“Fin”
Si en algún momento había estado en una posición vulnerable; fue allí mismo. En mi propia habitación, con la peinadora atrás y Adrien frente a mí.
Su calidez… Sus labios que acariciaban los míos con una dulzura imposible. eran los que me tenían tan endeble.
A pesar de que me besaba en profundidad, lo hacía con lentitud y sin aparente desespero. Disfrutando de cada segundo en el que podíamos degustar el elixir de cada uno.
Mis brazos descansaban cómodos alrededor de su cuello, a diferencia de los suyos que me apretaban hacia sí por la espalda.
Mi sentido de la cordura volvió de a poco y me indicó que ya era momento de culminar ese perfecto beso. Así que con suma delicadeza fui separando mi boca de la suya.
Abrí mis ojos con lentitud asombrándome de ver que Adrien aun seguía con los suyos cerrados con una sonrisa de complacencia en su rostro.
Quise bajar mis brazos, pero no me lo permitió. Más bien me ciñó a él con fortaleza.
- - ¡Quédate así solo un momento más! – susurró en mi oído – Ansié demasiado este momento y se me hizo exquisitamente corto. Por favor, prolonga la perfección de ese instante, Ell.
Su ternura era máxima, siempre sabía que decir o que hacer para descolocarme. Llegó de forma inesperada, pero se hizo “a pulso” un lugar en mi existencia. Y realmente no creía poder estar bien si no lo tenía cerca.
- - Gracias. – dijo apartándose de mí – Aún no sé como lo haces, Ellen Cullen, pero cuando estoy contigo me siento vivo. Y justo ahora casi humano. Débil y a tu merced. Me tienes en tu poder.- sus facciones demostraban una gran pasividad: no parecía que estuviese admitiendo una debilidad; aunque así fuese.
Le sonreí con dulzura.
- - Eres especial, Adrien. A pesar de todo lo que soy y de lo que hago, me sigues buscando y siendo más encantador de lo que he llegado a merecer.
Él se colocó a mi lado sin dejar de verme ni un instante, tomó una de mis manos entre las suyas y depositó un casto beso en ella.
- - Te equivocas, Ell. Soy justo lo que mereces. Soy justo lo que mereces. No soy más, pero tampoco menos. Estamos hechos para estar juntos. Lo sé, lo presiento.
Apoyé mi cabeza en su hombro para liberarme de su mirada penetrante.
- - ¿No crees que es muy pronto para decir cosas como esas? – pregunté dubitativa. Adrien sabía de mis sentimientos por Thomas; estaba al tanto de que no eran como para reírse. Pero se sabía un buen luchador, que se fortalecía conforme pasaba más tiempo conmigo.
-
- Quizá. Pero sé que tengo la razón. – acotó con falsa petulancia – Le robé un poco de su presencia a Alice.
Me carcajeé ante su comentario.
- - Estás loco. No deberían dejarte salir por ahí en tu estado. Un vampiro demente es un gran peligro. – bromeé.
Me pasó un brazo por los hombros y me sujetó a su lado.
- - Tienes razón. Pero solo permitiré que me encierren si tú estás conmigo.
- - ¿Por qué? La demente no soy yo.
- - Pero eres “la causante” de mi locura, así que ese será tu castigo.
- - ¿No te haría mal estar conmigo entonces?
Negó con la cabeza, rozando mi coronilla al hacerlo.
- - No. – agregó como si no le importara nada – Total; hace bastante rato que perdí los estribos por ti. Y no creo ni quiero recuperarlos.
Retiré mi cabeza de su hombro para poder mirarlo a los ojos y buscar algún rastro de falsedad; pero todo lo que encontré fue, primero fascinación, y luego curiosidad.
Entrecerró un poco sus ojos antes de hablar.
- - Y tú, Ellen?
Lo vi aturdida.
- - ¿Y yo, qué?
- - ¿No te he hecho perder los estribos? – su voz era profunda y seductora. Anhelante y demandante a la vez.
Me mordí el labio inferior con nerviosismo.
- - ¿Y bien? – insistió abriendo un poco los ojos.
- - Sí, Adrien. Desde hace un buen rato que me los estás haciendo perder. – admití casi derrotada.
Negarlo era idiota, pero tampoco podía ignorar el sentimiento de culpa que estaba teniendo a causa de ”alguien”. No quería pensar siquiera en su nombre; el problema era que parecía que lo tuviese tatuado a un lado de mi cerebro.
