, señorita. – me sonreía con dulzura.
- ¿No están molestos conmigo? – los vía a ambos perpleja. No había rastro de incomodidad en ninguno.
Ambos negaron con la cabeza.
- Solo un poco decepcionados por la falta de confianza. –condenada Alice; estas sus palabras textuales - …pero eso es algo que no se repetirá ¿ciert, hija? – perguntó papá.
- No, señor. – dije mucho más tranquila.
- Eres la malcriada de la casa. – bromeó mamá – Esperamos que disfrutes de tu regalo.
- Gracias a ambos.
- No hay de qué, cielo. – Carlisle se acercó y besó mis frente – Te dejamos para que te cambies.
Asentí.
Mamá pasó vía a la puerta, no sin antes darme un beso en la mejilla.
Pensé en darme una ducha rápida y luego bajar. Pero después de ver la tina se me antojó un largo baño de inmersión.
Y lo hice.
Traté de relajarme y traté de no pensar en nada.
No lo conseguí.
Tenía diversas cosas en mi cabeza. Muchas preguntas, varias dudas y dos caras. Ambas hermosas hasta lo absurdo. Pero con diferencias abismales.
Una tenía ojos de color zafiro. Eso ya advertía peligro. Thomas se alimentaba de humanos; claro que no conocía otra forma de vida, pero eso no lo expiaba de sus actos. Aún así; me atraía el misterio que él significaba para mí. Me seducía con cada mirada intensa que parecía taladrarme hasta el alma.
Y la otra tenía ojos color topacio como mi familia. Adrien parecía un puerto seguro. Alguien que me comprendería y toleraría mi carácter nada dócil. Sabía que apenas nos conocíamos, pero con él sentía como si todo fluyera natural. Era como un hermoso remanso de paz.
- Estás en un grave embrollo, Ellen Cullen. – me dije en voz alta, justo antes de sumergirme por largo rato en la tina.
- Hola. – dije con timidez
- Ellen. – dijo Thomas a modo de saludo. Uno muy seco por cierto.
Se encontraba recostado de un gran árbol a unos diez metros de mía. Vestía la misma ropa desde la última vez que nos vimos. Un jean negro prelavados, unos tenis Nike negros con el logo que iba desde el empeine hasta casi la punta de su pie, y una camiseta de color gris; con la cual se marcaba cada curvatura de la topografía de Thomas.
Me obligué a centrarme.
- ¿Cómo estás? – pregunté afable.
- He tenido días mejores que los dos últimos. – dijo en un tono más frío que el de antes.
- ¿Y eso por qué?
Sus hermosos ojos almendrados se entrecerraron.
- Sé que lo sabes, Ellen. ni siquiera te atrevas a negarlo.
<<Ok. Sí escuchó>> y no albergaba ninguna duda con respecto a eso.
Mi instinto natural me instaba a defenderme pero ¿con qué argumento? No podía negar lo ocurrido, decir que fue un malentendido sonaba más falso que un cuento de Walt Disney, y decir que Adrien no me importaba rayaría en la blasfemia. Ese joven vampiro se había encargado de obtener un puesto en mi; ya inerte y no por eso insensible; corazón. No me gustaba con la misma fuerza arrolladora que Thomas; sino de una forma diferente; aún no descubría cual era.
- ¡Y ahora no dices nada! – su reproche lo entendía, su tono de voz no.
- No me grites. – para mi sorpresa el susurro adquirió un aire amenazador.
Se apretó el puente de la nariz y avanzó tres metros hacia mí.
- Que no te grite… - dijo en un bisbiseo mientras miraba hacia el suelo; luego posó su mirada iracunda en mí - ¿Viniste a discutir conmigo, Ellen? ¿Viniste a justificar una separación con una pelea?
Me extrañó ver miedo en sus ojos carmesí.
Sus palabras me eran inteligibles y a la vez absurdas. Sentí ira, luego ternura por él.