Y creía además que en otro lado también; aunque ahora tuviese que compartir ese espacio con “alguien” más.
*****
- - ¡No puedo creer que se nos haya olvidado eso! – le comenté a Adrien en el carro - ¿Cómo se nos pudo olvidar comprar el pavo para mañana? ¡Osea es casi fin de año! – entorné los ojos con molesta incredulidad - ¡Vaya mente vampírica! Como se nota que todos andamos a nuestro aire.
Adrien iba manejando mi mustang y escuchando mis comentarios.
- - No te preocupes. Ya verás que conseguiremos encargar uno en Port Angeles con facilidad. Ese es un negocio muy rentable en estos días. – me sonrió con malicia – Suele haber muchos desmemoriados por estas fechas.
- - ¡Ja! Qué risa. – le espeté con fingido sarcasmo. Bueno…no del todo. – No sé qué clase de vampiros somos. – acoté divertida mientras tomaba mi celular para hacer una llamada.
Me incliné hacia el estéreo para bajarle el volumen a la música tecno que Adrien había colocado.
- - ¿Se te olvidó algo más? – bromeó guiñándome un ojo.
Le saqué la lengua.
- - No. Llamaré a Leah para confirmar su presencia para mañana. Si viene; de seguro lo hará con Andrew. ¡Ya quiero conocerlo! – dije emocionada mientras discaba su número en mi teléfono.
- - Hola, Ell. – saludó mi amiga al cuarto repique.
- - ¿Cómo estás, Lee?
- - Bien. Haciendo maletas. – escuché de fondo el roce de varias texturas. La mayoría era de telas.
- - ¿Te vas? – pregunté decepcionada.
- - Sí, Ell. Iba a pasar por tu casa dentro de un rato para avisarte que Andrew quiere que pasemos el fin de año juntos; preparó todo sin yo saberlo y no quise rechazarlo. Discúlpame, en serio. – ella nunca se encontraría en una fácil posición de negarle algo a su objeto de imprimación; y mucho menos siendo él tan encantador.
- - Vale, no te preocupes. Disfruta mucho y luego me cuentas. Tómense muchas fotos y luego me las enseñas.
- - Claro. – aceptó más relajada – Te llevaré un souvenir del lugar a donde vayamos.
Me reí.
- - Está bien. Por cierto ¿guardo algo de pavo para cuando vuelvas?
- - Eh…no. No sé cuánto tiempo estaré con Andrew y el pavo se puede descomponer. Además sé muy bien que Jacob y Seth son más que capaces de acabar con la comida sin ayuda de más nadie.
Lo pensé con detenimiento durante un segundo.
- - Sí, tienes razón. – y con respecto a la descomposición, puedo retrasar eso con mi ponzoña.
Adrien y yo nos carcajeamos con ganas.
- - ¡Puaj! ¡Ellen, ¡que asquerosa!
- - Disculpa. – dije sin un ápice de vergüenza – Esa es la mala influencia de Emmett.
- - Yo también pienso eso. – agregó divertida.
- - Bien. Te dejo para que termines de arreglar todo. Mucha suerte y que lo disfruten.
- - Gracias, Ellen. Que pases un feliz año nuevo.
- - Igualmente, Lee. Adiós. – terminé la llamada.
- - Esa amistad suya no deja de sorprenderme. – comentó Adrien con naturalidad, tomando una curva hacia la transversal de Port Angeles.
- - ¿No te agrada Leah? – pregunté recelosa.
Volteó perplejo y siguió conduciendo.
- - No me refería a eso, Ell. No tengo nada en contra de ella. Pero tienes que admitir que no es una cosa ordinaria el hecho de que una vampira y una metamorfa se lleven de las mil maravillosas.
Mis comisuras se tensaron en una sonrisa.
- - Pues sí. Pero no me puedo quejar, Leah ha sido una muy buena amiga. Además es la única que tengo. Con una humana no podría ser yo misma. En cambio con ella sí; al fin y al cabo las dos somos bichos raros.
Adrien arrugó la nariz.
- - Pero con una gran diferencia… – entorné la mirada adivinando lo que iba a decir - ¡El olor!
Contuve la risa queriendo parecer molesta.
Fracasé.
- - Reconócelo, Ellen. – me apremió entretenido con su propia broma.
Suspiré derrotada.