Caminé unos cuantos metros hacia él con una velocidad humana. Me quité mi chaqueta y la tiré al suelo. Crucé las piernas y me senté ahí mismo mientras lo veía a los ojos.
- Solo vine a verte a ti, Thomas. Como te lo había prometido hace tres días atrás. – le indiqué mi prenda en el piso - ¿Quieres sentarte para que hablemos un rato?
Sus facciones mostraban su confusión. Él no estaba acostumbrado a muestras de cariño. Y aunque no dejó de verme con furia igual aceptó mi invitación y se sentó encima de mi prenda.
Miré al cielo encapotado que se tendía sobre nosotros y suspiré.
- Está bonito el cielo ¿cierto, Thomas? – comenté en un estéril intento de distraerlo.
Se encogió de hombros restándole importancia a mi comentario.
- No me apetece hablar de eso ahora. – su voz seguía afilada.
Inhalé y exhalé con resignación. Al fin y al cabo fui yo quien lo puso de ese humor.
- ¿De qué quieres hablar, entonces? – LE SONREÍA TÍMIDAMENTE.
- Quiero hablar acerca de lo que hacías con un…tipo en tu auto a altas horas de la noche. Y también acerca de quién es él.
Su hermoso cabello castaño rojizo le caía de lado al estar volteado hacia mí. Deseé con todas mis fuerzas poder enterrar en ellos mis dedos; conocer su textura…<<Pero ¿qué diablos…? ¡debo aprender a controlarme>>
- Él es un buen amigo…y esa noche me hizo el favor de acompañarme en mi salida de caza. – me justifiqué.
- - ¿Cómo se llama? – seguía receloso. Parecía reacio a tranquilizarse.
- No creo que lo conozcas…
- ¿Cómo se llama? – volvió a gritar.
- ¡Cuida tu tono, Thomas Valois! Mis padres se quedaron en casa y no acepto que nadie más me levante el tono de voz. Porque ni siquiera ellos lo hacen. – estaba colmando mi paciencia.
- ¿Cómo se llama? – insistió pero más controlado, más no por eso menos frío.
- Adrien.
- ¡Adrien! – espetó con asco – volteó su cara hacia adelante para no verme - ¡Tiene nombre de niño bien! ¡De niñito culto!
Exudaba rabia, sarcasmo y desprecio.
- ¡No lo juzgues! – dije la defensiva lo cual lo hizo voltear rápidamente.
- ¿Te importa mucho? – sonreía con furia e ironía.
- Fíjate que sí. Me parece que te había dicho que es mi amigo. – le respondí a la defensiva.
- Ya veo… - agregó en un falso inflexión ausente - ¿por eso fue que aceptaste irte a “recorrer el mundo” con él? – dijo mientras batía el dedo índice de su mano derecha frente a mi cara.
Mi paciencia se fue a un pozo.
- Primero que nada: Si quieres conservar esa extremidad de tu cuerpo; ¡Aleja – tu dedo – de mi- cara!. ¡No – me – espíes!. Y tercero: ¡Lo que yo haga – y con quien lo haga – a ti no te incumbe! – mi pecho mostraba mi respiración agitada.
Entrecerró los ojos y se acercó hasta quedar a dos centímetros de mis labios.
- Claro que me incumbe…- susurró y sentí su aliento embriagador en mi acra, haciendo estragos en mi humor y autocontrol – porque tú me importas demasiado. – utilizó el dorso del dedo que antes movía con rabia, para acariciarme la mejilla izquierda – Te quiero, Ellen. solo te deseo a ti como mi compañera; para que des luz a mi oscura eternidad.
Se acercó un centímetro más y me miraba con una pasión incendiaria, que ejercía demasiado magnetismo en mí.
- …Sueño despierto con estos labios… - deslizó las yemas de sus dedos hacia esa parte mía a la cual se refería. Sentí un cosquilleo en todo el cuerpo. - …Sueño con…rozarlos siquiera.
Bajé mi vista de sus ojos hipnóticos hacia sus pómulos prominentes, para luego observar como sus labios dejaban atrás la separación entre nosotros.