- - Pues sí. Pero prefiero eso a verla como mi próximo menú. ¡Eso sería horroroso!
Encogió los hombros restándole relevancia al asunto.
- - Supongo que tienes razón.
Y aceleró a todo lo que daba mi auto hacia el pueblo.
Cuando la puerta del garaje se abrió frente a nosotros para estacionar el mustang, pude notar que le Jeep de Emmett estaba aparcado a un lado del Vanquish de Edward. Me bajé súbitamente del auto para dirigirme a la casa.
Apenas había entrado al recibidor cuando mi descomunal hermano se materializó frente a mí.
- - ¡Peque! – vociferó y abrió sus brazos para tomarme en ellos y darme una brusca vuelta antes de ponerme en el suelo.
- - ¡Hola, Bestia! – dije a su oído – Bienvenido a casa.
Me separé de él.
- - Gracias. Me hiciste mucha falta, Ell. A Rose no le gusta luchar conmigo. – luego me guiñó un ojo con picardía – Al menos no….en forma de pelea.
Y rompió a carcajadas el muy descarado.
Lo miré con cara de incomodidad pero Em no se inmutó ni medio pelo.
- - ¡Eso es porque eres un salvaje! – agregó Rosalie viniendo desde el patio trasero.
Se veía tan despampanante como siempre, con una minifalda beige, una camisa holgada que se agarraba un poco más debajo de sus hombros, y que era al igual que sus tacones, de color negro.
Me solté de Emmett y fui a recibirla con un abrazo.
- - ¡Bienvenida, Rose! Espero que la hayan pasado bien.
- - Hola, Ellen. Gracias. Sí, disfrutamos bastante. Sobre todo él. – dijo con un asentimiento el dirección a su esposo. – Las Bermudas fueron para Emmett. Lo que una confitería para un niño con su domingo.
Me carcajeé.
- - No lo pongo en duda. – volteé a ver a mi hermano mayor - ¿Nadaste con tiburones?
- Una macabra sonrisa apareció en su cara.
- - No. Mejor que eso. Los perseguía hasta que se ponían furiosos y me atacaban. – suspiró como si se refiriese a una experiencia metafísica. – Es algo que debemos de intentar todos al menos una sola vez en la vida.
Entorné los ojos.
- - Paso. Esos “intentos” te los dejo a ti.
- - ¡Gallina! – me provocó divertido.
- - Quizá. O a lo mejor es que soy “normal”. – entrecomillé la palabra con mis dedos.
Los tres nos reímos displicentes.
Escuché que Adrien pasaba con los paquetes a la cocina y luego se reunió con nosotros.
- - Lo lamento. Debí haberte ayudado. – le dije.
Él negó con la cabeza antes de hablar.
- - No. Tranquila. – luego se dirigió a la pareja de vampiros que teníamos en frente – Hola, Emmett. Hola, Rosalie. Espero que hayan disfrutado de su viaje.
- - Nos fue de maravilla, Adrien. – respondió mi hermana con impecable educación y calidez – Gracias por preguntar.
- - ¡Hey! – lo saludó Em a su forma y manera - ¿Cómo has estado? ¿Saliste a dar un paseo?
- Adrien volvió a negarlo.
- - No. Salí con Ellen a encargar el pavo para la cena de mañana.
Todo amago de sonrisa en el rostro de Emmett desapareció.
- - ¿Solo fueron a eso? Preguntó sobreprotector.
- - ¡Claro que sí! – me adelanté a responder. Actuaba como un asesino al que atrapaban con las manos llenas de sangre, y que las esconde en su espalda para decir “yo no fui quien lo mató”, antes de que alguien le preguntase algo.
Definitivamente no sabía disimular la culpa.
Em se relajó un poco.
- - Ah. Está bien.
- - Y si fueron a pasear juntos también está bien. – le dijo Rose entre dientes y abriendo los ojos desmesuradamente indicándoles su indiscreción.
- En ese momento unos pasos irrumpieron en el recibidor y se escuchó un grito.
- - ¡Tío Emmett, llegaste! – Reneesme sonreía cual ángel. Venía escoltada con Bella y Edward.
Saltó encima de él; casi igual a como lo había hecho yo; y se quedó guindada a su cuello.
Emmett la besó y luego le dio una violenta vuelta a su alrededor, por lo cual la niña se carcajeó de manera musical.