Cerré mis ojos al sentir su contacto y experimenté una electricidad magnética que me atraía hacia él. Y hacia un fuego voraz capaz de destruir lo que se le interpusiera.
Sus labios fueron dulces al besarme; se movían con una cadencia lenta y provocativa. Sentí su mano en mi espalda que me apretaba más contra él.
Las mías tomaron su propio curso. Una bajó hasta entrelazarse con sus dedos y la otra subió para enredarse entre esas hebras sedosas de color castaño rojizo; lo sujeté con fuerza, memorizando su textura en mi tacto.
Durante un segundo me sentí capaz de cualquier cosa y eso bastó para romper la unión.
Nuestras respiraciones no eran precisamente fluidas. Lo miré y advertí el deseo en su mirar, que acrecentó el cosquilleo que se apoderaba de mi cuerpo.
- Thomas, no…
Puso una mano en mi nuca y me vio con sincera necesidad.
- Ya basta de miedos, Ellen. y no más. – y me atrajo hacia sí de nuevo, pero esta vez con desespero.
Su boca se abrió paso entre mis labios. Podría decir que su lengua ultrajó en mí; pero la mía le respondió entrelazándose con la suya en una danza placentera.
Desplacé mi mano de su pelo por un costado de su cara y por su cuello, haciendo que él se estremeciera ante mi roce. Seguí en mi descenso hasta llegar a su otra mano y uniéndola con la mía. Thomas me acercó aún más e intensificó su beso.
Volví a romper el beso pero no sin que antes él depositara otro roce; ahora corto y casto en mis comisuras.
Me sonrió con dulzura mientras sostenía aún mi espalda.
- Puedes pensar que esto fue solo un primer beso. Pero para mía fue mucho más que eso. – al instante calló.
Toqué su rostro con mis yemas, primero su frente, luego sus mejillas. Solo una vez lo había tocado así; pero sentí como si esta fuese la primera vez.
- ¿Por qué? – susurré por lo bajo.
Pensó un instante antes de contestarme.
- Porque…para mí fue…como la primera esperanza de luz después de una oscura eternidad. La primera esperanza que me dice que mi soledad tiene sus días contados. Y no anhelo otra cosa más que su final. Su vil presencia me ha atormentado desde hace años. Pero no ha tenido piedad desde que te conocí. – admitió casi desesperado.
Lo seguí acariciando sin dejar de sonreírle.
¡Qué sensaciones y sentimientos despertaba en mí este vampiro salvaje!...Estaba a punto de decirme que nadie me trastornaba como él; cuando de pronto la cara de Adrien invadió mi mente.
Sin querer me separé bruscamente de su agarre, causándole un desagradable asombro.
- ¿Qué te pasa? ¿Dije algo malo? – preguntó consternado.
Negué con la cabeza y escondí mi cara de él, intentando que no sospechara en lo que pensaba.
- ¿De qué te avergüenzas? – preguntó suavemente mientras alzaba mi rostro - ¿De qué huyes? ¿Qué me escondes?
Abrí mi boca pero nuevamente no tuve nada que responder.
- Di lo que tengas que decir. – imploró poniendo sus manos a cada lado de mi cara - ¿Acaso es culpa lo que veo en tus ojos?
<<¡Demonios!>> este “hombre puede leerme como si fuese un libro abierto.
- Yo… - balbuceé – recordé algo que no debí y ya.
<<¡Qué excusa tan imbécil se me ha ocurrido y en el momento preciso!>> utilicé mi sarcasmo contra mí misma.
- ¿Qué recordaste, Ellen? – preguntó receloso.
<<¡Responde algo, pronto!>> pero no lo hice.
Su mirada cambió de pronto. Tornándose oscura y llena de odio.
- ¿A quién recordabas, Ellen? – me gritó de nuevo.
Mis ojos me picaron y mordí mi labio con desespero.
- ¡Te acordaste del fulano…ese! – continuó gritando y aunque quizás me lo merecía; no lo toleré.