Luego la puso en el suelo y vi como Rosalie la tomaba entre sus brazos. El brillo de sus ojos no era común cada vez que miraba a Reneesme. Parecía como si la niña tuviese en su ser, alguna parte de mi deslumbrante hermana.
- - Te eché muchísimo de menos. – le dijo a la niña mientras la estrechaba.
- - Y yo a ti tía Rose. ¡Qué bueno que ya estás aquí!
- - ¿Quieres subir a ver lo que te traje de regalo?
- - ¡Sí! – chilló mi sobrina.
Y ambas salieron en volandas hacia la parte superior de la casa.
- - Por cierto, Edward…- dijo Emmett a lo que el encantador par se retiró – nos topamos con Charlie de camino para acá. Dijo que lo llamaran para confirmar la hora de llegada para mañana.
Edward asintió algo turbado.
En ese momento y sin querer hacerlo, mis habilidades se pusieron en conexión con las de él y más me valió no haber escuchado nada…
Mi hermano recordó tanto su nerviosismo como el de Bella con respecto a mi encuentro con Charlie. Ellos habían decidido que él no pisaría la casa durante unos cuantos meses; mientras yo me habituaba y dejaba de ser una amenaza para él.
Jadeé sin aire y me tambaleé hacia atrás de la impresión de las imágenes. Tenía un ardor sin precedentes en los ojos y un dolor en medio de mi inerte pecho.
Vi a Bella decepcionada. ¿Por qué de entre todos…ella? Le había dado mi confianza por encima de cualquiera. Incluso por encima de Emmett. ¿y que era lo que había recibido a cambio?
Esto…
Una sospecha de recién nacida asesina y desquiciada.
Edward me miró con sorpresa y vergüenza a la vez. Bella a su vez nos vio a ambos con detenimiento y se llevó las manos a la boca con horror cuando entendió lo que estaba a punto de pasar.
- - ¡Ellen yo no…! – dijo mi hermano avergonzado.
- - ¡No te quiero escuchar! – dije retrocediendo hacia la escalera.
Emmett y Adrien se pusieron en guardia en seguida pero no comprendían nada.
- - ¿Se puede saber qué demonios está pasando? – casi bramó Em furioso y preocupado.
- - Sí, gracias. – agregó Adrien en un tono más suave.
- - Yo te lo aclaro – dije en un tono mordaz al pie de las escaleras – Lo que ocurre es que soy una amenaza en potencia. Una posible “asesina”. Algo indigno de confianza. – me afinqué en el último comentario.
Bella dio un paso al frente con las manos extendidas al frente en un fútil intento de explicarse.
- - ¡Por Dios Ellen, no digas eso! Las cosas no fueron como tú crees. Deja que te explique…
- - ¡No! – dije alejándome más de todos ellos – No te quiero cerca de mí. Y puedes estar tranquila porque yo no lo estaré de ti.
Durante una milésima de segundo vi en lo ojos de mi hermana el daño que mis palabras le había hecho. Pero en ese momento yo también estaba como una fiera herida, así que me largué hacia mi habitación.
Cerré la puerta de la entrada con pestillo; aunque eso no detendría siquiera a Reneesme si se proponían entrar a la fuerza. Me adentré en el baño y me aovillé frente al ventanal abrazándome las piernas.
- - ¡¿Qué diablos le dijeron a Ellen?! – Emmett estaba furioso.
Podía visualizarlo a través del maldito don de mi Edward que no se terminada de desligar de mí.
- - Ella leyó en mis pensamientos la preocupación de Bella y mía por el encuentro con Charlie. – luego dijo en dirección a mí – Sé que debimos hablarlo contigo antes, Ellen. Lo siento mucho.
- - Quien tiene que pedir disculpa soy yo, Edward. La idea fue mía. – agregó ella con pena en su mirada.
- - ¡Qué hipócritas! – bramó Emmett. Edward siseó por lo bajo – ¡Sí, lo son! ¿Por qué todos le dimos un voto de confianza a Isabella y no a Ellen? ¿Qué las hace diferentes? Ambas se mostraron controladas desde sus inicios. No es justo lo que le hicieron. Ella no merecía un trato así de parte de nadie. – el pecho de mi defensor subía y bajaba con rapidez indicando lo furioso que estaba - ¿Acaso no pensaron que en algún momento podía pasar esto que acaba de ocurrir, con todas las habilidades que tiene?