Me puse de pie.
- ¡Ese fulano tiene nombre, y lo sabes! – no le grité pero si le hablé fuerte.
Él se incorporó y me taladró con la mirada.
- ¡Y te atreves a defenderlo en mi cara! – bufaba por la nariz y tenía los puños apretados.
- Lo hago porque él no te ha hecho nada, para ser merecedor de un odio tan desmesurado como el que le tienes. – mantenía mi tono firme sin subir la voz.
- ¿Te parece poco… - cerró los ojos y cambió su pregunta - ¿Te gusta, Ellen?
Me mordí el labio inferior de nuevo. <<Este debe de ser el infierno…>>
- ¡Ja! ¡Te gusta! – me señaló con su mano - ¡No lo negaste!
<<No puedo…No tengo la culpa…>>
- Ahora todo me encaja…- su sonrisa carecía de felicidad a tal punto que me hizo acongojarme – Por eso no te negaste a su invitación…
- ¡No! – grité exasperada - ¡Así no fueron las cosas!
- ¡No me mientas más! – sentenció en voz alta – Ya entendí el porqué de tus dudas… - su mirada se llenó de un repentino dolor – Al fin y al cabo el “niñito culto” si puede darte lo que quieras. Cosa que no puede este miserable.
Me dolió tanto lo que decía que me enfurecí sin más ni más.
- ¡Yo no soy ninguna oportunista, Thomas! – le espeté gritando.
- No. – me miró con desdén – Eres algo peor. Una vulgar interesada.
Sin pensarlo siquiera mi mano salió disparada hacia su cara, con una fuerza tal, que lo hizo ir a parar a unos cuantos metros de mí.
Estábamos respirando de forma entrecortada.
- ¡No quiero volver a verte! Te conviene no aparecerte por la cercanías de mi casa. – dicho esto le di la espalda y corrí sin detenerme a ver para atrás.
Sabía que era imposible, pero por primera vez sentí frío. Sabía que nada tenía que ver con la nieve que recubría el paisaje. El frío que experimentaba provenía desde mis adentros.
Me sorprendí a mis misma sollozando sin lágrimas.
Corrí y corrí. No tenía ganas de hablar con nadie. No podía respirar.
Ya había entrado en los límites de la casa.
Y aunque no me fuese necesario, me recosté en un árbol para conseguir respirar.
Sin planearlo mi don se puso en contacto con los presentes en mi hogar. Y mi oído se afinó a los sonidos que provenían también del mismo.
Traté pero no sabía cómo desconectarme de todo; le pediría a esa Zafrina que me enseñara eso en el momento apropiado.
Escuché una carrera hacia mí y me puse en guardia al instante. <<…Qué ni se le haya ocurrido seguirme…>> no estaba segura de quién era; tampoco percibía el rastreo de Thomas.
Volteé en dirección de los pasos.
De entre las sombras emergió Adrien con su elegante andar. Traía puesto un swetter fino de algodón azul y un jean negro.
Me vió; presumo yo; en mal estado, puesto que su preocupación fue instantánea y al segundo siguiente estaba sosteniéndome por la cintura.
- ¡Ellen! ¿Qué tienes? ¿Ese..infame te hizo daño? – la ira congeló sus ojos.
Negué con la cabeza.
- Entonces ¿qué tienes? ¿qué te pasa? – puso una de sus manos a un lado de mi rostro.
Bajé la cabeza y traté de zafarme pero él no me soltó.
- No me apetece hablar con nadie, Adrien. Discúlpame.
Me obligó a mirarlo a los ojos.
Su expresión era profunda y preocupada.
- Si no quieres hablar, lo respeto. Pero al menos dime si te encuentras bien
¿Por qué no dejaba de halagarme que se tomara tantas molestias para conmigo?
- Estoy bien. – afirmé – Al menos físicamente.
Me rodeó los hombros con su brazo.
- Te llevaré a tu cuarto.
Asentí.