Adrien por su parte los miraba entre molesto y consternado.
Harta de verlos, luché contra “mi don” hasta que logré zafarme de él.
La decepción no mermaba con el pasar de los minutos. Muy por el contrario. Crecía y crecía.
Escuché una carrera hacia mi puerta, y luego unos nudillos golpeándola.
- - Ellen, cielo. ¿Quieres abrirme? – se escuchaba seriamente preocupado.
- - No. – susurré. Sabía que él podía oírme con claridad – No quiero hablar ni ver a nadie.
- - Lo entiendo. – dicho esto lo escuché tomar asiento en el primer peldaño más cercano a mi entrada.
Tres pares de pisadas llegaron a mi puerta después de él.
- - Ellen, abre un momento. Necesitamos hablar.
- - Creo que fui bien clara al decir que no quería que te me acercaras; Isabella. – espeté molesta sin siquiera virar la vista de la ventana. Era la primera vez que la llamaba por el nombre completo de pila que ella tanto detestaba.
- <<Ellen. La responsabilidad de este embrollo es mía; no de Bella. Discúlpala a ella, por lo menos.>> - Edward había invadido mi mente con su don de nuevo.
Pero yo le contesté en voz alta y clara.
- - No me importa si fuiste tú o si fue ella. Solo sé que no quiero ver ni escuchar una sola palabra más. Déjenme sola de una condenada vez.
- - Bajen. – les ordenó Emmett – Ella no quiere escuchar a nadie y tampoco creo que ninguno pueda decirle algo que la tranquilice ahora. Ni disculpas, ni palabras de apoyo la van a calmar. Démosle su espacio para que se tranquilice.
Todos los presentes asintieron y se fueron alejando excepto Adrien que permaneció en el mismo sitio que había tomado desde hacía unos momentos atrás.
- - ¿Por qué no nos acompañas abajo? – le preguntó Emmett con aparente cortesía.
- - Quiero espero esperar a ver que se sienta mejor. Puedes estar seguro que no voy a importunarla.- se explicó Adrien con sinceridad. De ser porque estaba tan descompuesta habría salido allí mismo y me hubiese quedado bajo su presencia que me hacía tanto bien. Mi ángel guardián.
Sí. Eso era. Y poco importaba si consideraban a nuestra naturaleza una aberración o que fuésemos criaturas de las tinieblas bebedoras de sangre. Él era diferente.
- - Te agradezco tu preocupación por Ellen; pero me gustaría hablar contigo un momento; si no te molesta. – agregó mi hermano.
Adrien se puso de pie.
- - Está bien. Hablemos. – dijo en tono seguro.
Eso solo sirvió para atribularme más de lo que estaba. ¿De qué quería hablar Emmett con Adrien? Si este le decía lo que había pasado últimamente ¿Con qué ojos vería “lo que sea” que fuese que teníamos él y yo?
No pensaba ni quería moverme de aquel lugar en el que estaba, pero la ansiedad por aquella “conversación” me comenzó a consumir la poca cordura que me quedaba.
Aún tenía el don de Edward y luchaba por mantenerlo, él se percató de eso y entonces prorrumpió en mi mente una oleada de palabras.
- - Ellen. Sé que me escuchas. Por favor, discúlpame. O siquiera a Bella. Ella lo está pasando mal…
- - Te dije que no quiero escucharte, Edward. Dijeron suficiente por hoy. – sentencié.
Mientras hablaba busqué desesperada el escudo de Bella. No quería que nadie supiera que iba a escuchar la conversación de Emmett y Adrien, quienes por cierto ya habían salido de la casa en dirección al bosque.
Me comenzaba a doler la cabeza por el esfuerzo que estaba haciendo.
No podía entender este estúpido don. Cuando no quería usarlo, se conectaba hasta con la señal del móvil; pero si necesitaba usarlo , me costaba un mundo hacer empleo de él.
Por fin logré extender el escudo de Bella hasta quedar detrás de él, y ya tenía en mí las habilidades de Edward. Ahora necesitaba hallar a mi otro hermano y a mi… a Adrien.
Catorce kilómetros al noroeste hallé los pensamientos que precisaba.
- - …Bien. Quiero saber todo lo que pasa entre Ellen y tú. – demandó Emmett con firmeza.
Causándome un poco de molestia. Su sobreprotección ya estaba llegando a niveles insospechados.
Adrien permanecía recostado a un gran abeto con el ceño fruncido.
Sentí un presión en el pecho; no necesariamente desagradable.
- - ¡La conoces hace apenas unos días! – interrumpió mi hermano exasperado.
Adrien ni se inmutó por su reacción.
- - ¿Acaso dije que fuese racional lo que siento por ella? Pues no, Emmett. Me he estado cuestionando a mí mismo día tras día, para tratar de entender lo que me ha pasado con Ellen, pero la verdad es que desde que la vi por primera vez sentí una atracción muy fuerte. Y con el pasar del tiempo, solo se ha intensificado.
- - Ella no te soportaba. – dijo En con tono sombrío. Como tratando de herir el orgullo de quién se había convertido en un ángel guardián para mí.
Adrien rió de manera seca.
- - ¿Y tú crees que yo no lo sé? Ya hemos hablado de todo eso. Pero paso a paso me la he ido ganando. Me estoy esforzando en demostrarle quien puedo ser para ella. Quiero a tu hermana, Cullen. De verdad que la quiero.
La actitud altanera de Emmett fue reemplazada por nostalgia y tristeza.
- - La vas a apartar de nosotros. ¿cierto?
El increpado se separó por primera vez del árbol con exasperada incredulidad.
- - ¿Acaso estás demente? Si yo separo a Ellen de su familia. Y específicamente de ti, la haría infeliz. Y eso es lo último que deseo. La quiero conmigo, sí. Pero no a costa de su felicidad. Todos ustedes significan mucho para ella. Por eso jamás haría algo como eso de lo que me quieres acusar.
- - ¿estás hablando en serio, Adrien? – agregó mi hermano con la esperanza brillando al final de su mirada.
El dolor de cabeza comenzaba a ser casi insoportable. Aún así; decidí aguantar un poco más.
- - Estoy hablando más en serio que nunca, Emmett. – le puso una mano en el hombro – No tengo motivos para mentirte. Ni a ti ni a nadie. – luego la bajó.
Mi sobreprotector hermano se relajó y mostró un amago de sonrisa. Del mismo tipo cuando está conteniéndola por algo.
- - En ese caso; te deseo que tengas suerte con Ellen. Espero que la cuides. Si no…me tendrás que responder a mí. Y júralo que no titubearé a la hora de despedazarte y prenderte como una antorcha si le haces daño.
Ambos se rieron a carcajadas.
- - Cuento con eso si me vuelvo un patán. – agregó Adrien. Luego su sonrisa se apagó y en su lugar quedó una línea fina de labios que mostraban recelo – yo la protegeré, Cullen. Incluso de ese imbécil que la acecha…
- - ¿Cómo sabes tú de eso? – preguntó Emmett sombrío de nuevo.
Mis nervios se dispararon y con ellos el dolor de cabeza.
- - Porque el muy bastardo volvió. Aunque parece que no le agradó demasiado verme con Ellen. Se largó y hasta el momento no ha aparecido.
Emmett apretó los puños y entrecerró los ojos con rabia.
- - Ese maldito…lo voy a encontrar y lo voy a matar. Lenta y dolorosamente. Pero primero le pediré muchas explicaciones. Luego se pudrirá en lo más profundo del infierno.
- - Te ayudaré con eso. – agregó Adrien tan sombrío como Emmett. Jamás había visto esa faceta de él. – no lo quiero cerca de ella.
- - ¿Celos?
- - Sí. Por supuesto que sí. Pero además no quiero que le haga daño.
Mi hermano sonrió y le puso una mano en el hombro.
- - Entonces cuento contigo para…
Y allí se rompieron mis conexiones. Me agarré la cabeza con fuerza intentando soportar el dolor de cabeza.
Jadeaba con la cara recostada del frio piso del baño. Y con la mente trabajando a mil por hora.
Adrien no me había echado de cabeza con Emmett con respecto a que fui yo quien busqué a Thomas. A su vez, logró hacerse de su aceptación para andar conmigo.
Pero todo eso me preocupaba lo que no había alcanzado a escuchar ¿qué tramarían ambos contra Thomas?
¿Alguna estrategia para aniquilarlo? Seguramente.
*****
- - ¡Leva hora encerrada allá arriba, Alice! ¡horas! – bramó Emmett - ¡Déjame pasar!
Mi menuda hermana permaneció inmóvil atravesada en el umbral de mi habitación.