Entramos y la primera a quién vi fue a Tanya; estaba demasiado conmocionada para fingir así que la ignoré a propósito. Papá y mamá salieron para ver cómo estaba ; ya que sabían con quien me encontraba. Creo que les hablé con la mirada puesto que no me dijeron nada ni me siguieron.
Adrien y yo seguimos hasta mi habitación. Yo me tumbé en la cama. Él se aproximó y se sentó a mis pies.
- ¿Quieres cambiarte de ropa? – preguntó cortésmente.
Negué con la cabeza.
- Por lo menos permíteme quitarte los zapatos para que estés más cómoda.
Accedí y él retiró mis zapatillas ágilmente. Posó mis pies con una delicadeza extrema sobre la colcha.
Se acercó a mi rostro y acarició mi mejilla.
- Sea lo que te haya pasado, o lo que te haya hecho; me molesta casi tanto como a ti. Sé que él no es el indicado; pero no te presionaré. El tiempo me dará la razón.
Se giró y avanzaba hacia la puerta.
- ¿Adrien? – lo llamé suavemente.
- <<…Te estás metiendo en camisa de once balas…>>
- ¿Sí? – se giró solícito.
- Quédate un rato ¿Sí? – imploré en un susurro.
Asintió y se acercó a la cama como un rayo.
Me acurruqué en la cama mientras que él se sentaba a mis pies. Luego se tendió de lado apoyándose en un codo.
- Descansa, Ell. – casi me sorprendió que me llamara así – Esperaré a que quieras hablar cuando estés lista.
Me miraba con devoción.
- Gracias, Adrien. – me apretujé más entre la cama y las almohadas.
- Gracias a ti. – lo miré confundida – Por dejarme entrar en tu existencia. – me sonrió con dulzura.
De pronto avisté a una criatura moviéndose entre las copas de los árboles. Se quedó mirándome fijamente.
Mi acompañante percibió mi reacción y se envaró también.
Thomas arrancó una rama donde se encontraba a su lado la lanzó hacia al suelo y luego se perdió entre la noche.
¡No me odien ni odien a Ellen! Tal vez en una situación como la de ella harían lo mismo….jajaja. Este capítulo se lo dedico a mi amii “Nena” Mota; por su cumpleaños que es el día sábado 11 de septiembre; gracias por mantenerte como una de mis lectoras más fieles amiga. Y a mi sis Gabriela; porque dificulto que haya una Team Thomas más fuerte que ella. Te quiero, Sis.

ami te botaste con todo este ingenio, ahora oonocimos mejor a adrian, pero ellen esta hasta el cuello con los dos, pero uno fue mas listo y le dio algo q nunca podra olvidar aunque pasen los siglos.
ResponderEliminarsaludos y exitos
BELLS AL FIN PUDE ABRIR LA CUENTA EN GOOGLE PARA PODER ESCRIBIRTE.. SABES Q PARA VERIFICAR TENIA Q INGRESAR UN CODIGO EL CUAL TENIA Q DARME UNA OPERADORA CUANDO ME LLAMABA PERO NUNK LLAMABAN PS HOY TUVE BUENA SUERTE. GRACIAS POR DEDICARME ESTE CAP X MI CUMPLE. TE LO AGRADESCO AMIGA.. COMO SIEMPRE TE HE DICHO ME ENCANTA LO Q ESCRIBES Y PS NO SON PURAS LOQUERAS OK? DE VERDAD SIGUE ASI Y PS ESCRIBE MAS RAPIDOOOOOO JAJAJAJAA..!! ME ENCANTA Y TIENES UNA IMAGINACION DEMASIADO BUENA Y PS SBES EXPRESAR LO QUE QUIERES QUE NOSOTROS LOS LECTORES LEAMOS DE TUS FICS. SE TE QUIERE MUCHO.. XFA NO ABANDONES MUCHO LAS HISTORIAS. ESTOY ESPERANDO LA DE BELLA CON EDWARD CUANDO ERAN PEQUEÑOS. SE TE QUIERE.
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