- - Déjala en paz. Necesita pensar a solas.
- - ¡necesita hablar con alguien! ¡Quítate para que tumbe esa maldita puerta!
- - No. – repuso ella firmemente.
- - ¡Basta! – dije abriendo la puerta de golpe – no me encerraré más. Pero no quiero ver a nadie, Emmett. Respeta eso, por favor.
Vi varios pares de ojos mirándome de diversas maneras.
Emmett; entre preocupado y molesto.
Adrien, turbado y deslumbrado.
Alice, curiosa y comprensiva.
Y Jasper que estaba detrás de Emmett, imaginé para que no permitir que tocara a Alice, lo hacía con confusión.
- - He dicho. – sentencié y cerré la puerta detrás de mí.
Saqué el Ipod de mi mesita de noche y me tiré en mi cama.
Deseé con todas mis fuerzas ser humana. Poder dormir un poco y sentirme mejor al despertar, pero parte de ser vampira era lidiar con todas las ventajas y defectos de esta existencia inmortal.
Y uno de esos defectos era no poder soñar…
****
Me aletargué durante un espacio de tiempo inconmensurable, gracias a lo alto del volumen de mi dispositivo pude sumirse en cierto espacio de relajamiento. Me obligué a dejar fuera de mis pensamientos todo lo que me tenía deprimida y gozar de unos momentos de paz. Me sumergí en los sonidos del bien, el agua y arrullo de los pájaros además de la suave melodía de fondo de las pistas de la carpeta que se titulaba “RELAX” en el Ipod.
Papá se materializó frente a mis ojos con facciones indescifrables.
Me quité los audífonos de los oídos con premura. Él no solía actuar así; siempre llamaba a mi puerta antes de entrar.
- - Papá. – musité impresionada. - ¿Qué ocurre?
- - Eso mismo pregunto yo, Ellen. ¿Qué te ocurre?
Bajé la mirada a mis manos.
- - Nada.
- - ¿No me lo quieres decir? – seguía serio e impertérrito. – ¿Qué es tan grave como para que no quieras conversar siquiera conmigo?
- - No tiene importancia. – le dije y me acosté de nuevo pero esta vez dándole la espalda.
Lo sentí sentarse detrás de mí en la cama.
- - ¿Por qué no dejas que eso lo juzgue yo?
Respiré profundo.
- - No me voy a ir, Ellen. Una vez me dijiste que me dejarías cumplir el rol de padre contigo y eso no excluye mis preocupaciones por tu estado de ánimo. ¿O es que ya no quieres que siga cumpliendo ese papel?
Me dejó en una sola pieza. Jamás, pero jamás me he imaginado a otro padre mejor que él. No al menos desde que desperté en esta vida. Era más de lo que yo podía haber llegado a merecer, tanto él como Esme.
Volteé a verlo a los ojos.
- - No. Nunca he dicho tal cosa.
Él sonrió solo un poco.
- - Ya lo sé. Solo que quería ver tu reacción. ¿Ya me dirás que te pasa?
- - Eres un tramposo. – me impulsé en las manos y me senté a su lado y coloqué mi cabeza en su hombro.
- - Eso también lo sé. ¿y bien?
Me di por vencida.
- - No tuve un buen día. Eso es todo.
- - Ajá. Y yo tengo un año de recién convertido. Habla de una vez, Ellen Nicole. No por partes. ¿qué te tiene así de deprimida? Yo lo sé porque me lo dijeron, pero quiero que me lo digas tú con tus propias palabras.
- - Ah…si ya te lo dijeron los demás…
- - ¿Te cuesta mucho decirme que te sientes traicionada? ¿Qué te sientes decepcionada? ¿Por qué? No te vas a debilitar por eso, hija.
- - No es eso. – me removí sin quitar la cabeza de su hombro – Es que..no me siento cómoda siendo una quejicas. Es algo que pasó y ya.
- - ¿Si pasó y ya, por qué sigues encerrada aquí?
Me quedé en silencio. No tenía una respuesta para eso.
- - Enfrenta lo que sientes, Ellen. No puedes evadirlo con solo decir que ya pasó, cariño. – podía aplicar esa enseñanza a otros ámbitos y situaciones de mi vida. De eso estaba segura.
Seguí sin apartarme de su lado. Así me sería más fácil hablar. Sabía que era una cobarde, pero en ese momento era mejor actuar así. O al menos de eso me convencí.
- - De todas las personas en quien más confié fue en Bella. Me siento decepcionada. No creí que alguien de la casa me considerara una amenaza. Aunque después de pensar durante tanto tiempo, he llegado a la conclusión de que ella tiene razón. Apenas tengo unos mese de vida. Así que sí soy un factor de riesgo.
- - ¿Eso crees?
- - Si.
- - Pues te equivocas. ¿Sabías que solo una en esta casa ha sido tan controlada como tú?
Asentí.
- - Bella.
- - Cierto. Y ¿Por qué crees que te llevabas tan bien con ella?
- - Porque teníamos muchas cosas en común.
- - ¿Y qué hubieses hecho tu de haber sido tu padre el humano y ella la recién conversa?
Y entonces lo entendí a la perfección. De seguro yo hubiese hecho lo mismo que Isabella. Pero mi padre no me dejó pensar mucho pues continuó con su análisis…
- - Imagina que tu padre es lo único que te une a la humanidad perdida. Que es lo más frágil que tienes y que sabes que no durará mucho. Solo el tiempo que tu lo puedas cuidar y quizás menos.
El ardor en mis ojos y mi respiración corta un poco agitada me dijo que había sido injusta con mi hermana al no haberle dado ni siquiera la oportunidad de explicarse.
- - Soy un ser horrible ¿cierto?
Carlisle se volteó y tomó mi rostro entre sus manos para verme fijamente a los ojos.
- - Si ser compasiva, hermosa y sensible es ser horrible. – me guiñó un ojo – Pues lo eres.
- - No fui compasiva ni con Bella ni con Edward. No los escuché aunque trataron de explicarme las cosas. Así que…difiero de eso que me dices.
Papá me sonrió tan comprensivo como siempre.
- - Yo no dije que fueses perfecta, puedes cometer errores. Así como ella también lo hizo al ocultarte eso. Así que creo que deberían hablar las dos. Ambas se deben una disculpa. – me abrazó como si fuese una niña y me besó en la coronilla.
- - Siempre sabes que decirme para hacerme sentir mejor. Creo que ese es tu don. Ser el mejor de los padres. – me acurruqué en su pecho. Más feliz que nunca de pertenecer a esa familia. No era perfecta pero ¿quién lo es?
- - Sí. Sé que soy el mejor de todos los padres vampiros. – dijo en broma. – no hay quien me iguale.
Ambos nos reímos con ganas.
- - Lo sé. – le agregué.
- - No es cierto, hago lo que puedo. – me alejó de él – Así que ponte en pie que hay cosas que hacer para mañana. ¿Te parece? Y aun tienes una conversación que entablar antes de que finalice el año.
Se puso en pie y me invitó a salir del cuarto.
Bajamos y tanto Emmett como Adrien nos esperaban al pie de la escalera con cara de tranquilidad. Por supuesto, habían estado escuchando desde allí mismo.
El primero me sonrió con ternura y el segundo me abrió los brazos. Caminé hacia él y lo abracé por la cintura.
- - Me alegro de que ya estés mejor, cielo.
- - Y yo me alegro de tener un ángel guardián que me cuide hasta el fin de los tiempos. – dije abrigándome en su abrazo.
- - ¿Fin? Nuestra existencia no conoce esas palabras, Ellen. Así que yo te protegeré más allá del fin, mi pequeño resplandor.
Esas palabras me hicieron estremecer de una manera tan agradable y tan desconocida que me aferré a ellas con la esperanza de conservar a Adrien para siempre en mi vida. O lo que fuera este vivir sin fin.
No pude…de verdad que no pude acabar con esto así…solo espero que Gabriela no me odie (mas adelante vendrá tu recompensa)..Que Ángel me odie menos..y que Vanessa me siga queriendo..ahahaha. los quiero y disculpen la tardanza..en serio…
Aunque esto ya forma parte de cada publicación…XD
solo dire que las estrellitas que salen con el cursos son bonitas
ResponderEliminarAmi no me hagas esto, “FIN”, de la historia?, noooooooooo, cuando termine entendí, era solo el titulo (suspire), como me podías dejar del trato de emmett con ellen, de la historia de ellen con thomas, la relación con adrian, la amistad de leah, en fin todo. Gracias por estas historias, disculpa el abandono.Besos
ResponderEliminarExitos